viernes, junio 25, 2010

Crucifijos

Los obispos españoles nos alertan de los peligros que nos acechan si retiramos los crucifijos de los colegios. Se perderán los referentes tradicionales, los valores, nuestra esencia poco menos, vienen a decirnos. Pues miren, no, con todos mis respetos. El colegio público (el concertado nutrido por fondos públicos, también) debe ser un espacio ideológicamente neutral, un lugar de encuentro entre chicos de todas las ideologías y religiones familiares donde se les enseñe que hay, que puede haber un espacio común donde entenderse. Una especie de ágora donde puedan relativizarse los variopintos prejuicios de los progenitores y los niños aprendan a tolerar posturas distintas a la suya no como quien aguanta un zumbido molesto sino partiendo de la base que pueden albergar parte de razón.
En lugar de crucifijos, tirabuzones o velos sería mejor empapelar las paredes de los colegios con periódicos de todas las tendencias para aprender a confrontar las opiniones (no todas son respetables, sólo las personas que las emiten) y convertirlas en criterio (experiencia+estudio) que es un nivel superior de los valores deliberativos. Los crucifijos son sólo parte de la verdad por muy arraigados que estén entre nosotros y por tanto no pueden imponerse como símbolo universal.

miércoles, junio 23, 2010

España va bien

Publicado en "Diario Menorca" el miércoles 23 junio

Lo acaban de proclamar las instituciones europeas, el Fondo Monetario Internacional y el propio Obama: No os deprimáis, españolitos, estáis haciendo los deberes y con cuatro recortes más os ponéis al día. Pero no es de políticas económicas que quería hablar, entre otras cosas porque el ullastre no me lo permite, sino del papel de España (el equipo estatal según algunos pirados) en el Mundial sudafricano, que al inveterado lanzador de córners le parece notable y esperanzador. Veamos por qué.
El equipo español es de los pocos, quizá el único que sabe a lo que juega. Defiende un estilo, que es el del Barça, un Barçaña sin Leo Messi (pequeño detalle), que toca y toca, abre caminos hacia el gol, genera ocasiones, menos ante Suiza pero que debieron ser suficientes para ganar de haber tenido el mínimo de suerte que todo juego basado en las piruetas de un esférico saltarín necesita, y muchas más ante la débil Honduras que debió irse con un saco de goles. Ahí está el detalle básico para el optimismo: no me preocupan las ocasiones fallidas mientras se propicien, otro día entrarán, sobre todo si el exquisito Fernando Torres recupera, como espero, a base de minutos (viene de una operación en la rodilla) su acreditado olfato goleador para complementar el poder demoledor de David Villa.
También Xavi tiene que mejorar y si no, ahí está Cesc para darle el relevo y no digamos si el sutil Iniesta se pone a tono manteniendo a raya las lesiones que le están martirizando. Y si Casillas sigue distraído con la prensa (no me extraña), tenemos a Valdés y Reina (por este orden). Los que no se distraen ni a la de tres son el señorial Piqué y el espléndido Busquets, un portento táctico en la crucial posición de pivote. Queda la duda de Navas a quien veo verde, mientras Xabi Alonso, que parece mucho más jugador que en el Madrid, aporta la variante del pase largo, utilísimo a la hora de desatascar el tiqui taca.
Por lo demás, poco destacable, ningún jugador, salvo Leo Messi, logra llamar la atención en un Mundial torturado por las vuvuzelas de los c. y los comentarios arrogantemente patrioteros de nuestros inefables comentaristas, circunstancias que me obligan a ver los partidos sin sonido. En fin, lo dicho, España va bien, es decir, juega bien, aunque esto no es ninguna garantía de éxito, no en vano alguien dijo con lucidez que el fútbol es un estado de ánimo. Y el nuestro es francamente inestable.

domingo, junio 20, 2010

Más perplejidades

Acabo de leer a dos premios nobel de Economía, Joseph Stiglitz y Paul Krugman y sigo inventariando perplejidades (a ver si captamos la publicidad subliminal de mi libro y lo compramos ). Resulta que hicimos bien en inyectar dinero al sistema financiero y para estimular la actividad pública y que nos hemos precipitado en recortar el déficit público porque va a lastrar el crecimiento. Tambien parece que hay consenso en obligar a los bancos resguardados por los Gobiernos a que presten dinero y a que no corran riesgos excesivos, pero el Senado norteamericano no parece muy decididos a dar vía libre a tan elementales restricciones...
¿Se han pasado los alemanes con sus moralizadoras apelaciones a la estabilidad presupuestaria? ¿ Se ha precipitado nuestro país al pedir que se aireen las cuentas bancarias? ¿Ha sido víctima España de filibusterismo financiero por parte de los bancos alemanes? ¿Subir impuestos como parece preconizar casi todo el mundo o bajarlos como panacea de la reactivación según el PP? ¿Por qué en época de vacas gordas, ninguno de nuestros gobiernos, peperos o socialistas, encaró esas reformas estructurales que hoy todo el mundo ve insoslayables? ¿Acaso gobernar no es prever?
Sólo sé que no sé nada ,y lo que es más preocupante, no sé si los consejeros aúlicos de nuestros partidos tiene idea de lo que hay que hacer. Mientras tanto, Zapatero se lleva todas las tortas, muchas de ellas con razón por su tardía reacción y sus bandazos, aunque otras entren de lleno en el código penal (la capacidad de insulto en nuestro país es ilimitada), y a mí me gustaría que alguien planteara una hoja de ruta coherente. Luz, un poco de luz.

sábado, junio 05, 2010

Tiempos virtuales

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 5 junio 2010

Cuando allá en los inicios de los años noventa del ¡pasado siglo! escuchaba una ponencia sobre “Occidentalización de los ojos” pensé que se trataría de una humorada de los chinos, un oasis para atemperar la densidad científica, pues el congreso mundial de mi especialidad médica transcurría en Singapur, pero el conferenciante no se reía para nada, aquello iba en serio: se trataba de cirugía estética de los párpados para acomodarlos a los patrones occidentales de belleza. Me quedé perplejo y meditabundo sobre el poder blando de la influencia cultural de los cánones norteamericanos, la deriva de un mundo adorador del becerro de oro de la tecnología y la imagen o la intrínseca gilipollez del ser humano, para resumir.
Se iniciaban los tiempos de la euforia perpetua según el filósofo francés Pascal Bruckner, o de la gran xalada según el sociólogo del ullastre, en los que el bienestar se hacía poco menos que obligatorio, pero no un bienestar cualquiera sino exultante. El sexo, sin ir más lejos, si en nuestros tiempos juveniles nos conformábamos con que no nos clavaran los codos en los guateques (¡fuuu!, confesábamos luego a los amigotes, avui ha anat gros), ahora en esa nueva década prodigiosa la gente no sólo alardeaba de sus penetraciones en territorios antes hostiles, sino que explicaba sus experiencias a voz en grito en los platós de televisión. Quien no contaba orgasmos múltiples con erecciones interminables y / o aullidos de valkiria era un mesquinet/a, alguien incapaz de estar a la altura de los tiempos.
Ahora parece que se habla de forma no tan estentórea de asuntos de hidráulica genital, pero ello no significa que preocupen menos al personal a tenor del reportaje que publicaba hace unos días La Vanguardia sobre el auge de intervenciones quirúrgicas en zonas antaño pudibundas. No se trata sólo de las meramente defensivas, como las reconstrucciones de himen de señoras indebidamente desfloradas (indebidamente según los códigos jurásicos de los machos de la especie), sino reducción de labios menores, ampliaciones o estrechamientos vaginales, alargamientos de pene, y demás argucias para mejorar la autoestima (¿cómo va a afrontar los retos de la modernidad una mujer con unos labios menores con michelines o un tipo con un pene estilo tapón de champán?).
Vivimos tiempos extraños en los que nada es lo que aparenta. Antes no te equivocabas, un tío era un tío era un tío era un tío, pelo en pecho, colilla colgante de sus labios únicos, escupitajos por doquier, fútbol, toros, amigotes y siempre marcando paquete. Hoy día los machos se depilan, se frotan con aceites, se hacen liposucciones y llevan-llevamos-bolso. Ellas, antes modositas por exigencias del guión, hoy te cuentan sus conquistas a la menor ocasión, fuman como carreteros, se despelotan en las playas, aúllan en los campos de fútbol (y / o baloncesto, ¿eh?, que os veo por IB3) y se ponen moradas de chupitos mientras discuten de política en las sobremesas.
Pero es que no se trata sólo de aspectos marginales como los citados sino que también en aspectos nucleares de la vida, la confusión entre real / virtual es notable. Creencias, valores, todo eso. Veía el otro día las caras de enajenados que presentaban unos individuos, varios cientos, o miles, o decenas de miles, supongo en todo el mundo, que salían de ver el último capítulo de una serie televisiva en la que al parecer hay gente que se pierde, y no vi diferencia alguna con las masas de alucinados que siguen a pies juntillas los mandatos de un santón o gurú de cualquiera de las miles de sectas que colonizan el planeta. Algunos lloraban, otros se daban golpes en el pecho, absolutamente abducidos por ¡un guión! Claro que también los hay que se toman en serio a Pajín y Cospedal, como si no fueran personajes de serie televisiva de ficción…
Pero ocurre en todos los aspectos: con la política no hay quien se aclare, decreto / rectificación, rectificación de la rectificación ( rectificar es de sabios pero hacerlo todos los días es de necios, acaba de decir Felipe González), en un país lleno de universidades sin alumnos, trenes de alta velocidad sin pasajeros, aeropuertos sin aviones, un polideportivo en cada pueblo (y una universidad y una estación del AVE y un polígono industrial y…),donde uno no llega a saber qué es lo real y qué es lo virtual mientras la oposición vocifera como si estuviera en un coso taurino, Europa nos manda al cobrador del frac y aquí, en esta ínsula virgen y mártir, esperamos anhelantes al Godot turístico que nos saque del marasmo pero eso sí, sin ponérselo fácil, que somos muy biosféricamente nuestros.
Así que, entre ofertas de modificación de tapones de champán, orgasmos virtuales, tíos que se depilan, señoras respetables que piden concebir hijos de Cristiano, gobernantes virtuales, opositores desaforados, toreros fumando cuernos entre riadas de sangre (virtuales, para los defensores de la fiesta), uno ve llegada la hora de dejar la realidad y marcharse bajo ullastre con ficción auténtica (de papel) bajo el brazo. Para abrir boca, “La última noche en Twisted River” de John Irving, mientras espero que llegue el momento de leerle “La isla del tesoro” a mi nieta. ¡Ah! Y que les aproveche a los madridistas el chulapón de Mourinho, un entrenador superstar para un proyecto ganador… Virtualmente hablando, claro está.
Bon estiu a tothom!

sábado, mayo 22, 2010

Érase una vez un país desmesurado

Publicado en "Diario menorca" el sábado 22 mayo

Cuando era niño escuchaba a hurtadillas las conversaciones veraniegas de mis mayores, sentados ellos, muy relajados, en el muelle de la bahía, como Ottis Reding pero en sillas de mimbre. Me asombraba que allí, en aquel Port-Maó de eterna posguerra en que nadie osaba hablar en público del Invicto como no fuera para loarlo con fervor (ahora mismo recuerdo su visita de aquellos años y la imagen que me quedó grabada: los tejados repletos de guardias civiles con metralleta), saltasen a la palestra con notable desparpajo nombres míticos como Eisenhower, Kruschef o Harold Mc Millan.
Uno de aquellos fosquets en que yo fingía jugar a taps (unas supuestas carreras ciclistas con chapas de Anquetil, Poulidor y Bahamontes), escuché una frase que me impresionó (estoy tratando de no usar el traumático “impactó” o el cursi “fascinó) y que nunca he olvidado:
-En este país o quemamos iglesias o nos bañamos en agua bendita.
Afortunadamente no pasaba por allí ningún comisario político espontáneo, especie abundante en aquellos tiempos, porque la última parte de la frase era notoriamente incorrecta por no decir subversiva, si tenemos en cuenta el momento histórico, muy proclive al agua bendita, a las mujeres con velo, a los palios y a los desfiles de curas y militares entre flores a María e himnos marciales.
El estentóreo dictamen me viene una y otra vez a la memoria cuando observo el devenir de este país de países en su crónica incapacidad de debatir con rigor y templanza cualquier asunto peliagudo que salte a la palestra. Como el del juez Garzón sin ir más lejos, o el de la non nata sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán, sobre los que planean las dagas o, en su defecto, los eslóganes de las respectivas sectas, pero escasas reflexiones.
En el primero de ellos, por poco que uno trate de sobrevolar los vientos racheados, se podría abrir un interesante debate jurídico-político sobre la preeminencia o no de las leyes estatales (la nuestra de Amnistía) sobre resoluciones internacionales que hablan de la imprescriptibilidad de determinados delitos (genocidio, etcétera). En lugar de ello, los medios españoles, incluidos los serios (pocos, oremus) se enzarzan en una guerra de trincheras absolutamente indigerible. En un país no desmesurado (con auténtica tradición democrática) posiblemente el asunto se hubiera solucionado con una advertencia al juez sobre sus discutibles maniobras procesales, pero aquí no nos andamos con chiquitas, se activa el adn cainita y se acusa al magistrado nada menos que de lo peor que se puede culpar a un juez, la prevaricación, entre enfervorizadas ovaciones de unos y rasgamientos de vestiduras de otros. Todo muy valleinclanesco.
En el asunto de la sentencia del Tribunal Constitucional, tres cuartos de lo mismo. La controversia es políticamente interesantísima, nada menos que la paradoja de que una ley aprobada en Cortes y refrendada por la ciudadanía (escasa pero igualmente válida), pueda ser sustancialmente revocada por un tribunal de notables (sin entrar en la impúdica manipulación política de la que ha sido objeto), situación que podría dar paso a un riquísimo debate político de no ser por la ancestral costumbre hispana de enrocarse en posturas numantinas, las de la radicalidad democrática de quienes anteponen la voluntad popular a la legislación y las de quienes, desde una berroqueña idea de España, son capaces de retorcer tribunales y leyes con tal de que no se mueva un ápice de la sagrada unidad / uniformidad etcétera.
Llegado a este punto, compruebo que no he dicho una palabra de los ínclitos representantes de la soberanía popular y que ha sido por pereza: uno está del “y tú más” y de teorías conspirativas (la última, la de Camps y sus trajes incorruptos), hasta la calva. Ideas, pocas y tarde en los que gobiernan, y el “no a todo” de los otros, incluso cuando se hace lo que ellos preconizaban dos días antes…En fin, ¿por qué se irían los británicos de nuestra isla?

La lectora sonriente

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 15 mayo

¿Acaso las películas han matado a los libros, o la televisión al cine?, es la pregunta que abre el interesante diálogo entre Jean-Claude Carrière, uno de los dramaturgos y guionistas europeos más reconocidos, que llegó a trabajar con Luis Buñuel , y Umberto Eco, el semiólogo de Bolonia, universalmente famoso por su aportación novelística con “El nombre de la rosa” o “El péndulo de Foucault” entre otras obras de ficción, que se acaba de recoger en forma de libro que publica Lumen bajo el sugestivo título “Nadie acabará con los libros”.
El de la pervivencia de la cultura libresca tal como la conocemos, es un tema recurrente que el escribidor se replantea después de haber vivido otra jornada mágica de Sant Jordi en el stand de mis acogedores amigos de la Llibreria Catalana, sublimada cuando una lectora desconocida, a la que hacía rato que observaba porque sonreía mientras hojeaba atentamente mi libro, levantó la mirada hasta encontrarse con la mía, y me recordó la escena final de “Luces de la ciudad” del maestro Chaplin, cuando la violetera, recuperada de su ceguera, reconoce a su benefactor, un mendigo que había pasado las de Caín para costearle la operación.
-Ah, ¿es usted?-me espetó, entre tímida y curiosa, al reconocerme por la foto de la solapa del libro.
-Síii-contesté con un mohín que quería ser humilde, como el de Charlot en la película, pero que debió de traslucir humana vanidad.
-Es que no llevo dinero, pero voy a buscarlo, su libro parece muy interesante…
-Bueno, verá, por lo menos es sincero y bienintencionado. Es una visión intimista sobre…
-Ahora vuelvo-cortó mi incipiente speach.
El librero me miró con sorna como diciendo “me parece que nanay”. Pero la mujer volvió y le dediqué algo así: “A C., a la que he observado mientras sonreía hojeando mi libro. Gracias por proporcionarme un instante de felicidad”
¿Acabará la electrónica con momentos así?, me preguntaba mientras, cansado pero exultante, abandonaba Es Carrer Nou. Leer a uno de estos bibliófilos empedernidos como Eco o Carrière reconforta: “El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se ha inventado no se puede hacer nada mejor”. Seguramente es así pero tampoco puede negarse la evidencia: si el invento de Gutemberg hizo posible nuestro mundo moderno sin que nadie pudiera preverlo en su momento, tampoco hoy podemos predecir el impacto a largo plazo de la digitalización galopante de nuestros días, aunque empiecen a verse algunos efectos perversos como el que hoy día, en internet, cualquiera pueda llamarse autor…
Se están produciendo cambios a gran velocidad en comparación con la lentitud mineral del impreso; en el siglo II los chinos experimentaban con tintas y piezas de madera, pero hasta el siglo IX no imprimen en rollo textos budistas; en el siglo XV Gutemberg inventa la imprenta, hasta el XIX no aparece la primera linotipia. Comparemos con el tiempo transcurrido desde la impresión digital, a fines del siglo XX hasta la aparición del primer kindle en 2007. No me asusta, ya he vivido una evolución frenética en mi profesión, pero en esencia sigue siendo una interacción genuinamente humana: médico y enfermo frente a frente (¿lector y libro?).
¿Persistirá el libro en su actual formato? No sé si pienso que sí o quiero que sí, pero no soy capaz de imaginar un mundo sin libros de papel que pueda llevarme bajo el ullastre o a Macarella. Bien mirado, el libro tiene muchas ventajas modernas, no se descarga, puedes anotar lo que se te antoje en sus márgenes, cabe en cualquier sitio, es manejable, puede ser un regalo personalísimo (el único que me apetece hacer, fuera de la tortura de perder una tarde buscando algo “original”). Además, para los viciosos es una mina: se deja manosear, olisquear, provoca ensoñaciones y por si fuera poco evita riesgos, ya que, como sugiere Savater, vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida y esto puede llevar a peligrosos desvaríos.
¿Qué al fin y al cabo lo importante es leer y el soporte es lo de menos? No estoy tan seguro. Intuyo que los que pretendemos buscarnos la vida lectora fuera de bestsellers y libros de autoayuda tendremos poco que hacer en el mundo kindle. Deberemos seguir hurgando en pequeñas librerías y editoriales minoritarias. Si es que logran sobrevivir, que esa es otra, como la cruda realidad de los periódicos, abducidos por el fast food del entretenimiento, el escándalo y la inmediatez cibernética. ¿Pervivirán los periódicos de calidad? ¿Podremos seguir leyendo análisis concienzudos, reportajes de calidad? ¿Somos capaces de concebir a una lectora sonriendo mientras le da a las teclas de un libro electrónico? ¿Qué quedará del hojear / ojear?

jueves, mayo 06, 2010

El largo y tortuoso invierno

No se recuerda en estos pagos un invierno semejante: largo, frío, húmedo, ventoso, incluso con nieve, tan extraña para los isleños mediterráneos como el sol para los nórdicos. Si a ello se le añade la preocupación creciente por la situación político-económica, no cabe duda que nos encontramos ante una de las primaveras más extrañas de nuestra vida. Ni siquiera la eclosión de fresas y nísperos otorga un respiro. Estamos alicaídos.
Eso, la infantería, porque en el estado mayor cunde además el desconcierto. Patética la reunión ayer de los dos políticos españoles con mando en plaza, es decir, con posibilidades de tomar el mando. El actual inquilino de la Moncloa con su habitual retórica circular, vacua, del ya escampará, y el otro, el líder de la oposición, con su desesperante indefinición de quien espera ver pasar el cadáver de su enemigo por la puerta de su casa.Fumando espero.
Y sigue lloviendo.

sábado, mayo 01, 2010

Psicoanálisis culé

Publicada en "Diario Menorca" el sábado 1 de mayo

Tenía confianza en las posibilidades del Barça, pero en ningún caso “ciega”. A estas alturas sé de sobras que el fútbol no es más que un juego y como tal azaroso, que pese a libretas y métodos científicos, las circunstancias imponen su ley y no siempre a favor de la lógica. Apunto algunas reflexiones a vuelapluma:
a) Influencia arbitral. Indudable, sobre todo en San Siro, como lo fue la temporada anterior en Stamford Bridge sólo que al revés.
b) Juego. Es legítimo el planteamiento de Mourinho. También es una desgracia para el fútbol que le salga bien. El Barça no jugó bien en San Siro y mereció la derrota y anoche no supo romper el catenaccio italo-portugués (mucha posesión pero escasas oportunidades de gol). Demérito suyo.
c) Errores de Guardiola. Ayer quedaron patentes algunos, como el trueque Ibrahimovic / Eto’o (dejemos en el congelador al pobre Chigrinsky) y algunos cambios extraños como anteponer a Jefren y Bojan a la experiencia y poder de intimidación de Tití Henry, o no sacar a Touré en San Siro cuando se perdió el centro del campo.
d) Dramatización innecesaria. No me gustan las apelaciones a heroicidades, noches mágicas y el sunsurcorda emocional. Creo que la campaña mediática jugó en contra del Barça. Los italianos ¡y Mourinho! se mueven como pez en el agua en estos ambientes y la presión atenazó a unos jugadores que necesitan la mente clara para desarrollar su habitual juego de arte y precisión.
e) Filosofía blaugrana. Como culé, estoy acostumbrado a perder (Guardiola estuvo certero y oportuno al recordarlo en la rueda de prensa) y quizás nos habíamos olvidado de ello. Aún así, esta es la mejor época de nuestra vida de aficionados y no tiene por qué dejar de serlo, ni siquiera aunque también se pierda la Liga, Belcebú no lo permita. Este equipo es un orgullo como nunca lo había sido.

Edades conflictivas

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 1 de Mayo

Hace unos años leí un libro con un título tan llamativo como misterioso, “Adultescentes”, que se refería a esa generación de “hijos de los héroes” que se niegan a crecer y reciben las acusaciones de sus padres sesantayochistas por no tener sueños, por no comprometerse y no militar en ninguna causa, etcétera. “Son esos adultos-dice Eduardo Verdú, su autor- que, en época de glorificación de la mocedad, cremas anti arrugas, liftings, ropa juvenil, que parecen jóvenes pero no son jóvenes… Ser joven haciendo vida de adolescente es una pesadilla y ser adulto haciendo vida de joven puede resultar patético…” De todas formas y, al igual que la adolescencia clásica, la adultescencia es transitoria y acaba con la primera hipoteca, pasada la frontera de los treinta, aunque no hay que engañarse: la madurez es dama esquiva y se escabulle toda la vida, uno mismo no ha logrado acariciarla jamás.
Me he acordado del libro porque acabo de descubrir que cuando se deja de estar en brazos de la mujer madura para pasar a los de la abuela (no más chistes, por favor), se convierte en un senectescente, es decir, en un adolescente de la senectud y, en este caso, mejor si no fuera un período transitorio, sic transit gloria mundi. Seguramente, el otro día, cuando me entrevistaba Rafa Ayala Jr. en Onda Cero con motivo de mi último libro (¡Qué impagable sensación de calor de hogar en la radio de Diana!), me di cuenta de la magnitud de la catástrofe al analizar mi espontánea y lúgubre respuesta al preguntarme Rafa por algún objetivo terminal : “Afrontar el deterioro con dignidad ”, respondí, más o menos. Y aún creo recordar que añadí: “Aprender a renunciar, despedir…” Y no tenía ningún pajarraco negro anidado en mi calva. Lo juro.
Y es que ahora veo que hay muchos paralelismos entre senectescencia y adolescencia: si cuando eras mozo te salían granos y te crecía la nariz (recuerdo que estuve lustros sin ponerme de perfil ante las chicas), ahora te salen matojos de pelos de las orejas y te crece la próstata (en cuanto a los extraños fenómenos que les ocurren a las senectescentes lo dejo aquí: no quiero problemas). En fin, cuando empezaste a ser un adultescente con pasta para salir de juerga, te acostumbrabas a funcionar durmiendo cuatro o cinco horas, lo mismo que ahora en que te despiertas glorificando el prodigio de dormir cinco horas seguidas sin levantamientos ( me refiero a levantamientos para ir al baño, los otros son siempre bien recibidos, a cualquier edad).
Luego viene el día sublime de tu entrada oficial en la abuelez, semejante en emoción al día de tu primera comunión o al de tu primera penetración (del voto en la urna, no vayan a creer, que antes casi todas las penetraciones eran pecado). Aquello tan pequeño y frágil es tuyo y no lo es. Te felicitan, te auguran entrañables emociones, pero no faltan los agoreros: que si tienes por delante cuatro años de duras prácticas antes de homologar el título de abuelo, que si ya verás cuando quieras leer o escribir y la niña no te deje, que se te va a hacer madridista y te amargará los partidos de la tele, que no podrás ir al cine los fines de semana porque sus papás también querrán salir…. Pero es que además revolotean tus propios recuerdos: de un avi sólo recuerdo una cojera y un bastón y del otro un bigote con las puntas hacia arriba, el temor reverencial que le rodeaba y ni media caricia. Es obvio que no quieres que te recuerden así.
Seguramente me precipité en mi respuesta a Rafa sobre objetivos a estas alturas. Me acabé de dar cuenta anoche cuando observaba fascinado su plácido sueño en plena melancolía futbolística por la derrota (de la que me curó instantáneamente). A ver: Leerle cuentos, pasear con ella de Mitjana a Trebaluger por el Camí de Cavalls, prevenirla sobre fanatismos varios, fomentar su curiosidad (más que darle respuestas, que sepa hacer preguntas), apercibirla contra el culto al cuerpo y el papanatismo tecnológico, contra el consumismo desaforado… En fin, objetivos para varias décadas ¡Un brindis por la senectescencia!

domingo, abril 25, 2010

Gracias, amigos

Gracias, amigos, por no dejarme solo en plena calle el día de Sant Jordi. Uno, que no es escritor sino médico y, en sus ratos libres, escribidor, no las tenía todas consigo a la hora de plantarse en el stand de la Llibrería Catalana, mi tercera casa después de la mía propia y el Diario Menorca; temía por la mirada desdeñosa, el abandono, el ridículo. Al fin y al cabo, mio libro no era de autoayuda ni una novela de intriga vaticana ni de templarios ni de vientos que dan sombra y no tenía nada que hacer ante tamaña competencia...Un dietario, una crónica novelada de ocho años que no cambiaron el mundo aunque lo encabronaron bastante. Un libro para reflexionar, para disentir, para sonreír, para cabrearse y alguna vez, espero, para compartir...
Bueno, pues funcionó. Fue una mañana mágica en la que no dejaron de acercarse lectores para que les firmara un ejemplar. Me quedo con una desconocida a la que vi hojear el libro y empezar a sonreír. Leía y sonreía cada vez más ¡Bingo! Levantó la mirada y me reconoció pr la foto de la solapa.
-¡Ah, es usted! No llevo dinero, pero voy a un cajero y vuelvo.
Y volvió, y le escribí que la había visto sonreír leyéndome y que me llenó de felicidad. Es la magia de Sant Jordi.

sábado, abril 17, 2010

Periodismo de trincheras… Y cloacas

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 17 Abril

Hablábamos el otro día en el Ateneo de la triple crisis del periodismo: económica (desplome de la publicidad), de modelo (la actual cultura de la gratuidad) y de credibilidad. Y nos deteníamos en esta última, como hacía el ex director de Es Diari Juan Bosco Marqués el pasado domingo en Culturàlia, reivindicando los contenidos de calidad, lo que incluye el control de fuentes (la implacable poda actual de corresponsalías en el extranjero es significativa, al caer la información en manos de grandes agencias con sus poderosos grupos de presión / manipulación). Otro de los problemas de los periódicos digitales, además del de su acceso gratuito que acreciente la crisis empresarial, y de las dificultades en separar el grano de la paja, es el del anonimato al pie de las columnas de opinión, lo que favorece la maledicencia, el insulto o directamente la calumnia y la injuria.
Pero en la actual crisis de credibilidad del mundo periodístico tiene mucho que ver la creciente guerra de trincheras entre los diferentes grupos mediático-empresariales, su apabullante previsibilidad. Nada más conocer una noticia sabemos perfectamente cómo van a tratarla en este o aquel medio. Y como además cunde la especie de que todas las opiniones son respetables ( por lo visto tiene el mismo valor la opinión de un oncólogo que la de un gurú que prescribe lavativas de café para curar el cáncer), se cae en la opinioniosis que es un proceso claramente degenerativo agravado por la destralosis ( de destral en catalán, hacha, o sea el deporte de atizar destraladas a diestro y siniestro) habitual sobre todo en los opinantes afines a quienes en determinado momento no gozan de las mieles del poder, efecto concurrente con el llamado periodismo del escándalo que describe con pelos y señales el sociólogo Manuel Castells en su imprescindible obra “Comunicación y poder” Alianza Editorial 2009).
Estos días son particularmente ilustrativos de la guerra de trincheras a la que me refiero. Basta fijarse en el caso Garzón y sus derivadas. El famoso juez fue denostado acerbamente por el socialismo imperante en tiempos de Felipe González cuando metió sus poderosas narices en las cloacas del Estado para denunciar la guerra sucia contra el terrorismo, viejo oficio de los cancerberos de todos los países que han sufrido tales lacras. Ni decir tiene que el juez fue jaleado por los medios conservadores por lo que significaba aquello de desgaste para su enemigo político, no tanto por repulgos democráticos en gentes habitualmente “sin complejos” en estas cuestiones. Curiosamente, en aquellos tiempos, el diario El País, hoy defensor a ultranza del juez, titulaba “De la política a la toga como con Franco” cuando Garzón dejaba el gobierno socialista…
Pero al indómito juez se le ocurrió luego perseguir a dictadorzuelos más o menos sanguinarios por el ancho mundo, lo cual ya empezó a parecer improcedente a las gentes de orden, para meterse después en un laberinto jurídico a propósito de la infausta ley de la Memoria Histórica, y finalmente atreverse a investigar ciertas conexiones de importantes militantes del principal partido de la oposición con un grupo de mafiosos. Y ahí se arma la marimorena en los medios afines al conservadurismo patrio (con el maestro en periodismo de escándalos y conspiraciones PJ Ramírez a la cabeza), barullo que es aprovechado astutamente por enemigos personales en la judicatura para inculpar al juez y llevarlo al banquillo por prevaricación y, más aún, por supuesto cohecho en relación a la financiación de unos cursos en Nueva York.
El caso Garzón, a lo que se ve, es un asunto harto complejo que, sin embargo, los medios despachan con un surtido de argumentos prêt a porter, prefabricados y, por tanto, perfectamente previsibles, y que han llegado a su paroxismo en el tratamiento informativo del mitin de los artistas en apoyo del juez, coronado por la desaforada intervención del ex fiscal Jiménez Villarejo : unos lo tildan de acto antidemocrático e incluso golpista( los mismos que, a su vez, descalifican un día sí y otro también a policías y jueces por investigarles a ellos) mientras los otros de simple y pura libertad de expresión y /o de salud democrática ( cuando muchos de ellos son defensores inveterados de impresentables dictaduras caribeñas). Para muestra, dos botones: “La voz del pueblo se vuelve a alzar 79 años después” (Público). “Aquelarre guerracivilista de energúmenos” (Pedro J. Ramírez en El Mundo).
En suma, un guirigay en el que nadie matiza, por ejemplo que, aunque el juez posiblemente se haya extralimitado en su procedimiento jurídico para dar salida a las justas demandas de los familiares de desaparecidos, acusarlo de prevaricación parece una exageración movida por el deseo de venganza personal de algunos y los intereses partidistas de otros. Un recurso ordinario dentro del procedimiento judicial podría haber sido suficiente y nos hubiéramos evitado el bochorno de sentar a un juez, con un sólido prestigio internacional, en el banquillo de los acusados, y de contemplar el nauseabundo espectáculo de unos medios de comunicación entregados a su causa con armas y bagajes, pisoteando el ineludible precepto periodístico no ya de buscar la objetividad, que es una entelequia, pero por lo menos, de huir del sectarismo.
El enloquecido mundo actual precisa más que nunca de un periodismo de calidad que abone el terreno a la reflexión serena y fundamentada, lo que se llamaría criterio (experiencia + estudio), más que evanescentes opiniones de tanto indocumentado sectario que con la destral enarbolada contribuyen denodadamente a la actual olla de grillos. En último término, el periodismo de trinchera y escandalera no hace más que abonar la galopante desafección política de la ciudadanía.





sábado, abril 10, 2010

Inventario de perplejidades

Ayer presentamos en el Ateneo de Mahón mi nuevo libro "Inventario de perplejidades". Es una selección de artículos pero también algo más, puesto que el género del dietario y el período que abarca ( desde el 11-S a la crisis económica) le confiere un carácter de unidad narrativa, a medio camino entre la novela y el ensayo. Su subtítulo "Crónica de ocho años que no cambiaron el mundo pero lo encabronaron bastante" habla a las claras del encallanamiento que han provocado esos años de plomo, sobre todo a raíz de la catastrófica invasión de Irán, generadora de una ruptura terrible con el mundo musulmán, la traumática división entre Europa y EEUU y la radicalización ideológica entre "progres" y "neocons".
Pero el libro contiene además unas placenteras crónicas de viajes ( Croacia, Montenegro, la Bretaña francesa, la Toscana, Londres, Argentina), y unas "píldoras antidepresivas" para aliviarnos del estrés de una crisis cuya salida no se ve cercana y para ayudarnos a buscar matices grises entre tanto brochazo blanco o negro. Espero que mis blogueros de cabecera le hagan el caso que se merece y que el día de Sant Jordi pueda firmarles un ejemplar a pesar del camuflaje.

domingo, abril 04, 2010

Menorca is not Mallorca

Publicado en "Diario Menorca" el domingo 4 Abril

A nuestros visitantes de Semana Santa, con pudor

Cuando en tiempos universitarios, a orillas del Ebro, allá en los míticos sesenta-setenta del pasado siglo, revelaba mi origen menorquín, invariablemente me espetaban un “¡Ah, mallorquín!” que hacía rodar por los suelos mi ego patriotero. Pero esta humillante confusión con la isla hermana, la mayor, la famosa, no era lo peor. Mucho más lacerante resultaba otra evocación, una vez aclarada la primera: “¡Ah, Mahón, donde la cárcel de la Mola!”( el eterno retorno: ahora vamos a tener otra penitenciaría singular, en pleno trayecto turístico, sic transit ), aunque también había lugar para la comicidad cuando conjeturaban si se trataba una isla con una palmera en el centro, como en los chistes de náufragos. Pero, en fin, lo dejábamos pasar como cuando nos llamaban polacos por hablar raro…
Lo sustancial es que, décadas después, los menorquines tenemos sobradas razones para insistir en nuestra singularidad, sobre todo cuando se dirigen a nosotros con mirada entre acusadora y conmiserativa y una demoledora exclamación, “¡Menuda la que tenéis montada!”, referida a munarquías absolutas, suburbanos inundados, comisiones enterradas en latas de cola cao, velódromos a precio de oro repletos de matojos, palacetes a precio de saldo, procesiones anilladas al juzgado y el sursuncorda. Y que nadie vea en esta exposición resabios anti centralistas (nuestro centro político-económico es Palma y eso nadie lo discute) o neo nacionalistas de ínsula barataria, porque se limita a marcar algunas distancias para evitar confusiones y algún que otro bochorno injustificado.
Dejemos claro desde el principio que poco tenemos que ver los menorquines con la tangentópolis mallorquina. Será porque nos falta valor o por un elemental sentido del pudor esculpido a través de nuestra peculiar historia, pero lo cierto es que el frenesí político mallorquín dista mucho de estar presente en la isla menor. Y es que la singularidad menorquina viene de lejos, probablemente del siglo XVIII en que la isla, codiciada especialmente por el mayestático puerto de Mahón, perteneció por tres veces a la Corona británica y una vez al Reino de Francia, con breves interregnos españoles, cambios que no impidieron que la isla viviera una época de relativo esplendor y de efectiva libertad, lejos de la severa Inquisición española, lo que redundó en una apreciable actividad comercial y en florecimiento cultural que posiblemente dejó sus posos en formas y modos de vida (un taranná, diríamos)
Esta especie de excepción cultural menorquina se ha puesto de manifiesto en la resistencia de los isleños a plegarse a los destinos del modelo turístico imperante -al contrario que los mallorquines e ibicencos-, de la mano de gobiernos conservadores… de izquierdas, que si bien han llevado a la isla a un retroceso económico, agudizado por la crisis, también la ha mantenido en un estado de preservación natural que constituye hoy su principal activo y que puede proyectar a medio plazo un futuro esperanzador a través de un modelo turístico diferenciado si los menorquines nos decidimos abiertamente por él, dado el declive de nuestras industrias tradicionales, y si lo hacemos con nuestro acreditado, (¿british?), sentido de la mesura.
Menorca no es Mallorca ni Ibiza ni, con todos los respetos, quiere serlo, pero tampoco puede permitirse el lujo de seguir con su desdén histórico por la industria turística. El calzado, la bisutería y el queso, tradicional trípode de su economía ya no son lo que eran y no parece que vuelvan a serlo en un futuro inmediato. El turismo es hoy irrenunciable y Menorca está en condiciones de configurar una experiencia piloto, innovadora y adecuada a las demandas de la nueva economía, alejada del all inclusive y de la degradación ambiental, para atraer residentes de renta media alta, conciudadanos amantes del turismo tranquilo y culturalmente enriquecedor, en armonía con la naturaleza, jubilados europeos… Objetivos inaccesibles sin la plena colaboración de las instituciones en la mejora y mantenimiento de las infraestructuras (con la adecuación de algún puerto deportivo, algún campo de golf, hasta ahora vade retro, mejora de las carreteras, etcétera) y la eliminación de corsés burocráticos y clientelismos (sin seguridad jurídica y eficiencia administrativa no puede haber inversiones).
Hoy como ayer nos vemos obligados a insistir: “No, mallorquín, no, me-nor-quín”, sin que ello signifique desdén alguno por nuestros vecinos de la isla hermana con quienes viajamos en el mismo barco. Tampoco pretendemos transmitir la imagen de un impoluto paraíso por encima del bien y del mal, pero sí afirmar algunas diferencias y sobre todo nuestra voluntad de no caer en la obscenidad política en que se mece nuestra comunidad autónoma. Por lo demás, pásenlo bien estos días tratándose de adaptar a la Menorca way of life.

PS.- Despedimos con enorme pesar a un querido amigo asturiano, colega oftalmólogo que ha dado lo mejor de sí mismo a la sanidad pública menorquina durante quince años. Echaremos muy en falta su honestidad, dedicación, solvencia y compañerismo y en nuestro quirófano de la Policlínica resonarán durante mucho tiempo sus impagables diálogos en menorquín con los pacientes y sus ágiles juegos de palabras. Mucha suerte en tu nuevo periplo, Fran Herrero (no tanta para tus colores deportivos, nadie es perfecto), te la mereces.

viernes, abril 02, 2010

Equidistancias ( part two )

Publicado en "Diario Menorca" el jueves 1 abril

Volviendo al asunto de mi artículo de enero (“Equidistantes del mundo, uníos” Es Diari 9-1-10), con perdón por la autocita, debo insistir en ello ante la proliferación no tanto de asuntos peliagudos, con más facetas que un caleidoscopio, como por la cada vez más extendida costumbre de solventarlos (no sólo en tertulias de bar o en cibertabernas, sino en los medios) en un pispás de opiniones rotundas, contundentes, inequívocas, sin complejos…ni matices. Y son precisamente los matices, esos grises tibios y cobardes, los que no cuentan con respaldo en nuestro país y por lo que se ve en el mundo mundial (la burda y obscena campaña de los republicanos norteamericanos contra la tímida reforma sanitaria de Obama es emblemática), aunque aquí se alcancen todos los días cotas esperpénticas.
Por ejemplo, el asunto tan complejo y jurídicamente enrevesado de la imputación del juez Garzón, es despachado con satisfecha displicencia por medios de la derecha que no hace tanto le jaleaban entusiásticamente, mientras desde la izquierda se le beatifica como mártir sin atisbo de crítica (cuando menos, Garzón parece ser un instructor mediocre). Habrá algún según, pero no se ve, no se siente, el matiz no está presente. Como tampoco lo está en el asunto de la contención del gasto: las comunidades más endeudadas son gobernadas por el partido que predica una “drástica contención del gasto público”, mientras en otra, el presidente del Gobierno riega con la manguera de la “deuda histórica”…
En el propio manejo de la crisis, los socialistas han mostrado una incompetencia manifiesta, desde negarla más veces que Pedro a Jesús en el huerto de Getsemaní, a esa contumacia en el fatídico juego de improvisar-rectificar que se traen entre manos. Pero… ¿De verdad es la panacea bajar los impuestos, lo único que repiten los populares, como una jaculatoria? No parecen muy de acuerdo los más reputados analistas internacionales, aunque sí el público en general: a nadie le gusta rendir cuentas al fisco. Sin embargo, la leal (?) oposición se aferra al fundamentalismo liberal (no olvidemos a su gurú máximo cuando se quejaba de las restricciones a la ingesta de alcohol del código de circulación: “¿Quién me tiene que decir a mí las copas que puedo o no puedo tomar?”), y de alguna manera al cuanto peor, mejor.
Pero también en temas menores refulge la guerra de trincheras, como en el de la tauromaquia sí, tauromaquia, no. Vamos a ver: ¿Acaso no es legítimo y democrático que por iniciativa popular se discuta el asunto, sea por motivos compasivos o identitarios o ambos a la vez? ¿Son los promotores de la iniciativa unos liberticidas saqueadores de nuestros rasgos culturales más profundos? Y démosle la vuelta a la tortilla: ¿Acaso los defensores de la fiesta nacional son unos sádicos torturadores de animales?, ¿Unos españolazos fachas?... ¿Cómo no ser equidistante y abogar por la pervivencia de la fiesta atenuando o eliminando el castigo del animal, limitándose a torearlo artísticamente? ¿O simplemente respetar lo que decida democráticamente el parlamento de una comunidad autónoma?
Item más, la actitud ante las distintas dictaduras que en el mundo han sido o, desgraciadamente, son. La cerril negativa de la izquierda realmente existente a condenar no ya el régimen cubano que está a la vista, sino las atrocidades del estalinismo, sólo es comparable a la virulenta reacción de la derecha carpetovetónica en cuanto se intenta remover algo del incómodo franquismo o perseguir jurídicamente a algún dictadorzuelo sudamericano. Molesta mucho el histriónico (y peligroso) Chávez pero se oían pocas voces de la derecha quejándose de Pinochet, Somoza o el chivo festivo Leónidas Trujillo… ¿Y la corrupción? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, pero quienes acusaban al partido de Felipe González de ser el epítome del saqueo a las arcas públicas, ahora callan como muertos…
En fin, lo cierto es que los equidistantes lo tenemos crudo en una sociedad tan agriamente polarizada, adscrita al blanco o al negro, que se lanza eslóganes (que no argumentos) de una a otra trinchera. No estamos bien vistos e incluso puede que nos llamen nenazas en más de un foro. O cosas peores. Lo tenemos crudo, tanto que, en fecha de hoy, presento mi dimisión irrevocable e irreversible como columnista decano de Es Diari. Se acabó, cuarenta y siete años de cobardes equidistancias son suficientes. Kaputt.
P.S El último párrafo es una inocentada propia del primero de abril, tradicional en estos lares.

martes, marzo 30, 2010

Monjas

Cuando hace tres años compartí tertulia televisiva en IB-3 con la monja benedictina Teresa Forcades sufrí un shock: la monja, que además es médico master en salud pública y teóloga de carrera, se situó en la franja más progresista del elenco (hablábamos de la Iglesia, en general), abogando por el fin del celibato y la entrada de la mujer en el sacerdocio. De hecho susurré a mis compañeros de coalición "progre" que callaran y la dejaran hablar a ella, que ya se encargaba de minar las posiciones "retro" de sus coligados. Años más tarde se haría famosa por su atinado cuestionamiento de la vacuna de la "nueva" gripe...
Ahora, acostumbrado resignadamente a las proclamas apocalípticas de moseñor Rouco y sobre todo de su sonriente edecán ¿Martínez Somalo?, revivo como admirador de la figura humana de Jesús de Nazareth con las declaraciones que efectúa otra monja, Sor Llúcia Caram en el diario Última Hora-Menorca en las que manifiesta, por ejemplo en el asunto del aborto, que " Jo em cuidaria molt de condemnar d'una manera tant lleugera els qui ha, votat o tingut un plantejament diferent"... "Els legisladors han garantit la llibertat de conciència dels metges, que las decisions que prengui la dona de cap manera la puguin dur a la presó"... "El sexe, és potser una expressió oberta a la vida de la parella, dels dos. Una expressió legitima"...
Sobre el celibato: " Si existís l'opció lliure al celibat s'evitarien problemes com aquests, El que no sàsumeix lliurement o igual s'asumeix perqè no hi altre remei, surt en forma de patologia"...
Sobre el sacerdocio femenino: " Si al govern del Vaticà hi hagués dones que estiguessin al despatx de la diplomàcia, les coses serien diferents i molts conflictes potser, se resoldrien d'un altre manera"...
La figura de Jesús: "Jesús mai volgué formar cap doctrina, simplement un grup d'amics per viure la passió del Regne, per alliberar la gent, anunciar la bona nova al servei dels més pobres"... "A Jesús el van condemnar, me pregunto si avui el tribunal de la congregació de la doctrina per la fe al salvaria"...
No todo está perdido en la viña del Señor...

sábado, marzo 27, 2010

Madrid no arde

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 27 marzo
Confieso de entrada que este no es el titular que tenía en mente cuando tomaba el vuelo a Madrid el pasado fin de semana. Influenciado como estaba por las tertulias políticas de los medios, casi siempre flamígeras las radicadas en La Villa et Corte, con patrias desmembradas, presuntos contubernios con terroristas y familias amenazadas por pérfidos laicistas, y persuadido por la creciente (y deliciosa) amenaza de una Cibeles cubierta de banderas azulgranas y ¡Oh, cielos, catalanas!, la verdad es que pensaba encabezar la columna con un apocalíptico ¡Arde Madrid!...¿Debía permitir que la realidad me estropeara un buen titular?
Hete aquí que me encuentro la ciudad tan acogedora y amable como siempre, sin vestigios del fin del mundo que anuncian un día sí y otro también sus voceros mediáticos, empeñados en una permanente cruzada contra el sosiego que intentan contagiar de forma contumaz al resto de España. Vocingleros y desmesurados, acuden con notable frecuencia a un Santiago y cierra España que es contemplado con cierta distancia irónica desde el Mediterráneo, un poco al estilo de Obélix: “¡Están locos estos españoles!”. Y es que, aunque las cosas anden mal en nuestro país de países, hay miradas que hielan la sangre.
Madrid se ofrece al visitante como lo que es, una de las ciudades más hospitalarias del mundo, a la que como a París y Londres me gusta volver de tanto en tanto, aunque mi estómago lo resista cada vez peor. Porque claro, uno no calibra el paso del tiempo y pretender iniciar un fin de semana familiar en Madrid comiendo callos y huevos estrellados en Lucio es lo más parecido a un deliberado intento por arruinar el viaje quedándose en el hotel escuchando tertulias intereconómicas a ritmo de almax. Menos mal que todo queda en soportable pesadez y tras un prudencial reposo y un tratamiento a base de bacalao pil pil (la inmensa fortuna de tener unas cuñadas con buen gusto culinario) los ácidos vuelven a su cauce orgánico y hasta nos podemos dar un garbeo por el mercado de San Miguel, reconvertido en flamante parque temático de tapas y delicatesen varias (imprescindible).
Pero había ido a los madriles a mostrar la buena nueva de mi libro a familiares y amigos, y atar cabos con Joan Cantavella, ex director de Es Diari y catedrático de periodismo, para el acto de presentación en el Ateneo de Maó / Mahón (el próximo día 9, my friends), y también a comprobar el estado real de ese español cabreado que propagan los medios como contrapunto al catalá emprenyat que ha acuñado el brillante corresponsal de La Vanguardia en Madrid Enric Juliana. Esperaba encontrarme bares y hoteles tapizados con páginas de La Razón y La Gaceta, banderas españolas y merengues por doquier, gentes airadas por la crisis y la eliminación de la Champions y nos topamos con la ciudad alegre y confiada de siempre, encantada con el visitante aunque comprara en el quiosco La Vanguardia y El Mundo Deportivo.
La Gran Vía sigue en efervescencia día y noche, Chicote es otra cosa pero está, y la espléndida Casa del Libro continúa marcando la pauta literaria pese a la cercanía del beligerante Fnac donde además puedes hacerte con una selección de cinco compactos de Miles Davis o Ella Fitzgerald por diez euros, los teatros se llenan (discreta representación de “Brujas” en el Muñoz Seca en la Plaza del Carmen), el chocolate con churros sigue siendo el desayuno por excelencia, el Rastro, ¡ay el Rastro con sus libros de ocasión bajo el liderazgo del cicerone Cantavella! : la Causa General sobre el rojerío, la vida de San Luis Gonzaga, comics ancestrales (me llevo un recopilatorio del Cosaco Verde para futuras veladas con mi inminente nieta, mesquineta la que le espera)… ¿Y el arte? Desde que gusta a todo el mundo o todo el mundo hace como que le gusta, no hay forma de ir a una exposición salvo cola de hora y media en la calle. A las puertas de la Fundación Mapfre nos quedamos sin impresionistas. No a este precio, la carne es débil.
Pero faltaba superar la prueba definitiva para confirmar que la capital de las Españas no arde por los cuatro costados: ver el partido del Barça en un lugar público y no morir en el intento. Bar con pantalla gigante en los aledaños de la Gran Vía con esposa aragonesa y sobrino vasco, todos blaugrana, of course. Gol de Messi. Me contengo unas décimas de segundo, las justas antes de que el público realmente existente-ingleses en su mayoría, bien es cierto- prorrumpa en aplausos. Me levanto y canto el gol una, dos, tres y cuatro veces. Los ingleses, someramente cocidos berrean y los del bar (presuntos atléticos o agnósticos) sonríen, condescendientes. Definitivamente Madrid no arde aunque no sé lo que puede ocurrir si un día no lejano en La Cibeles… En fin, I love Madrid.

miércoles, marzo 24, 2010

Sanidad razonable

Me pregunta un bloguero por mi opinión sobre la recién aprobada reforma sanitaria de Obama y me parece pertinente: al fin y al cabo soy médico y tengo experiencia tanto en la sanidad pública como privada. Y empecemos con un prejuicio: el solo hecho de que la oposición republicana y toda esa carcundia del tea party se haya puesto tan borde con el asunto ya me predispone a favor de Obama y sus planes...
Dicho eso, añadamos que soy partidario de una razonable sanidad pública que no deje a nadie tirado en la cuneta por no disponer de recursos económicos y esto está pasando en el sistema americano donde primas abusivas, franquicias absurdas y exclusiones salvajes de los seguros privados podían arruinar a una familia con un problema de salud importante. Claro que en el reino del ¡allá tú! esto no sea más que pecata minuta.
He dicho sanidad pública razonable y me temo que la nuestra tampoco lo sea. La espiral del gasto por las nuevas tecnologías, el envejecimiento de la población, la atención a la población inmigrante que se trae a sus familiares para que se les opere aquí de lo que sea, configuran un escenario insostenible a medio plazo. Adaptar las prestaciones al tiempo cotizado y sobre todo el copago según renta son reformas que cuanto más se aplacen peor para el sistema que, a mi juicio, debería centrarse en mantener su espléndida red hospitalaria para enfermedades serias, las que no puede pagarse el común de los mortales y liberalizar la primera asistencia con la entrada de mutualidades privadas, etcétera.
En fin, es un asunto complejo en el que Obama, para volver al inicio, ha conseguido una victoria importante que no es semilla de comunismo alguno como dicen los fanáticos neocon sino elemental solidaridad social. Tampoco sería pérfida liberalización lo que propongo para nuestro sistema, pero en fin, ya sabemos que a los fundamentalistas les encanta la taxonomía.

jueves, marzo 18, 2010

El síndrome de la Cibeles

Resulta que el año pasado había un "estado de canguelo" en Cataluña por una hipotética remontada del Real Madrid en la Liga. Habíanse instalado unos sofisticados instrumentos para medirlo que se llamaban "cagómetros", mientras crecía y crecía la euforia blanca ante cada nueva victoria. Luego llegó lo que llegó, el famoso set 2-6 y si te visto no me acuerdo.
Esta temporada, desechado el canguelo, se hablaba del "villarato", espesa teoría conspirativa que explicaría los repetidos éxitos del equipo de Guardiola, y se montó un enorme dispendio económico para lavar la afrenta del año pasado. Se abrieron viejos baúles con el tesoro del abuelito (ADN europeo, Florentino dixit) para preparar el retorno del Realísimo a "su" competición cuya final sería un trámite para llegar a "la décima", que acabaría con su aúreo plumazo con el ofensivo espejismo azulgrana... Las cosas volverían por fin a su sitio natural.
Pero hete aquí que no. Ni habrá final blanca en el Bernabéu ni décima. Y no sólo eso sino que en el horizonte amenaza borrasca, ni más ni menos que una tormenta perfecta: la posibilidad cada día más cercana de que el Barça juegue la final del Bernabéu y aquella noche la Cibeles aparezca cubierta de banderas azulgranas y ¡horror!, catalanas.
¿Que hará la lideresa Esperanza Aguirre para paliar los efectos colaterales del canguelo cibelero que se ha instalado en los madriles? ¿ Capote torero? ¿Rebelión estilo tea party? ¿Prohibición urbi et orbi de manifestaciones de euforia deportiva? Atentos a la pantalla.

sábado, marzo 13, 2010

El cine, al rescate

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 13 marz0
Estaba uno en ese vivir sin vivir en sí propio de la situación, agravada por el frío estepario, mientras al atardecer me dirigía a Radio Es Castell para una entrevista sobre mi flamante libro. El mediodía en Cales Fonts, bajo un sol tibio, me había proporcionado un poco de sosiego, asentado luego al calor del hogar con una magnífica paella de verduras de ella regada con rioja sin la habitual mesura impuesta por el código de circulación cuando comes fuera. Instalado en la placidez me vino a la cabeza el viejo chiste de Forges, en el que “Mariano” se pone el delantal y espeta a su mujer: “Cariño, hoy hago yo la comida, ¿dónde está la cocina?”… Vamos que entre unas cosas y otras uno empezaba a olvidarse de las zozobras de la crisis y de ese invierno largo y escalofriante…
Pero hete aquí que aparcas en los aledaños de la Explanada después de meses sin pisarla y sientes un vahído desconcertante: ¿Estoy en Es Castell o en Budapest? Porque al irrumpir en la plaza uno se ve transportado a uno de esos desangelados espacios urbanos de la Europa del Este, enormidades áridamente vacías, gélidas e inhóspitas. Mientras atravesaba aquel páramo rumbo a la emisora empecé a pensar en temas para este artículo y sólo se me ocurrían asuntos más o menos sombríos y / o inextricables: la pintoresca cacería del juez Garzón, el castizo capote de Esperanza Aguirre, sus rebeliones “cívicas”, las baladronadas de Hugo Chávez, los timoratos balbuceos de Moratinos, el aumento del paro, la bajada de reservas de plazas turísticas, los sucesivos terremotos (Ay, ay, ay, ¿se estará cabreando Jehová?), el frío calentamiento del planeta, la temida soledad de mi libro en las estanterías…
Tras la entrevista radiofónica, en la que traté de hablar de mi inventario de perplejidades, decidí dejar el artículo en suspenso. No quiero ser un columnista plasta dando la tabarra con el apocalipsis que nos asuela. Lo escribe hoy mismo Elvira Lindo en El País, yo también prefiero el articulista extravagante al previsible y por tanto prescindible. Así que al llegar a casa, en lugar de escribir, exhumo el deuvedé de “Un americano en París” para revivir la melodía de Gershwin que nos regalara el otro día la orquesta de cámara Illa de Menorca en el Principal, y también para no tener que oír ditirambos a la magna victoria merengue del día anterior (el que este año se lave la afrenta blaugrana parece una cuestión de Estado), que todo hay que decirlo, y mañana será otro día.
Y vaya si lo es cuando escucho, aún entre sábanas, las noticias de la radio y me entero de que “Avatar” no ha ganado más que la consolación y “El secreto de sus ojos” se ha llevado el premio a la mejor película extranjera. Y no porque tenga nada contra el film de James Cameron, que no he visto (tuve suficiente dosis con el trailer-engrescador) sino porque entiendo que el cine es, debe seguir siendo otra cosa, más allá de la informática, sus trucos digitales, y sus muñecos de colorines. La película de Campanella sí habla de sentimientos y conflictos humanos, de tristezas y alegrías, éxitos y fracasos, trenes perdidos, amistad, amor y desamor, ternura y brutalidad, a través de una historia bien contada (detrás hay un guión digno de tal nombre) y mejor interpretada por unos actores que te llevan de paseo por los senderos de una vida que en algún momento puede ser la tuya. Cine sin pirotecnias, arte en suma.
También me alegro por ese monumental actor que es Jeff Bridges, y no menos por Sandra Bullock, capaz de ganar el mismo año el oscar a la mejor actriz y el premio Razzie a la peor. Me gusta la Bullock por lo mismo que George Clooney, porque ninguno de los dos parece tomarse en serio a sí mismo, son actores auto paródicos y creo que este mundo tan repleto de gente pagada de sí misma y por tanto, sumamente peligrosa, necesita personajes emblemáticos dispuestos a reírse de su propia sombra, que es la forma de humor más sutil e inteligente, la única que realmente merece la pena. Salud, Sandra, salud, George.
Así que empieza una nueva semana y de nuevo soy capaz de sonreír gracias a ese embeleco mágico que es el cine. Claro que aún no sabía que el jueves amanecería tan radiante y con otra extraordinaria película en cartelera, El Rey Lyon, que con exiguo presupuesto logra derrotar a la millonaria Galaxia II en el agujero negro en un certamen europeo. Cosas del cine.

jueves, marzo 11, 2010

El perro que salió volando

Estaba muerto de frío y temores sentado ante la tele con mi perra Tronya en mi regazo. El Realísimo iba ganando y todo hacía presagiar otro alud de patrioterismo deportivo en los medios. Entonces sucedió el prodigio: Tronya salió despedida y yo me encontré de pie vociferando entusiasmado ante la caja tonta. Gol del Lyon.
El porqué de tal reacción, ajena a mi acreditado talante british me tiene hoy sumido en un mar de profundas cogitaciones. A nadie puedo ocultar mi filiación culé, pero ni en las más históricas victorias suelo reaccionar con semejante aparato de rayos y truenos. ¿Por qué ayer, con ocasión de una derrota? Porque nada que ver tengo con Lyon donde sólo estado una vez en mi vida, y aunque comí muy bien en su mítico Bocusse, poco me importaban sus avatares deportivos... hasta ayer.
¿Por qué en mi fuero interno deseaba tanto la derrota merengue? No era novedad, repito, toda la vida les he deseado el mayor mal deportivo posible (y así me ha ido), pero nunca había reaccionado como anoche. ¿Será por esa creciente, sebosa e insoportable arrogancia de que hace gala gan parte del madridismo y la mayoría de medios de comunicación nacionales y que este año ha alcanzado cotas inimaginables? Será.

sábado, marzo 06, 2010

Provocaciones

Como sea que veo estas páginas un tanto aletargadas, voy a intentar activar las brasas. Primera paletada: Lo de Garzón me sigue pareciendo una cacería inmunda y, a mi juicio, que lo subyace es, venganzas aparte, el intento de acabar con la trayectoria jurídica del caso Gürtel, como se hizo con el caso Naseiro. En estos asuntos la derecha siempree es hábil...
Segunda: Se piense lo que se piense de las corridas de toros-a mí me parecen un atavismo-, el debate en el Parlament de Catalunya es un ejercicio democrático de primer orden, nacido por iniciativa popular, no gubernamental. No lo invalida el que detrás de algunas posturas anide un sentimiento antiespañol, como tampoco la españolísima irrupción de la señora Aguirre. Esencialmente es un debate moral sobre el maltrato a los animales y su conversión en espectáculo.
Hala, a debatir.

sábado, febrero 27, 2010

Delicias de la crisis

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 27 febrero
A Paqui, musa de la austeridad. Y a Vicent Lluís, correligionario.

No todo va a ser llanto y crujir de dientes a cuenta de la crisis. Quienes nos pasamos la vida apagando luces, cenando de las sobras del mediodía o llevando zapatos al remendón, más por reflejo atávico que por ahorrar, aunque también, ahora nos sentimos rehabilitados, qué quieren que les diga. Después de soportar chanzas, sarcasmos y algún que otro mote como el de “posguerrines”, alusivo a nuestra infancia de flechas y pelayos en la que la austeridad era la norma (como la castidad, la devoción, el patrioterismo, y tantas otras cosas que supuestamente nos hacían personas de profit), ahora que ha explotado la burbuja vemos que muchos de nuestros debeladores, transformando la necesidad en virtud, intentan desesperadamente hacer méritos para entrar en la secta.
Pero me temo que no es tan fácil cambiar la inercia (¿el chip?) de quienes durante la época de la xalada perpètua recién extinguida se habían apuntado con armas y bagajes al turboconsumismo de productos efímeros, innecesarios y perfectamente inútiles, extasiados ante la imagen fílmica del ejecutivo que en lugar de echar la camisa sucia a la lavadora la tira a la basura mientras desgarra displicentemente el celofán de la nueva. O adoptan la pose de quien para mitigar los efectos de un estornudo gasta una docena de kleenex en vez de usar un tradicional pañuelo de hilo y guardarse los mocos en el bolsillo como nos enseñaban a los “posguerrines” para que fuéramos adquiriendo conciencia ecológica. O de quienes abandonan la nevera en el contenedor de basuras ante la primera vibración, o la tele a la primera nevada en la pantalla, o de quienes dan la vuelta al mundo tirando de tarjeta de crédito, o de quienes vuelven de viaje con los cachivaches más absurdos… En fin
Y que la vida del “posguerrín” no es nada fácil: el otro día casi derramo unas furtivas lágrimas mientras un técnico en ordenadores, con esa sonrisa compasiva que suele dedicarse a los dinosaurios, me asestaba el golpe letal de calificar mi precioso ordenador portátil, en el que tenía puestas todas mis complacencias, de antiguo, gagá, obsoleto (por poco no lo llama colaborador necesario de la crisis), y que debía cambiarlo inmediatamente si no quería ser objeto de befa universal. Protesté e incluso pataleé presa de un ataque de nostalgia que me llevó a recordar mi vieja bicicleta (me acuerdo de su esotérica marca: “Lobo”, ahí es nada) de segunda mano que utilicé durante toda la infancia-juventud, el seiscientos de mi padre que rodó con gallardía por las carreteras de las islas durante más de treinta años (y no me extrañaría que aún siguiera haciéndolo) o mi fort sill de madera con el que jugué a indios y vaqueros hasta casi los diecisiete años, cuando empecé a achantarme ante la perspectiva que me descubriera alguna de las chicas a las que nunca decíamos que nos gustaban pero que nos gustaban de veras (éramos muy plastas para ciertas cosas).
Ahora, gracias a la crisis y mientras Zapatero teje y desteje como una Penélope majareta, y Rajoy vegeta esperando que se ahogue en sus propias lianas, los posguerrines concienciados esperamos poder cumplir algunos sueños: ver de nuevo (cuidado amigos con la feminista de guardia, a ver si lo decimos astutamente) cómo nos cosen calcetines agujereados con aquel singular huevo de madera, o vuelven a arreglarse las tostadoras de pan o los aparatos de aire acondicionado, o se alargan o acortan pantalones para pasarlos al hermano, o se da la vuelta a los cuellos de las camisas, o cómo se forran los libros de texto, cómo no se deja ni un mendrugo en la mesa, o se llevan a arreglar las varillas de los paraguas ahora que ya han dejado de regalarlos en los simposiums, o se utilizan los reversos de los folios usados para escribir esbozos de novela o pergeñar anónimos para Internet, o cómo se insulta simplemente levantando el dedo corazón, sin desperdiciar palabras, como nos ha enseñado recientemente josemari…
Ah! Y acabar de una vez por todas con los despilfarradores menús de degustación para escarbar en los menús del día como cuando de pequeños íbamos al pionero Can Sastre de Es Castell (Villa-Carlos entonses), volver a la cocina tradicional, de pobre, como las deliciosas migas aragonesas, o nuestro tradicional arròs de la terra (el sábado pasado sin ir más lejos llevé a unos posguerrines declarados y a unos animosos aspirantes al restaurante Bósforo, en el puerto, donde Lluís Orfila me había prometido una segunda exhumación -la primera es de Ca n’ Aguedet- de tan ancestral plato, que no es arroz sino trigo molturado, con botifarró incluido: estuvo soberbio, pero los hay que aún no se han recuperado). Mi siguiente objetivo -Lluís está en ello- es recuperar las deliciosas, identitarias y baratas oranes, un postre mayestático perdido en la noche de los tiempos y que merece su lugar entre el mosaico de mousses, pies, tatins y demás mariconadas globalizadas.
Todo por la causa, al fin y al cabo: trampear como podamos volviendo a destapar el tarro de nuestras esencias. Y que chinchen los despilfarradores.

domingo, febrero 21, 2010

Menorca en la encrucijada

Algunos amigos me piden que transcriba en el blog lo que expuse en el Foro Menorca celebrado el pasado viernes en el Hotel Capri de Mahón . Aunque no lo tenía escrito, trataré de recordar lo más sustancial antes y para compensar olvidos añadiré cosas que podría haber dicho y que no dije, o sí, no recuerdo En fin, vayamos a ello.
Empecé por reconocer que no suelo pensar Menorca, sino que trato de disfrutarla, por lo que el ejercicio de reflexión a que me obligaba la invitación no prometía mucho. ¿Qué somos, cómo nos vemos los menorquines? A una pregunta semejante formulada a Churchil sobre los franceses, dijo que "no los conocía a todos como para poder opinar". Algo así podría decir pero no añadiría ninguna luz así que me remonté al pasado predemocrático, cuando estudiaba en la universidad y me preguntaban por mi origen. "Menorquín", contestaba y me replicaban instantáneamente "¡Ah, mallorquín!".
Eran tiempos predemocráticos, decía, pero cargados de una enorme ilusión democrática, en los que llegamos a confundir instrumentos y fin. Porque la democracia es sólo un instrumento, no la Arcadia feliz en la que se resolverán todos los problemas. Es lo que podríamos llamar "adanismo", la vana ilusión de empezar de cero para llegar al paraíso. En Menorca, aterrados por el modelo turístico de Mallorca e Ibiza, caímos en una especie de adanismo turístico germen de la escasa querencia histórica de los menorquines por la industria turística, mirada siempre con recelo. Creíamos-yo era uno de los pecadores- que nuestro tradicional equilibrio ( bisutería, calzado, queso) era indestructible y que el turismo tenía que ser un simple ( y despreciable) complemento, el chocolate del loro, vamos.
Luego vendría el desencanto y con él, en la isla una resignada conciencia de que necesitábamos el turismo más de lo que habíamos sospechado, así que empezamos a dedicarnos a él con aires de señorita ofendida, con displicencia y escaso rigor, con mala calidad. Pero vinieron tiempos de euforia y los menorquines nos apuntamos con armas y bagajes a los tiempos de la hipoteca globalizada, empezamos a vivir por encima de nuestras posibilidades, pero eso sí, con turismo all inclusive, dejando de lado no sólo la calidad sino también la industria tradicional, olvidando la formación profesional de los jóvenes, felices con llenarse los bolsillos en la industria turística en verano y cobrando del paro en invierno...
Hasta que el modelo salta por los aires, estallando una cuádruple crisis: la financiera del mercado desregulado, la intelectual que confunde cultura y entretenimiento( pérdida de elites, líderes), la política, con la instalación en las respectivas trincheras y la sustitución del argumento por el eslógan y la del llamado turboconsumismo. Menorca la sufre más que sus islas hermanas, instaladas en una potente inercia turística, y entra en fase de estupor ante episodios que trastocan sus certidumbres más arraigadas como los asaltos violentos a domicilios privados, o evidencias de que algo se está haciendo muy mal cuando nuestra ancestral feria de turismo marcha a Palma o cuando no se facilita la instalación en la isla de proyectos tan interesantes con el de la bodega de Torralbenc Vell.
¿Y el futuro? Pienso que a corto y medio plazo es preocupante, pero a largo plazo, el grado de preservación actual de nuestra isla nos confiere un plus precioso para hacer las cosas bien si nos ponemos las pilas: un modelo singularizado basado en nuestras calas vírgenes, el camí de cavalls, nuestro acervo prehistórico, la época de las dominaciones inglesa y francesa, nuestro peculiarísimo siglo XVIII, nuestra afición operística... ¿Por qué no especializar nuestro fantástico teatro principal en ópera mozartiana durante todo el año? Intentar atraer residentes de renta media-alta, jubilados europeos, localización de empresas o de departamentos de empresas a lo largo del año...
Pero para ello, la sociedad civil, la tradicionalmente activa y brillante sociedad civil menorquina, debe despertar de su letargo, olvidarse del corrosivo pel que és Menorca n'hi ha prou y ponerse manos a la obra. Ya no nos podemos permitir una cosa que estigui bé sino que hay que hacerlo definitivamente bien. Nos va el futuro en ello.

martes, febrero 16, 2010

Asuntos peliagudos

Crisis aparte, escucho como todas las mañanas la radio-diferentes emisoras-y me preocupan especialmente dos aspectos de la actualidad porque inciden en puntos muy sensibles de la estructura del Estado democrático. La primera, la del presunto chivatazo de la policía a los terroristas para que levantaran el vuelo y no fueran pillados durante las últimas negociaciones con ETA. De confirmarse y sustanciarse jurídicamente, sería un escándalo tanto o más grave que el terrorismo de Estado de infausto recuerdo. Que la policía, ministerio del interior o quien sea del aparato estatal alerte a unos terroristas haya o no tregua, haya o no negociación, es más de lo que lo que cualquier sensibilidad democrática puede aceptar.
El otro asunto es el del procesamiento del juez Garzón a instancias de entidades de más que dudosa procedencia e intenciones por su intento de investigar algunos crímenes del franquismo y ayudar en la localización de fosas comunes. Al parecer, el juez "campeador" habría incurrido en el delito de prevaricación por cuanto no le correspondía investigar algo ya amnistiado, etcétera. Sin entrar en disquisiciones jurídicas en las que soy ignorante, los argumentos utilizados para procesarle parecen notablemente rebuscados y podría decirse que suenan a "vendetta" por parte de antiguos compañeros de carrera y, cuando menos, torticeras intenciones por parte de sectores de la derecha cavernaria.
Garzón no deja indiferente a nadie, para lo bueno y para lo peor, pero a su vez nadie puede negarle arrojo y entrega. Quienes le acusan de izquierdismo doctrinario parecen olvidar que nadie como él contribuyó a la caída del felipismo con sus investigaciones sobre el GAL y nadie puede pasar por alto su enorme contribución a la lucha antiterrosista y contra la impunidad de las dictaduras como la de Pinochet. No sería una buena noticia para la democracia su salida de la Audiencia Nacional por la puerta falsa.

sábado, febrero 13, 2010

En la carretera… ¿Hacia ninguna parte?

Publicado en Diario Menorca el sábado 13 Febrero
A la vuelta de un viaje profesional (no sé si a un congreso o a un circo, corren tiempos de confusión entre ciencia y mercadotecnia) por tierras ilicitanas y, tras comprobar con resignación que mi nuevo libro aún sigue en el limbo del “vuelva usted mañana”, repaso la prensa menorquina y me encuentro con algunas noticias que merecerían ser incluidas en el Inventario de perplejidades, después de la resaca del exilio de Sebime a Palma: el brutal asalto a la casa de unas ancianas en pleno centro de Mahón y la despavorida huida del arquitecto que planeaba una vanguardista bodega en el alicaído campo menorquín (Torralbenc Vell, Alaior) “por las continuas trabas burocrático-institucionales”.
Para olvidar penas (acrecentadas por el horrible partido de fútbol matinal en Bintaufa), nada mejor que aprovechar los tibios rayos de sol con una cañita en Cala Figuera, unas croquetas y algo de conversación. Nos encontramos con unos amigos madrileños náufragos de febrero en la reserva de la biosfera.
-¿Qué tal el fin de semana?
-¿Qué hacéis vosotros un sábado invernal por la tarde en Mahón?-nos contestan a la gallega.
-Hombre, veréis, entre la Liga inglesa, un poco de lectura y Ocimax, vamos tirando. ¿Y vosotros?-insistí con curiosidad suicida.
-¿Te refieres al cine? Quita, quita… Nos salimos de la sala a la media hora.
-No me digas que se os ocurrió ir a ver “La carretera”.
-Pues sí, la ponían muy bien…
-No es la mejor idea para un sábado de febrero en el far west menorquín. Leí el libro hace un par de años y, tras la apocalíptica aventura de padre e hijo ( ¿por el Carrer Nou un sábado de tramontanada por la tarde?), me tuve que someter a una cura antidepresiva de caballo a base de Woody Allen, Chaplin, La vida de Brian, y la colección completa de Asterix y Obelix. Mala elección, amigos, para una tarde de genuino invierno menorquín.
-No tuvimos otra: bares y restaurantes cerrados y un frío de muerte en nuestro apartamento. Después de la fallida sesión de cine acabamos durmiendo en un hotel… también desolado.
La anécdota es ilustrativa de los tiempos que corren. Y es que el paisaje social ciudadano de nuestra isla, sólo faltaba la imagen de las ancianas golpeadas, es casi tan acongojante como el que describe Corman Mc Carthy en su novela. La clase política levita en un mundo virtual, en su propio show de Truman, las tiendas cerradas, bares y restaurantes en stand by, sin capacidad de prever ni prevenir ni mucho menos solucionar (el abecé del buen político, como el del médico sería curar cuando se pueda pero aliviar, siempre), y sin reflejos suficientes para agilizar / facilitar iniciativas emprendedoras, desenredando mallas burocráticas. La sociedad civil, antaño esplendorosa, deambula en la carretera, encapsulada en su burbuja de engañoso bienestar, dando tumbos hacia no sabe dónde, acechada por peligros insospechados en un hábitat hasta ahora alcanforado y seguro como el claustro materno.
El lunes por la mañana, apenas recuperado de los efectos colaterales del Villarato, la conspiración cósmica que trata de impedir que el Real Madrid lave la afrenta de las seis copas y los seis goles, voy a la frutería a por las últimas pomas de nadal y mi lado un cliente está hablando con la vendedora:
-¿Qué le debo por esta patata?
Joder con la crisis que era sólo desaceleración acelerada…

sábado, febrero 06, 2010

Crisis

El blogero ha estado unos días fuera, de congreso profesional en Elche. Bonita ciudad, tamaño pequeño, como Palma, zonas verdes coronadas por abundantes palmerales, seña de identidad como la Dama. Pero no he ido de turismo sino por cuestiones de trabajo así que no puedo contar mucho, más allá de alguna que otra conversación con los taxistas que me han traído y lllevado de un hotel situado ¡en un polígono industrial! Según su acento me dirigía a ellos en catalán o castellano, como en los kioskos en que entré a comprar "Información", su periódico regional de referencia, y en ambos casos, la entente esra cordial, como de "colegas" mediterráneos y de idioma ( por mucho que algunos quieran diferenciarlo por cuestiones políticas espúreas, es el mismo).
Bien, los taxistas, que curiosamente no sintonizaban "Intereconomía", la sucesora de la COPE, me explicaron que allí los chinos han hundido la industria del calzado, instalándose masivamente en el poligono donde he vivido un par de días y produciendo zapatos como churros. Claro que escarbando un poco, la cosa empezó cuando los empresarios ilicitanos "deslocalizaron" sus empresas en China para abaratar costes... Y los chinos que son muy disciplinados pero no tontos entendieron que ellos lo podrían hacer en origen y ganar una pasta gansa.
En el hotel, de una conocida cadena, el recepcionista hacía de barman y me sirvió una ensalada mientras atendía el teléfono e ingresaba huéspedes. En fin, son diversos aspectos de una crisis que se ve, se siente hasta la congoja generalizada. Si será así que hasta el presidente campeón del laicismo reza...

sábado, enero 30, 2010

¡Para lo que hay que ver!

Publicado en Diario Menorca el sábado 30 enero


A Mario Delgado, quien aún tiene mucho que mirar

Mi antigua enfermera del Seguro, con la que aún comento la jugada de vez en cuando, solía apuntar las frases célebres que de vez en cuando pronunciaban los pacientes a la hora de atribuir sus dolencias a las causas más peregrinas. Y es que a todos nos gusta saber por qué nos ocurre esto o aquello y, aunque a algunos escépticos crónicos nos pueda satisfacer atribuirlo al azar o simplemente a causas hoy por hoy desconocidas, la mayoría busca certidumbres. Así, recuerdo siempre a aquella madre que había encontrado la causa irrebatible a la bizquera de su hijo: “Mi hijo tuerce la vista porque hice mucha calceta durante el embarazo”, nos dijo con irrebatible seguridad. Ni que decir tiene que no traté de refutar su argumento, lo importante era que colaborara en el tratamiento de su hijo.
Aunque en nuestro entorno el pensamiento mágico ha remitido, aunque tampoco estoy muy seguro, sustituido por las melifluas aportaciones de los Coehlo, Bucay y compañía, de la misma forma que las diversas intrigas catedralicias van ocupando el lugar de la literatura, siguen sorprendiéndome algunas explicaciones que escucho en la consulta. Últimamente me llama la atención la resistencia (en gentes de todo origen, género y extracción social) a reconocer que la visión de uno es manifiestamente mejorable.
-Pues no he notado nada, veo la mar de bien.
-¿Qué letra es aquélla?
-¡Hombre, doctor, en la vida normal no hay letras tan pequeñas!
Luego viene la graduación, artesanal (personalizada, dirían hoy), como nos gusta hacerla a los especialistas veteranos.
-Lea ahora.
-Bueno, sí, pero no necesito ver tanto.
- Hombre, si puede ver bien- trato de argumentar-, ¿por qué conformarse con menos?
Y entonces suele ocurrir el prodigio que me deja perplejo.
-¡Total, para lo que hay que ver!
Según el tipo de paciente puedo hablarle como el lobo de Caperucita de “para ver mejor” el excelso juego del Barça y /o las suculentas curvas de Megan Fox, o leer mejor el último libro de Paul Auster, o contemplar por televisión sin perder detalle el inminente rezo de Zapatero en Washington, descifrar la letra pequeña de la herencia del señor Balada o de la supersónica sentencia del caso Fundación, pero en general uno se queda cautivo y desarmado ante semejante respuesta en plena era del vivir a tope.
“¿Qué le digo ahora?” es mi dilema en estos casos y, aunque mi obligación profesional es persuadir, mi devoción es vivir y dejar vivir (por ejemplo, ¿quién obliga a un no fumador a entrar en un local donde “se permita fumar”?, o como me decía el otro día el amigo asturiano, ¿por qué no rotulan también con fotos de borrachos comatosos las botellas de gin?, o ¿por qué no pintan un pene coronado de llagas en los anuncios luminosos de los clubes de alterne?). Al final y por instinto de conservación de la especie suelo recomendar que al menos se pongan las gafas para conducir. Así que para qué va a romper uno su libérrima ensoñación visual…o su coquetería. Total, ¡para lo que hay que ver!

jueves, enero 28, 2010

Los peligros de la Red

Me llegan retazos del manifiesto de un tal Jaron Lanier, quien al parecer es un gurú de la Red que él contribuyó a articular. Atención: "Internet ya no es lo que era. Lo que empezó como un espacio de enriquecedor intercambio entre individuos se ha convertido en una especie de deidad colectiva" Item más: "Entronización de la masa, de la muchedumbre". Otro: " Los nuevos señores de la Red tienen por vasallos a incontables clientes crecidos en la convicción de que los productos culturales son gratis total y sus autores viven del aire".
Comenta Quim Monzó al respecto, que lo de verdad es arriesgado y valiente es hablar de la masa, de esa muchedumbre que antes daba sus opiniones en el bar, mientras se comía un pincho de tortilla, y nos explicaba cómo había que dirigir el país o cómo solucionaría "lo de la inmigración". Pero la masa, continúa Monzó, ya no da sus opiniones en la barra de un bar sino en los foros de internet, con seudónimo y total impunidad... Fíjense en el vapuleo, concluye, al que someten a todo aquel que se atreve a criticar el dogma según el cual la piratería-la descarga ilegal de canciones, pongamos-es uno de los derechos humanos básicos...
Que nadie se sienta aludido, pero sí todos concernidos. La Red es un maravilloso instrumento de comunicación y expansión de la cultura pero también de idiotización colectiva. Ojo al parche.

sábado, enero 23, 2010

La letra, con crisis, entra (¿O no?)

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 23 Enero

Despedimos una década escasamente prodigiosa con la sensación de haber recibido algunas lecciones con el ancestral método pedagógico, hoy políticamente incorrectísimo, de “la letra con sangre entra”, pero el derroche de hemoglobina no lo ha provocado aquí el cachete o la regla del maestro sino la crudeza de una crisis económica que, habiendo rozado el larguero de la Gran Depresión, ha metido un gol por toda la escuadra a la psicología colectiva que había llegado a creer que tenía el mundo a sus pies y se encuentra ahora a pies de los caballos.
Instalados en el nirvana de la euforia perpetua por el crecimiento sostenido de los últimos lustros, imbuidos del carpe diem de la opulencia incesante, lo quisimos todo aquí y ahora aunque fuera vendiendo nuestra alma al diablo de la hipoteca globalizada y de pronto, casi por ensalmo, nos vemos sumidos en un estado de estupor cósmico causado por una conjunción planetaria más extraordinaria que la anunciada por Leire Pajín, la que reúne la quiebra del enorme caudal de fe depositado en el dios Mercado como único garante de la armonía y riqueza terrenales, la súbita conciencia del desvarío turboconsumista, la derrota (¿irreversible?) del pensamiento ilustrado con sus efectos colaterales de idiotización generalizada y pérdida de entidad de las elites dirigentes, y la creciente guerra de trincheras en el discurso político, donde tener razón o tratar de argumentar tiene mucha menos importancia que la victoria de los nuestros.
Este estado de perplejidad cósmica es terreno abonado no sólo para todo tipo de populismos sino para la más amplia cosecha de mayestáticas falacias, como la proveniente de la galaxia liberal que, al más puro estilo de aquellos viejos comunistas que argumentaban que el comunismo no ha fracasado porque nunca se aplicó realmente, insisten en que no ha fallado el Mercado sino que el Estado, con sus torticeras injerencias, es el que lo hecho zozobrar y que con más madera (más bajadas de impuestos y más liberalización) las aguas volverán a su cauce.
El asunto es que en el comienzo de la nueva década nos vemos pobres, gobernados por mediocres (sea la insoportable levedad del zapaterismo, la desfachatez berlusconiana o el histérico hiperactivismo del marido de Carla Bruni), acosados por una internacional terrorista que no ceja en su empeño nihilista y destructivo (nos vamos a enterar de lo que vale el peine de la utópica seguridad en los aeropuertos) y en plena efervescencia del discurso xenófobo y /o demagógico que lamentablemente sustituye al debate serio y riguroso, única vía capaz de articular un planteamiento común y humanitario ( Europa nunca puede perder de vista que hablamos de seres humanos) sobre flujos migratorios e integración social.
Pero no hay que desesperar, puede que hayamos entendido de una vez que el Mercado es la mejor (única) manera de asignación de recursos, pero que tiene que estar sometido a sistemas de regulación transparentes y eficientes, que las normas están para cumplirlas y no para sortearlas con nuestra proverbial picardía, que la Educación es básica para reconvertir no sólo el modelo productivo sino el cultural y, en fin, que se puede vivir de una manera más calmada, restaurando los elementales principios del aplazamiento de la satisfacción de deseos y la sabia renuncia de los claramente irrealizables, el sentido de la responsabilidad, mesura, y prudencia, imbuirnos de la necesidad de unos comportamientos más austeros…
Los que no sabemos si han aprendido algo son nuestros políticos, cómodamente instalados en sus trincheras de eslóganes y obediencia ciega, y que en el fondo no son más que el fiel reflejo de una ciudadanía más proclive a la adhesión inquebrantable que al contraste de pareceres, más amantes del show business (¿qué puñetas pintan en el FITUR de la crisis todos nuestros políticos, además de hacerse la foto?) que de la reflexión, la duda y el trabajo riguroso. Pero esa sería otra.

viernes, enero 15, 2010

Cuando las derrotas son hermosas

Publicado en "Diario Menorca" el viernes 15 enero

En mis largos años de entrenador juvenil de fútbol me empeñé siempre en que los chicos aprendieran a relativizar las derrotas. Nunca he entendido que el objetivo primordial del deporte sea la victoria y mucho menos y como se dice ahora, “a cualquier precio” o para “pasar a la historia” con triunfos logrados a base de racanería táctica o artimañas antideportivas. No sé si mis pupilos me entendieron cabalmente, pero esa filosofía fue la que me hizo disfrutar anoche del fútbol como pocas veces lo había hecho, a pesar de que mi equipo fuera eliminado de la competición en la que defendía el título.
Mi mujer, que siempre está a mi lado en los momentos difíciles (y por tanto, también en los del Barça), no daba crédito a mi cara de felicidad al terminar el partido. “Pero… ¿No hemos perdido?”, me preguntaba. “Sí y no”, contesté sin perder un ápice de mi sonrisa. Y es que el espectáculo fue de tal magnitud, el fútbol desplegado por el equipo de Guardiola tan exquisito, que el resultado, el insuficiente triunfo, se convertía en anecdótico, completamente secundario. Como decía un Maldini (el erudito comentarista de Canal +) con expresión aún incrédula tras lo presenciado, “nunca he visto jugar así al fútbol”. Yo tampoco había visto jamás combinar un balón en los pies con tanta maestría, precisión y belleza como ha conseguido este Barça de Guardiola, un entrenador que sabe ganar sin jactancia y perder sin excesiva melancolía, tomándolo como lo que es, un puro lance del juego.
Tripletes y “sextetes” entran en la historia (seamos realistas, dejémonos ya de grandilocuentes “historias” y hablemos con más propiedad de “estadísticas deportivas”), pero lo que al aficionado de verdad – no al hooligan- le queda en la memoria son las cabriolas de Di Stéfano, las galopadas de Gento, los taconazos de Kubala, los recortes de Maradona, los cambios de ritmo de Cruyff, la excelencia táctica del Milán de Arrigo Sacci y, sobre todo, por la difusión global, esa maravilla de fútbol posicional con la guinda extraterrestre de Leo Messi que es el fútbol del Barça. Gracias por todo, incluido lo de ayer, Pep.

sábado, enero 09, 2010

Equidistantes del mundo, uníos

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 9 enero

Los internautas que frecuentan mi blog, accesible a través de la edición digital de Es Diari, han pasado de llamarme “progre relativista” y otras lindezas, a acusarme de equidistante y, aunque ellos le dan connotaciones peyorativas (vamos que no quiero ver dónde está verdad y dónde la mentira, lo bueno y lo malo, moros y cristianos, asuntos que ellos dominan a la perfección) y yo me lo tomo como casi como un elogio. Y digo “casi” porque no sé si es una virtud o un defecto, si los dubitativos crónicos somos necesarios o perniciosos, aunque a mí lo de la equidistancia me suene bien, y para tratar de discernirlo me dispongo a reflexionar sobre ello.
La fisiología, en primer lugar (genética, serotonina, etcétera), condiciona mucho. Según mi amigo Manolo Elices y otros científicos de fuste, el concepto de libre albedrío es cada vez más cuestionable. Decía Cioran, más o menos, cito de memoria, que creía en la libertad mientras el cuerpo no le llamara al orden (¿qué libertad tiene el postrado?). Y es que cada uno tiene sus condicionantes, su circunstancia. Así, uno nunca fue alto ni bajo, guapo ni horrendo (ni siquiera ahora soy completamente calvo: basta fijarse un poco para detectar un buen número de espículas pilosas pugnando por emerger), ni buen estudiante ni una calamidad (un profesor de historia me espetó un día que “era un burro con notable”), de joven me hubiera gustado trasnochar pero a esas horas siempre tuve sueño…
Luego, de mayor, seguí oficiando de equidistante metódico. Siendo de natural apacible puedo llegar a morder si me hacen comer fuera de mi horario habitual y, aunque salgo a cenar con matrimonios amigos, me suelo retirar siempre al tercer chiste alegando la insoportable soledad de mis perros en casa (la maldita somnolencia de nuevo). En fin, me gustan horrores unos vinos en compañía pero no me encuentro a gusto en un ambiente beodo con su repetitiva y cansina cháchara. Soy fanático del fútbol pero jamás vocifero ni insulto. Contento por los seis títulos conseguidos por mi equipo, este año he pedido a los Reyes sólo uno (especial, eso sí, me gustaría ganarlo en Madrit).
En mi forma de ver el mundo-que es lo que suele picar a mis debeladores cibernéticos-, también soy un equidistante de tomo y lomo. Primero fui de derechas por imperativo familiar y luego, por reacción y por lo que pude constatar en los duros tiempos de la universidad de los sesenta del pasado siglo (¡Uff!), me hice izquierdista sin crueldad y ahora- siguiendo en eso a Savater- sólo aspiro a ser un conservador sin vileza que ama las ideas que persuaden pero detesta las creencias que imponen, que no está por el igualitarismo pero sí por la igualdad de oportunidades…
Dudo constantemente (mi primer libro, a principios de los noventa, se llamó premonitoriamente “25 años de dudas” y el último, a punto de aparecer, “Inventario de perplejidades”), y puedo decir tranquila y equidistantemente que el actual gobierno me parece de una inconsistencia y frivolidad inquietantes pero también que me alarma sobremanera el anarquismo de derechas que practica la oposición desde que perdiera el poder. Creo en el libre mercado pero no en el libérrimo, causante principal de la actual y desoladora crisis. Soy partidario de la sanidad pública pero también del copago. Estoy a favor de la neutralidad religiosa del Estado (laicidad) y, por tanto, la ausencia de símbolos religiosos en la escuela pública, pero también me parece inexcusable que los jóvenes conozcan exhaustivamente la historia de las religiones así como las raíces ilustradas de Europa.
Como menorquín, abogo decididamente por el turismo pero me aterran tanto los fervorines indiscriminados por “crear riqueza” por parte de algunos asilvestrados, con la posibilidad una isla surcada por autovías y un litoral de hormigonera y all inclusive, como las exageradas y absurdas trabas y restricciones a campos de golf, puertos deportivos, mantenimiento de playas y, en general a cualquier tipo de iniciativa empresarial. Alérgico a dioses y patrias, no logro entender ni las pulsiones nacionalistas del destino manifiesto de los vaporosos Païssos, pero tampoco las de la única e indivisible (¿sagrada?) patria española. Deploro algunas exageraciones en el fomento de nuestra lengua catalana, pero aún comprendo menos ciertas fobias anticatalanistas, omnipresentes en nuestros medios y en partidos políticos de piñón fijo.
En fin, y cosas así, ni chicha ni limonada, que me hacen ser objeto de befa y escarnio por parte de los que dudan jamás, y que hacen de uno una calamidad para taxonomistas profesionales de profundas, arraigadas e inconmovibles convicciones, a quienes les gusta encasillar sin demasiados matices. Bueno-malo, verdad-mentira, etcétera. No sé si me he aclarado. Quizá sí, quizá no. Si por ahí hay algún otro equidistante que lo diga, me siento solo en el ciberespacio. Puede ser el comienzo de una bonita amistad.

lunes, enero 04, 2010

Décadas

Dejamos atrás una década nada prodigiosa tras haber pasado de un estado de euforia que creíamos perpetua a un estupor cósmico que tardará en disiparse. Nos creímos los reyes del mambo, adoramos el becerro de oro del discurso meramente economicista, quien más quien menos se hipotecó hasta las cejas para comprarse casas o cruceros alrededor del mundo, convertimos el sexo en una permanente olimpiada de hazañas atléticas y a la cultura e ilustración en kleenex usados, para pasarnos con armas y bagajes al imperio del entretenimiento univesal.
Ahora nos vemos pobres, gobernados por mediocres, frustrados por nuestras limitaciones atléticas y encima acosados por una internacional terrorista que no ceja en su empeño nihilista y destructivo. Nos vamos a enterar en los aeropuertos de lo que vale el peine de la seguridad. Pero no desesperemos, puede que hayamos entendido que el Mercado es la mejor manera de asignación de recursos, pero que tiene que estar sometido a sistemas de regulación eficientes y transparentes, que la Educación es básica para reconvertir el modelo productivo y que se puede vivir de otra manera más calmada, restaurando el principio del aplazamiento de deseos, el sentido de la responsabilidad, la prudencia, cierta austeridad elemental... En fin, son temas para la nueva década.