sábado, enero 31, 2009

Profetas del sentido común y liviandades varias

Publicado en "Diario Menorca" dia 31 de enero

23-I-09
Nada mejor para un aterrizaje suave en la realidad isleña después de unas vacaciones que encontrarse en Es Diari con dos páginas repletas de opiniones de Emili de Balanzó, profeta del sentido común y menorquín converso desde hace cuarenta años. Precisamente porque es uno más de nosotros, nos tira de las orejas cargado de razones, ya que es cierto que, en general, nunca hemos acabado de creer en el turismo, o como máximo, hemos pensado que es como las golondrinas, que inevitablemente vendrán en mayo. Y no es así, desgraciadamente.
Y de nuevo el buen cine al rescate: Kate Winslet está inmensa en “Revolutionary Road” hasta el punto de borrar de la pantalla al eficaz y en algún momento brillante Leonardo Di Caprio. La película es notable y la actriz inglesa (pequeño pero no insignificante detalle) parece galopar en sus lomos hacia el Oscar.

24-I-09
El asunto del presunto espionaje en la Comunidad de Madrid es tan esperpéntico, como la propia deriva de un proceso autonómico desnortado, pero peor es aún la sensación de descomposición que da el principal partido de la oposición, enviscado en luchas intestinas por el poder, cuando lo que necesita el país es una oposición de centroderecha solvente y fiable que haga frente, con iniciativas creíbles, a los insólitos vaivenes del gobierno Zapatero. Que Jehová nos ampare.
Y que ampare también a Barack Obama en quien muchos han visto la reencarnación misma del Mesías que va a cambiar la faz de la tierra sin tener en cuenta que por ahora no es más que un político joven y, por tanto, inexperto en labores ejecutivas, mucho más aún en situaciones tan críticas como lo actual, y que, al fin y al cabo es el presidente de un país muy suyo, con una clara conciencia de ser el ombligo del mundo, y cuya prioridad lógica y natural va a ser que continúe siéndolo. El que haya levantado tantas expectativas se explica por el estado de ansiedad y estupor en el que se encuentra el mundo, en plena crisis económica, ideológica, social, geoestratégica, medioambiental, energética, etc, etc, después del apogeo (y apocalipsis) del discurso puramente economicista.
La agenda de Obama pondrá a prueba su loado talento político. De momento la música suena bien, quizá porque venimos del estruendo neocon en el que las malas vibraciones han roto casi todas las vajillas. Lo dicho: que Jehová, Alá y Dios conciten en el nuevo presidente norteamericano sus mejores afanes. Y por sus obras, que no por sus discursos, le conoceréis…

25-I-08
Recibo un post en mi blog (“Estampas patagónico-bonaerenses”) que transcribo sin comentarios y omitiendo su firma o pseudónimo:
Y luego, cuando estamos en vuestra casa, se nos despega de todo nuestro bagaje de personas y de pueblo maravilloso (como todos) y dejamos de ser para convertirnos en un puto inmigrante al que hay que menorquinizar a golpe de idò.
Visito a mis dos tíos nonagenarios: a uno lo veo lúcido y sonriente, atento y aún con curiosidad por el mundo. La otra está angustiada y dolorida, triste. Trato de ver el futuro, mi propio futuro a su través, cual mágica bola de cristal, pero mi cerebro ejecutivo se niega a cumplir las órdenes: “Es domingo, ve a tomar un vino y a ver al Menorca Basket”, me dice, y obedezco.
Por cierto, aplaudo las cartas aparecidas hoy en Es Diari sobre nuestro equipo de baloncesto, que me sigue pareciendo un milagro aunque juegue mal y pierda (transitoriamente, espero). Sólo la unidad del Pabellón puede hacer que continúe el prodigio que siempre soñé para el fútbol isleño y que ya no creo llegar a ver. El dilema entre sueños y realidad, deseos y posibilidades, también es el de “Revolutionary Road”. Si se resuelve mal, la frustración está servida.

26-I-08
Extraordinaria entrevista en Es Diari (Premi Andrés Casasnovas 2009) de Antonio Olives Camps a Sanja Saracevic, ciudadana bosnia de la antigua Yugoeslavia que pudo escapar a tiempo de la guerra fratricida que asoló y desmembró un país en el que ella creía, mientras Europa miraba hacia otro lado.
Sanja reflexiona con envidiable lucidez y serenidad sobre la naturaleza humana, sobre los sueños de unos convertidos en pesadilla para otros, y termina con un alegato impecable: “Tenemos un don maravilloso, el de hablar. La palabra tendría que ser la única arma utilizada y la única solución en cualquier conflicto. No existen fórmulas mágicas, pero podría ser un buen camino: hablar, hablar y hablar, el tiempo que fuera necesario y con quien hiciera falta, hasta encontrar un punto donde podamos convivir.”

27-I-09
Zapatero demostró anoche cintura dialéctica, excepto en la cuestión de las armas vendidas a Israel en la que anduvo groggy. Otra cosa es la coherencia y consistencia de su discurso, puestas a prueba cuando negó con desparpajo sus frivolidades electoralistas del pleno empleo, que sí había prometido, y su fanfarroneo sobre nuestra economía de champions league. Liviandad en estado puro.

28-I-09
El Tribunal Supremo de nuestro país ha dictaminado que no ha lugar a la objeción de conciencia en la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Clarificado este aspecto, es la hora del acatamiento, la generosidad y el sentido de Estado: abandonar posturas maximalistas y acordar unos mínimos comunes que se mantengan fieles a las recomendaciones de los intelectuales que sentaron sus bases, que funcione la inspección educativa para evitar desviaciones torticeras, y que todos, en fin, nos eduquemos cívicamente.

miércoles, enero 28, 2009

La época "obámica"

Resumen de la exposición en la tertulia del Ateneo de Mahón el 27-I-09

El porqué de las inusitadas expectativas que ha suscitado la elección de Barack Hussein Obama como presidente de E.E U.U debe buscarse en la creciente perplejidad de un mundo que se había dejado llevar por la ola de la euforia hiperconsumista de culto al dinero fácil, de gratificación individual inmediata, y que de pronto se encuentra que todo era un montaje de cartón piedra contra el que se ha dado un formidable batacazo que le ha dejado en estado pre-comatoso. Obama aparece en los tiempos del estupor cósmico, acrecentado por la crisis definitiva de las ideologías, que primero vieron como los socialdemócratas (Felipe González, Tony Blair, Bill Clinton) se hacían liberales y, en los últimos meses, como los profetas de la intervención mínima del Estado llamaban, con la ceniza del arrepentimiento en la frente, a las puertas de la intervención pública.
Obama que, de momento, no es más que un joven político al que habrá que juzgar por sus obras y no por sus palabras (por bien que suenen en un principio), se enfrenta a una profunda crisis que no sólo es económica, sino ideológica, social (la brecha ricos-pobres es enorme en todo el mundo pero escalofriante en su país), energético-medioambiental (calentamiento global, agotamiento combustibles fósiles) y geoestratégica (Iraq, Palestina, Irán, Cuba). También debe redefinir el papel de E.E U.U en el mundo tras el cúmulo de platos rotos tras la larga bronca neocon y la creciente fuerza de las potencias emergentes (China, India, Irán).
Tras la gran demostración de unidad, patriotismo, generosidad con el adversario político y capacidad de reinventarse a sí mismos que han dado los americanos en estas elecciones, Obama tiene un reto fundamental que puede orientar la política mundial en el nuevo siglo: Lograr un equilibrio correcto entre Estado y mercado, entre la acción colectiva a escala nacional y global, entre la acción gubernamental y no gubernamental, tras la caída de los mitos neoliberales de esa mano invisible que nadie ve por ningún lado, el de la desregulación de los flujos financieros, el de que todo gobierno grande es intrínsecamente perverso, y el del respeto reverencial por el déficit público, al que no hay que tener miedo en aumentar, por lo menos en tiempos de crisis según el gurú actual, el neo-keynessiano Paul Krugman.
Apunta bien Obama en la crisis energética y medioambiental con sus recientes propuestas sobre limitación en la emisión de gases y consumo energético y en cuanto a la crisis social, especialmente aguda en su país, la piedra de toque van a ser las medidas de protección a los desempleados y fundamentalmente los pasos que se den hacia la ineludible cobertura sanitaria universal, proyecto en el que ya se estrelló Hillary Clinton durante la administración de su marido, por la incontenible presión de los poderosos loobbies de las clínicas privadas.
No va a ser menos complicado meter la cuchara en la crisis geoestratégica: seguramente dará pasos para desbloquear Cuba, pero lo fundamental es recuperar la confianza del mundo musulmán o, cuando menos, disminuir su inquina tras los desastres de Iraq y Palestina. De aquél tendrá que salir más pronto que tarde y las decisiones que tome con respecto a Israel pondrán a prueba su fibra. No es nada fácil ponerle coto a la influencia del lobby judío en el entorno de Washington, pero Obama no puede permitir ni el hostigamiento terrorista de Hamás ni las desmesuradas respuestas israelíes. Tampoco le queda otra opción que hablar con Irán.
Obama, en fin, tiene otras similitudes con el Roosevelt del “Grand Deal” y es su pasión por los medios. Si aquél inauguró las reuniones con periodistas y las emisiones radiofónicas desde la Casa Blanca, Obama es una adelantado de Internet y de la comunicación con los ciudadanos, y también va a cambiar la percepción que tenemos del poder.
En resumen y desde un pesimismo que pretende ser lúcido, aquel que por no esperar grandes mejoras se conforma con pequeños avances, uno se contentaría con que Obama propiciara el poder moderador del Estado, primara el discurso político sobre el económico y la diplomacia y el multilateralismo en política exterior. No sería mal bagaje, tal como están las cosas.


sábado, enero 24, 2009

Apuntes patagónico-bonaerenses

Publicado "Diario Menorca" el sábado 24 Enero
¿Por qué irse a la Patagonia para celebrar el doble evento de un par de amigos, tan poco relevante como cumplir determinado número de años? Esto me lo planteo ahora, después de un viaje de quince días por tierras argentinas y chilenas, hasta la extremosidad de pisar el mítico Cabo de Hornos bajo un viento que haría palidecer a cualquier mitómano de nuestra identitaria tramontana. Dejé constancia de ello en el libro de firmas del Faro con un texto más o menos así: “En Menorca sopla la tramontana, aquí aúlla el viento”. Pero el texto relevante es el de la poetisa Sara Vial que acompaña al monumento al albatros en aquella remota e inhóspita isla, en homenaje a los hombres de mar que perdieron su vida en el cruce del Cabo de Hornos:

Soy el albatros que te espera al fin del mundo.
Soy el alma olvidada de los marinos
muertos que cruzaron el Cabo de Hornos
desde todos los mares de la tierra.
Pero ellos no murieron en las furiosas olas.
Hoy vuelan en mis alas, hacia la eternidad, en la última
grieta de los vientos antárticos.

Pero suelo disfrutar más de los viajes una vez realizados, ya en la confortable seguridad del hogar, bajo la atenta mirada de mis perros (tan importantes en este periplo, como se verá más adelante), revisando apuntes, lecturas y fotografías, por este orden. Es entonces cuando paladeas verdaderamente las peculiares experiencias vividas, las risas compartidas, los suntuosos paisajes contemplados, las delicias gastronómicas autóctonas, sin el incordio de las molestias inherentes a tan largo desplazamiento (a determinadas edades, cualquier ausencia de casa superior a una semana es una temeridad: me he prometido a mí mismo que será la última, aunque no me hago mucho caso).

¿Por qué insisto, por otro lado, en ir, volver a Argentina? He pensado sobre ello pero creo que vuelvo por su música. Y lo escribo en cursiva porque no me refiero exclusivamente al inefable tango y a las melancólicas milongas, que escuchamos de nuevo en nuestra última noche bonaerense (Librería Clásica y Moderna, Callao 892), sino a la musicalidad de las voces de la calle, las hermosas palabras que nosotros hemos perdido ( “se enojó” en lugar del catastrófico “cabrearse”, “ me sentí liviano”…). Ellos siguen hablando increíblemente bien el castellano, y saben articular un discurso coherente sobre fútbol o política (mis pasiones), en lugar de endosarte la consabida jaculatoria apocalíptica o el lenguaje balbuciente (“guay”, “super” “flipar”,etc) que se estila por aquí.

Pero eso no es todo, están sus increíbles y lujuriosas librerías (¡Ay, el Ateno Grand Esplendid, tan cerca de la Librería Clásica y Moderna, en el cruce con Santa Fe!), y las de la calle Corrientes, abiertas hasta la madrugada , sus innumerables teatros en la misma calle (la indisposición de Nacha Guevara nos impidió ver “Evita”, pero nos conformamos con Yasmina Reza y sus “Conservaciones después de un entierro” que, aunque lejos de la chispa de su aclamada “Arte”, no carece de fina ironía con su planteamiento de las concomitancias entre Eros y Tánatos), sus tanguerías (especialmente recomendable “El Querantí”), la desmesura de sus avenidas, los incomparables helados de “Fredo”, los “limoncelos” de “La Biela”, los dulces de leche, los alfajores…

Pero de todo eso ya escribí hace tres años en estas mismas páginas. Vayamos a la Patagonia, a Tierra del Fuego, sus vientos estremecedores, su agreste paisaje, su variopinta fauna, desde el inocente guanaco (llama andina) a los majestuosos pero inquietantes cóndores, siempre al acecho, los más simpáticos cormoranes en las escarpadas laderas de los fiordos, la misteriosa y sibilina presencia ( virtual en nuestro caso, no hubo suerte) del puma. Y qué decir de su peculiar flora, con bosques de lengas y guindos, auténticos árboles barbudos (barbas de viejo, así llaman a una especie de limo grisáceo que se adhiere a sus troncos), que ostentan unas extrañas colgaduras chinas que, al igual que unas abollonaduras ( pan de indio), son en realidad parásitos que diezman sus bosques, tanto como la larga mano de los ganaderos en busca de pastos. Entre árboles “barbudos”, troncos muertos y el característico calafate, un arbusto que da unos pequeños frutos morados, justificadamente apreciados, el paisaje patagónico es inconfundible, además de cautivador.

Poco que apostillar a la impactante cercanía del gigantesco glaciar del Perito Moreno, el rumor de su digestión acuosa, sus ruidosos eructos, sus rugidos al desprenderse bloques de hielo. Menos conocido es el macizo montañoso de las llamadas Torres del Paine, en la Patagonia chilena, donde soberbios picos montañosos entrelazados armoniosamente con torres graníticas conforman un skyline de singular belleza. Allí, en el magnífico parque natural que las circunda, los arriscados exploradores menorquines se dieron de bruces con el descarado plagio del monumento al caballo de Ciutadella, y tras el ineludible Allà va! de desagravio, entonamos, mano en el pecho, Un senyor demunt un ruc, ante la atenta mirada del milodón, un oso antediluviano, cuya cueva merece la pena visitarse. La autoridad competente, civil o militar, en Ciutadella, no sé cómo estarán las cosas, debería actuar…

Pero no hay belleza sin su rastro de fealdad. La Patagonia, argentina, chilena, patrimonio de la humanidad embriaga por sus contrastes y desmesuras, por su flora y su fauna, por la impagable sensación de sentirte en el fin del mundo, pero no puedo despedirme de ella sin mencionar el macabro, sí, macabro, espectáculo de sus legiones de perros abandonados que deambulan por las calles de Puerto Natales o El Calafate, sucios, tullidos, con una aterradora mirada de insondable tristeza. Tras haber repartido pelleringos sobrantes de la cena, logré conciliar el sueño abrazado espiritualmente a mis westties, compungido una vez más por la peculiar e intransferible crueldad de los humanos.

martes, enero 20, 2009

Los tiempos de Obama

Publicado en "Diario Menorca" el martes 20 enero 2009

Los avances tecnológicos y los cambios sociales dan la impresión de galopar mientras la política jadea trotando en pos de una adecuación imposible, y los viejos conflictos de política mundial se enquistan y recrudecen. O eso parece, a tenor de los acontecimientos, que nos pillan una y otra vez con el paso cambiado. También la economía se desboca y nadie parece saber cómo embridarla. El páramo es tan desolador que, ante la ausencia de liderazgo, ni siquiera surgen, como antaño, arbitristas originales con delirios capaces de sacarnos, no ya de la menesterosidad que nos anuncian, pero sí al menos de la perplejidad más acongojante.
Las recetas para salir de la crisis económica se suceden alocadamente, como los cambios terapéuticos en enfermedades en las que no hay un tratamiento definido. Ahora un estimulante combinado con un antidepresivo, luego un antibiótico que topa con encarnizadas defensas (el virus, Madoff, por ejemplo), más tarde dosis vitamínicas masivas. ¿Y qué pensar de las rogativas de acreditados socialdemócratas al mercado libre? ¿O de esos liberales apelando a la “seguridad nacional” para solicitar de tapadillo el apoyo estatal? ¿O que desde la cuna de la cacareada mano invisible nos vengan aires de macro-inversiones públicas para remontar la crisis?
Pero estos tiempos de perplejidad, de estupor, no han irrumpido repentinamente. La cosa viene de lejos: empezaron a gestarse mediado el siglo anterior, cuando se empezaron a diluir las tradicionales solidaridades inducidas por la parroquia, el trabajo, el pueblo o la familia, hasta que explota la burbuja de las utopías en Berlín. El recordado Haro Tecglen lo explicaba muy bien, hace más de veinte años, en un memorable artículo publicado en “El País” bajo el título “La democracia de las cosas” en el que subrayaba que corrían tiempos de nivelación y añoranza por el médico de cabecera, el mantel de hilo y la atmósfera sin humos, un sentimiento, decía, que “sólo pueden tener los que lo han perdido o los que no quieren que se reparta lo que hay entre más y que se queden las cosas como están”. Pero las cosas, añadía, “se están haciendo más insípidas, más incoloras…” Así empezaba nuestra añoranza, avivada por el incipiente desencanto democrático.
Estos tiempos melancólicos fueron abruptamente cortados por el prozac de la euforia individualista, desregulada, hiperconsumista (turboconsumista nos diría Lipovetsky), en los que, junto a la zarza ardiente del modelo americano triunfante de la guerra fría, refulgían las nuevas Tablas de la Ley con sus mandamientos que, como los divinos primigenios, se resumían en dos. “Sed felices” y “El deber no existe, sólo el deseo”, en medio de una desertización cultural promovida por la creciente confusión de la cultura con el entretenimiento, en la que las antiguas elites intelectuales son engullidas por el prêt a porter y sustituidas por elites de poder que al igual que el grueso de consumidores leen libros de misterios encriptados en catedrales y ven las mismas series televisivas, mientras desde las instituciones se estimula la proliferación de parques temáticos de las múltiples culturetas, y figuras de cartón piedra, con lo que la crisis no sólo intelectual sino moral, estaba servida.
Pues hasta aquí hemos llegado han dicho los antiguos amos del universo de Wall Street. Con un leve chasquido de sus dedos lo han puesto todo patas arriba sumiéndonos en el estupor más profundo, agravado por los lanzadores de cohetes de Hamás y las implacables y desmesuradas respuestas israelíes. Qué hemos hecho para merecer esto nos preguntamos perplejos los occidentales, hasta ahora encantados de habernos conocido, mientras los financieros sonríen sardónicamente desde sus uniformes blindados y prosigue la escalada bélica en el Medio Oriente así como la permanente amenaza del terrorismo islamista, estimulado por la necia política del lamentable período neocon que hoy se cierra oficialmente. No nos queda más que esperar a Godot-Obama, a ver si, más allá de la difícil papeleta de los conflictos geoestratégicos y la crisis económica logra que se produzca una nueva catarsis ilustrada (por lo menos, en su equipo hay más universitarios que teólogos) que nos saque del estupor cósmico en el que estamos sumidos. Oremus.