sábado, julio 24, 2010

El fair play, ¿un fósil?

Publicado en "Diario Menorca" el miercoles 21 de Julio


Confieso que mientras veía como Alberto Contador escapaba con toda celeridad de un Andy Schleck lancé un respingo que pretendía espolear al ciclista español en su asalto al liderato del Tour. Luego, casi enseguida, sobrevino el arrepentimiento: lo que había ocurrido no estaba bien. Aprovecharse de una caída o de una avería del rival, como en este caso, para poner tierra de por medio es, cuando menos poco elegante. Mientras me encaminaba al trabajo pensaba en lo bello y pedagógico que hubiera sido ver a Contador apearse de la bicicleta y auxiliar a su rival, que no enemigo.
También cuando mi equipo gana, sea el Barça o más recientemente, La Roja, exploto y salto como el que más y alguna vez hasta escenifico un corte de mangas a quienes yo me sé, pero al cabo de poco rato, observo si alguien se acuerda del caído y he de decir que por primera vez en muchos años lo he visto, o me ha parecido verlo en el fragor de la euforia, en el último Mundial y han sido jugadores españoles los que han acudido a consolar a algún compungido jugador rival, lo cual me ha llenado de orgullo.
Recuerdo cuando actitudes así no eran tan raras. Incluso tengo recogida en mi memoria de futbolero pata negra alguna épica renuncia a marcar gol a puerta vacía al darse cuenta el jugador al borde la gloria (¿Zaballa?) de la lesión del portero en su intento de evitar la suerte (la desdicha) suprema de todo arquero. También recuerdo con emoción el detalle de Roby Fowler, jugador entonces del Liverpool, al insistirle al árbitro, quien acababa de señalar penalti a su favor, que se había caído solo, sin intervención alguna de defensor alguno. Al no rectificar el trencilla (misión imposible, como se ha visto en el Mundial), Fowler lanzó intencionadamente fuera el penalty. Claro que sucedió en Inglaterra…
Hoy día nadie parece reclamar estas actitudes. Lo único que importa es ganar “¡Naturalmente en una sociedad competitiva!”, nos dirán Y si el rival tiene una desgracia, mañana me puede tocar a mí, que se j. Bueno, así es en la vida virtual del espectáculo deportivo…Y así nos va en la vida real.

Dietario de julio

Publicado en "Diario Menorca" el lunes 19 de Julio


15-VII-10
Todavía en plena resaca del aquelarre futbolístico del siglo pasado y el actual, ¡bendita e inocente alegría en tiempos de vacas flacas!, leo en Es Diari una carta de una visitante que se pregunta qué han hecho los catalanes para ser tan mal recibidos por estos lares. Aunque no es una actitud generalizada, ni mucho menos, no es difícil de averiguar su origen: los catalanes no se conforman con un “sano regionalismo ” y se empeñan en ser nación, invocando no sólo derechos históricos sino una patente voluntad de serlo y contraviniendo los imperecederos designios de La Única e Indisoluble Nación. Pretenden también que su simpático “dialecto” (ese que algunos castellanos de rancio abolengo hablan en la intimidad) sea lengua preferente en su comunidad como ocurre en Suiza, Canadá, Finlandia o Bélgica y, por si fuera poca osadía, atribuyen a la escuela del Barça el triunfo de La Roja ignorando el mucho más decisivo papel de la batuta de un salmantino y las paradas de un chaval de Móstoles… ¿Le parece tolerable tamaña desfachatez?
Lo que subyace, amiga, es la reticencia más antigua de los humanos, la prevención hacia el diferente, que en ocasiones se convierte en auténtica fobia.Y,a veces, en un auténtico deporte nacional. Disfrute de Menorca y no les haga demasiado caso.

16-VII-10
La autoridad competente, civil por supuesto, acaba de perpetrar el último atentado a la libertad acústica con la autorización del uso de móviles en los aviones. Primero se cargaron la mística de los trenes, esos ciempiés rodantes que, además de llevarnos de un lado a otro, nos proporcionaban unas horas de paz en las que observar el paisaje deslizante, echar una cabezadita o ¡leer un libro!, y ahora le ha llegado la hora al último reducto del silencio utópico, los aviones. Se acabó la perspectiva de un viaje de un par de horas a una ciudad europea con un libro aplazado para la ocasión. En lugar de ello, oiremos las apasionantes impresiones del vecino explicándole a su mujer que se acaba de tomar un suculento bocata de chorizo (con suerte, sin hediondos regüeldos) y que tiene unas ganas locas de verla, o las imperiosas instrucciones del ejecutivo agresivo a sus subalternos. No somos nadie y menos aún los que reivindicamos derecho al silencio en un mundo que no lo soporta.

18-VII-09
Leo la crónica mallorquina de Andreu Manresa en El País sobre las tropelías de Jaume Matas y sus acólitos y me veo en la obligación de emitir un aviso para navegantes no avezados: Menorca is not Mallorca. Aquí no tenemos munarquías absolutas, suburbanos inundados, comisiones enterradas en latas de colacao, velódromos Dubai style, palacetes a precio de saldo ni mucho menos procesiones al Juzgado de políticos esposados. Seguro que los menorquines no somos unos angelitos pero subsiste un cierto pudor. ¿Herencia inglesa, quizás?

lunes, julio 12, 2010

Iniesta e Iker contra el martirio holandés

Publicado en "Diario Menorca" el lunes 12 Julio


Lo siento por mi amigo holandés, pero lo de su selección en la final ha sido impropio de un fútbol tradicionalmente primoroso como el suyo. Más bien ha sido un martirio para los buenos aficionados que han presenciado incrédulos, impotentes y muy preocupados por la resistencia de sus corazones un espectáculo lamentable de interrupciones y jugadas violentas con el único fin, escandaloso para lo que nos tenían acostumbrados los tulipanes, de llegar a la ruleta rusa de los penalties.
Pero ahí estaban don Andrés, el jugador que más que una camiseta leva un esmoquin, para ejecutar la justicia poética que de tanto en tanto se da en el fútbol, y de forma también decisiva don Iker, el mejor portero del mundo, para dar a España su primer título mundial, ese con el que hemos soñado tantas veces los aficionados ya talluditos, y que en el partido de anoche mereció sobradamente. También don Vicente tiene su mérito: todos sus cambios, y especialmente el de Cesc, han sido acertados.
Es el triunfo de la fidelidad a un estilo al que los jugadores han servido con especial elegancia, admirablemente dirigidos por un entrenador que ha impartido una clase magistral de contención y prudencia que pone en evidencia la desmesura de algún que otro payaso que hemos visto desfilar por los banquillos. La clase y el fair play de la selección española ha conquistado el corazón de aficionados de todo el mundo que han visto el gesto, insólito hoy día, de acudir a consolar a los vencidos, con lo que tiene de valor pedagógico.
El fútbol español merecía este premio gordo y ojalá que este alegrón sirva para levantar la moral de un país alicaído. ¡ Visca Espanya!

viernes, julio 09, 2010

Sólo fútbol

Marea de banderas rojigualdas en ¡España, coño!, ya era hora claman algunos, como Carlos Herrera en Abc, "nos merecíamos un amanecer como el de hoy"."¡Ay si fuéramos unidos en todo!", haciendo de la virtud necesidad. "Una España con sello catalán", en fin son perlas que he ido espigando aquí y allá en estas vísperas de gloria incandescente que espero y deseo como el que más a pesar de mi incapacidad genética de vibrar con dioses o patrias.
Y es que a mí me gusta el fútbol en el rectángulo de juego y me gusta esta España con el sello decisivo de mi Barça, y me gusta la justicia poética que a veces se da en el fútbol, como en la vida y que premia a los excelentes. "La vida se calca sobre la superficie del césped que es en parte un sueño infantil y,en parte, un tapete de casino, igual al sí o al no de nuestra muerte, nuestra vida, nuestro amor, nuestra desdicha.", escribe hoy mismo en El País Vicente Verdú, quien tiene escrita hace muchos años una obra maestra de fútbol ("El fútbol, mitos y símbolos").
A mi me traen al pairo las banderas, digo, pero siento fervientemente esta excitación de vísperas que recorre el país. Y que no tiene nada que ver con un rebrote de sentimiento "nacional" del correcto y un retroceso de los "nacionalismos disgregadores". Se trata únicamente de fútbol y espero que nuestros chicos vayan a por ellos con armas estrictamente balompédicas.

viernes, julio 02, 2010

La obsesión catalana (II)

No se trata de "dar cancha" o no al nacionalismo identitario, como apuntan algunos post sino de dar cauce democrático a lo que existe incontestablemente, nos guste o no. Todos sabemos que es más fácil organizar un país unitario, con único sentimiento "identitario", pero no es el caso de España, donde conviven varios de ellos, fundamentalmente el español, el catalán y el vasco, todos ellos igualmente respetables.
Pero resulta que en España, donde los principales partidos se muestran pertinazmente incapaces de pactar asuntos tan sensibles y cruciales como la educación o la reforma laboral, izquierda y derecha se ponen rápidamente de acuerdo a la hora de "pararles los pies" a los catalanes. Ese es, de hecho, el primer deporte patrio y lo que llamo obsesión catalana, rasgarse las vestiduras con grandes alharacas en cuanto los catalanes toman alguna iniciativa por impecablemente democrática que sea.
A mí (ni tampoco a los ingleses ni a los canadienses) no me asusta ni me preocupa que regiones o naciones como Escocia, Quebec o Cataluña pretendan avanzar en su autogobierno siempre que respeten los procedimientos democráticos. A estas alturas del siglo XXI oír hablar de "indisolubles unidades" es irrisorio...e ilusorio, y nuestro desprestigiado Tribunal Constitucional lo repite nada menos que ocho veces en su sentencia, como una letanía capaz de conjurar el "peligro separatista".
Sólo desde la obsesión enfermiza puede entenderse que lo que es válido para otros estatutos (aprobados por la derecha española) no lo sea para Cataluña, que efectivamente tiene un problema político, porque un tribunal le ha "cepillado" ( en terminología de Alfonso Guerra) una propuesta aprobada mayoritariamente en su parlamento autonómico y negociada y aprobada también por el Congreso de los Diputados. Sí, Cataluña tiene un problema pero me temo que España también. Y bastante gordo.

martes, junio 29, 2010

La obsesión catalana

Bueno, pues llegó la dichosa sentencia, un eslabón del continuo tejer-destejer que, cual tela de Penélope, es la relación de Cataluña con España, una historia de amor-odio como las que se dan en las mejores familias. Ni contigo ni sin ti y podríamos continuar con refranes y metáforas.
Desde la esquina menorquina, tierra que fue inglesa y francesa durante casi un siglo no hace tanto, se observa la interminable contienda con cierta distancia y no sin perplejidad.
Si uno pregunta a un inglés por una hipotética escisión escocesa ( escrupulosamente democrática, por supuesto), no levantará una ceja. Idem de idem si se le pregunta a un canadiense por la separación de Quebec ( su Tribunal Constitucional ha dictaminado unas normas modélicas que crean jurisprudencia en estos casos). Pero si se plantea el tema en la vieja piel de toro llueven chuzos de punta, Madrid y aledaños se rasga las vestiduras, oscilando entre la fobia anticatalana y las invocaciones a una "indisoluble unidad" que les obliga a seguir conviviendo con esos réprobos que persiguen cual nazis redivivos a los castellano parlantes y pretenden tener más derechos que los demás...
La verdad es que el Estatut lleva ya años aplicándose y no hay noticias de que España se haya roto, ni de que los ciudadanos catalanes tengan más derechos que los extremeños o que nos esquilmen a los demás. Pero en Madrit siguen invocando a todos los dioses en aras de preservar una "indisoluble unidad" y que "nacionalidad sí pero nación ni hablar", que desde esta esquina mediterránea y en pleno siglo XXI causa cierta hilaridad. Como si la palabrería pudiera conjurar cualquier futura pretensión soberanista de esos odiosos pero "indisolublemente unidos" vecinos que se empeñan en hablar raro con lo universal y práctico que es el castellano.
A mí me gusta España tal como está pero el futuro no está escrito por muchas sentencias que se promulguen. Y es que la democracia no viene de los dioses sino de los hombres, sempiternamente veleidosos.

viernes, junio 25, 2010

Crucifijos

Los obispos españoles nos alertan de los peligros que nos acechan si retiramos los crucifijos de los colegios. Se perderán los referentes tradicionales, los valores, nuestra esencia poco menos, vienen a decirnos. Pues miren, no, con todos mis respetos. El colegio público (el concertado nutrido por fondos públicos, también) debe ser un espacio ideológicamente neutral, un lugar de encuentro entre chicos de todas las ideologías y religiones familiares donde se les enseñe que hay, que puede haber un espacio común donde entenderse. Una especie de ágora donde puedan relativizarse los variopintos prejuicios de los progenitores y los niños aprendan a tolerar posturas distintas a la suya no como quien aguanta un zumbido molesto sino partiendo de la base que pueden albergar parte de razón.
En lugar de crucifijos, tirabuzones o velos sería mejor empapelar las paredes de los colegios con periódicos de todas las tendencias para aprender a confrontar las opiniones (no todas son respetables, sólo las personas que las emiten) y convertirlas en criterio (experiencia+estudio) que es un nivel superior de los valores deliberativos. Los crucifijos son sólo parte de la verdad por muy arraigados que estén entre nosotros y por tanto no pueden imponerse como símbolo universal.

miércoles, junio 23, 2010

España va bien

Publicado en "Diario Menorca" el miércoles 23 junio

Lo acaban de proclamar las instituciones europeas, el Fondo Monetario Internacional y el propio Obama: No os deprimáis, españolitos, estáis haciendo los deberes y con cuatro recortes más os ponéis al día. Pero no es de políticas económicas que quería hablar, entre otras cosas porque el ullastre no me lo permite, sino del papel de España (el equipo estatal según algunos pirados) en el Mundial sudafricano, que al inveterado lanzador de córners le parece notable y esperanzador. Veamos por qué.
El equipo español es de los pocos, quizá el único que sabe a lo que juega. Defiende un estilo, que es el del Barça, un Barçaña sin Leo Messi (pequeño detalle), que toca y toca, abre caminos hacia el gol, genera ocasiones, menos ante Suiza pero que debieron ser suficientes para ganar de haber tenido el mínimo de suerte que todo juego basado en las piruetas de un esférico saltarín necesita, y muchas más ante la débil Honduras que debió irse con un saco de goles. Ahí está el detalle básico para el optimismo: no me preocupan las ocasiones fallidas mientras se propicien, otro día entrarán, sobre todo si el exquisito Fernando Torres recupera, como espero, a base de minutos (viene de una operación en la rodilla) su acreditado olfato goleador para complementar el poder demoledor de David Villa.
También Xavi tiene que mejorar y si no, ahí está Cesc para darle el relevo y no digamos si el sutil Iniesta se pone a tono manteniendo a raya las lesiones que le están martirizando. Y si Casillas sigue distraído con la prensa (no me extraña), tenemos a Valdés y Reina (por este orden). Los que no se distraen ni a la de tres son el señorial Piqué y el espléndido Busquets, un portento táctico en la crucial posición de pivote. Queda la duda de Navas a quien veo verde, mientras Xabi Alonso, que parece mucho más jugador que en el Madrid, aporta la variante del pase largo, utilísimo a la hora de desatascar el tiqui taca.
Por lo demás, poco destacable, ningún jugador, salvo Leo Messi, logra llamar la atención en un Mundial torturado por las vuvuzelas de los c. y los comentarios arrogantemente patrioteros de nuestros inefables comentaristas, circunstancias que me obligan a ver los partidos sin sonido. En fin, lo dicho, España va bien, es decir, juega bien, aunque esto no es ninguna garantía de éxito, no en vano alguien dijo con lucidez que el fútbol es un estado de ánimo. Y el nuestro es francamente inestable.

domingo, junio 20, 2010

Más perplejidades

Acabo de leer a dos premios nobel de Economía, Joseph Stiglitz y Paul Krugman y sigo inventariando perplejidades (a ver si captamos la publicidad subliminal de mi libro y lo compramos ). Resulta que hicimos bien en inyectar dinero al sistema financiero y para estimular la actividad pública y que nos hemos precipitado en recortar el déficit público porque va a lastrar el crecimiento. Tambien parece que hay consenso en obligar a los bancos resguardados por los Gobiernos a que presten dinero y a que no corran riesgos excesivos, pero el Senado norteamericano no parece muy decididos a dar vía libre a tan elementales restricciones...
¿Se han pasado los alemanes con sus moralizadoras apelaciones a la estabilidad presupuestaria? ¿ Se ha precipitado nuestro país al pedir que se aireen las cuentas bancarias? ¿Ha sido víctima España de filibusterismo financiero por parte de los bancos alemanes? ¿Subir impuestos como parece preconizar casi todo el mundo o bajarlos como panacea de la reactivación según el PP? ¿Por qué en época de vacas gordas, ninguno de nuestros gobiernos, peperos o socialistas, encaró esas reformas estructurales que hoy todo el mundo ve insoslayables? ¿Acaso gobernar no es prever?
Sólo sé que no sé nada ,y lo que es más preocupante, no sé si los consejeros aúlicos de nuestros partidos tiene idea de lo que hay que hacer. Mientras tanto, Zapatero se lleva todas las tortas, muchas de ellas con razón por su tardía reacción y sus bandazos, aunque otras entren de lleno en el código penal (la capacidad de insulto en nuestro país es ilimitada), y a mí me gustaría que alguien planteara una hoja de ruta coherente. Luz, un poco de luz.

sábado, junio 05, 2010

Tiempos virtuales

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 5 junio 2010

Cuando allá en los inicios de los años noventa del ¡pasado siglo! escuchaba una ponencia sobre “Occidentalización de los ojos” pensé que se trataría de una humorada de los chinos, un oasis para atemperar la densidad científica, pues el congreso mundial de mi especialidad médica transcurría en Singapur, pero el conferenciante no se reía para nada, aquello iba en serio: se trataba de cirugía estética de los párpados para acomodarlos a los patrones occidentales de belleza. Me quedé perplejo y meditabundo sobre el poder blando de la influencia cultural de los cánones norteamericanos, la deriva de un mundo adorador del becerro de oro de la tecnología y la imagen o la intrínseca gilipollez del ser humano, para resumir.
Se iniciaban los tiempos de la euforia perpetua según el filósofo francés Pascal Bruckner, o de la gran xalada según el sociólogo del ullastre, en los que el bienestar se hacía poco menos que obligatorio, pero no un bienestar cualquiera sino exultante. El sexo, sin ir más lejos, si en nuestros tiempos juveniles nos conformábamos con que no nos clavaran los codos en los guateques (¡fuuu!, confesábamos luego a los amigotes, avui ha anat gros), ahora en esa nueva década prodigiosa la gente no sólo alardeaba de sus penetraciones en territorios antes hostiles, sino que explicaba sus experiencias a voz en grito en los platós de televisión. Quien no contaba orgasmos múltiples con erecciones interminables y / o aullidos de valkiria era un mesquinet/a, alguien incapaz de estar a la altura de los tiempos.
Ahora parece que se habla de forma no tan estentórea de asuntos de hidráulica genital, pero ello no significa que preocupen menos al personal a tenor del reportaje que publicaba hace unos días La Vanguardia sobre el auge de intervenciones quirúrgicas en zonas antaño pudibundas. No se trata sólo de las meramente defensivas, como las reconstrucciones de himen de señoras indebidamente desfloradas (indebidamente según los códigos jurásicos de los machos de la especie), sino reducción de labios menores, ampliaciones o estrechamientos vaginales, alargamientos de pene, y demás argucias para mejorar la autoestima (¿cómo va a afrontar los retos de la modernidad una mujer con unos labios menores con michelines o un tipo con un pene estilo tapón de champán?).
Vivimos tiempos extraños en los que nada es lo que aparenta. Antes no te equivocabas, un tío era un tío era un tío era un tío, pelo en pecho, colilla colgante de sus labios únicos, escupitajos por doquier, fútbol, toros, amigotes y siempre marcando paquete. Hoy día los machos se depilan, se frotan con aceites, se hacen liposucciones y llevan-llevamos-bolso. Ellas, antes modositas por exigencias del guión, hoy te cuentan sus conquistas a la menor ocasión, fuman como carreteros, se despelotan en las playas, aúllan en los campos de fútbol (y / o baloncesto, ¿eh?, que os veo por IB3) y se ponen moradas de chupitos mientras discuten de política en las sobremesas.
Pero es que no se trata sólo de aspectos marginales como los citados sino que también en aspectos nucleares de la vida, la confusión entre real / virtual es notable. Creencias, valores, todo eso. Veía el otro día las caras de enajenados que presentaban unos individuos, varios cientos, o miles, o decenas de miles, supongo en todo el mundo, que salían de ver el último capítulo de una serie televisiva en la que al parecer hay gente que se pierde, y no vi diferencia alguna con las masas de alucinados que siguen a pies juntillas los mandatos de un santón o gurú de cualquiera de las miles de sectas que colonizan el planeta. Algunos lloraban, otros se daban golpes en el pecho, absolutamente abducidos por ¡un guión! Claro que también los hay que se toman en serio a Pajín y Cospedal, como si no fueran personajes de serie televisiva de ficción…
Pero ocurre en todos los aspectos: con la política no hay quien se aclare, decreto / rectificación, rectificación de la rectificación ( rectificar es de sabios pero hacerlo todos los días es de necios, acaba de decir Felipe González), en un país lleno de universidades sin alumnos, trenes de alta velocidad sin pasajeros, aeropuertos sin aviones, un polideportivo en cada pueblo (y una universidad y una estación del AVE y un polígono industrial y…),donde uno no llega a saber qué es lo real y qué es lo virtual mientras la oposición vocifera como si estuviera en un coso taurino, Europa nos manda al cobrador del frac y aquí, en esta ínsula virgen y mártir, esperamos anhelantes al Godot turístico que nos saque del marasmo pero eso sí, sin ponérselo fácil, que somos muy biosféricamente nuestros.
Así que, entre ofertas de modificación de tapones de champán, orgasmos virtuales, tíos que se depilan, señoras respetables que piden concebir hijos de Cristiano, gobernantes virtuales, opositores desaforados, toreros fumando cuernos entre riadas de sangre (virtuales, para los defensores de la fiesta), uno ve llegada la hora de dejar la realidad y marcharse bajo ullastre con ficción auténtica (de papel) bajo el brazo. Para abrir boca, “La última noche en Twisted River” de John Irving, mientras espero que llegue el momento de leerle “La isla del tesoro” a mi nieta. ¡Ah! Y que les aproveche a los madridistas el chulapón de Mourinho, un entrenador superstar para un proyecto ganador… Virtualmente hablando, claro está.
Bon estiu a tothom!

sábado, mayo 22, 2010

Érase una vez un país desmesurado

Publicado en "Diario menorca" el sábado 22 mayo

Cuando era niño escuchaba a hurtadillas las conversaciones veraniegas de mis mayores, sentados ellos, muy relajados, en el muelle de la bahía, como Ottis Reding pero en sillas de mimbre. Me asombraba que allí, en aquel Port-Maó de eterna posguerra en que nadie osaba hablar en público del Invicto como no fuera para loarlo con fervor (ahora mismo recuerdo su visita de aquellos años y la imagen que me quedó grabada: los tejados repletos de guardias civiles con metralleta), saltasen a la palestra con notable desparpajo nombres míticos como Eisenhower, Kruschef o Harold Mc Millan.
Uno de aquellos fosquets en que yo fingía jugar a taps (unas supuestas carreras ciclistas con chapas de Anquetil, Poulidor y Bahamontes), escuché una frase que me impresionó (estoy tratando de no usar el traumático “impactó” o el cursi “fascinó) y que nunca he olvidado:
-En este país o quemamos iglesias o nos bañamos en agua bendita.
Afortunadamente no pasaba por allí ningún comisario político espontáneo, especie abundante en aquellos tiempos, porque la última parte de la frase era notoriamente incorrecta por no decir subversiva, si tenemos en cuenta el momento histórico, muy proclive al agua bendita, a las mujeres con velo, a los palios y a los desfiles de curas y militares entre flores a María e himnos marciales.
El estentóreo dictamen me viene una y otra vez a la memoria cuando observo el devenir de este país de países en su crónica incapacidad de debatir con rigor y templanza cualquier asunto peliagudo que salte a la palestra. Como el del juez Garzón sin ir más lejos, o el de la non nata sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán, sobre los que planean las dagas o, en su defecto, los eslóganes de las respectivas sectas, pero escasas reflexiones.
En el primero de ellos, por poco que uno trate de sobrevolar los vientos racheados, se podría abrir un interesante debate jurídico-político sobre la preeminencia o no de las leyes estatales (la nuestra de Amnistía) sobre resoluciones internacionales que hablan de la imprescriptibilidad de determinados delitos (genocidio, etcétera). En lugar de ello, los medios españoles, incluidos los serios (pocos, oremus) se enzarzan en una guerra de trincheras absolutamente indigerible. En un país no desmesurado (con auténtica tradición democrática) posiblemente el asunto se hubiera solucionado con una advertencia al juez sobre sus discutibles maniobras procesales, pero aquí no nos andamos con chiquitas, se activa el adn cainita y se acusa al magistrado nada menos que de lo peor que se puede culpar a un juez, la prevaricación, entre enfervorizadas ovaciones de unos y rasgamientos de vestiduras de otros. Todo muy valleinclanesco.
En el asunto de la sentencia del Tribunal Constitucional, tres cuartos de lo mismo. La controversia es políticamente interesantísima, nada menos que la paradoja de que una ley aprobada en Cortes y refrendada por la ciudadanía (escasa pero igualmente válida), pueda ser sustancialmente revocada por un tribunal de notables (sin entrar en la impúdica manipulación política de la que ha sido objeto), situación que podría dar paso a un riquísimo debate político de no ser por la ancestral costumbre hispana de enrocarse en posturas numantinas, las de la radicalidad democrática de quienes anteponen la voluntad popular a la legislación y las de quienes, desde una berroqueña idea de España, son capaces de retorcer tribunales y leyes con tal de que no se mueva un ápice de la sagrada unidad / uniformidad etcétera.
Llegado a este punto, compruebo que no he dicho una palabra de los ínclitos representantes de la soberanía popular y que ha sido por pereza: uno está del “y tú más” y de teorías conspirativas (la última, la de Camps y sus trajes incorruptos), hasta la calva. Ideas, pocas y tarde en los que gobiernan, y el “no a todo” de los otros, incluso cuando se hace lo que ellos preconizaban dos días antes…En fin, ¿por qué se irían los británicos de nuestra isla?

La lectora sonriente

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 15 mayo

¿Acaso las películas han matado a los libros, o la televisión al cine?, es la pregunta que abre el interesante diálogo entre Jean-Claude Carrière, uno de los dramaturgos y guionistas europeos más reconocidos, que llegó a trabajar con Luis Buñuel , y Umberto Eco, el semiólogo de Bolonia, universalmente famoso por su aportación novelística con “El nombre de la rosa” o “El péndulo de Foucault” entre otras obras de ficción, que se acaba de recoger en forma de libro que publica Lumen bajo el sugestivo título “Nadie acabará con los libros”.
El de la pervivencia de la cultura libresca tal como la conocemos, es un tema recurrente que el escribidor se replantea después de haber vivido otra jornada mágica de Sant Jordi en el stand de mis acogedores amigos de la Llibreria Catalana, sublimada cuando una lectora desconocida, a la que hacía rato que observaba porque sonreía mientras hojeaba atentamente mi libro, levantó la mirada hasta encontrarse con la mía, y me recordó la escena final de “Luces de la ciudad” del maestro Chaplin, cuando la violetera, recuperada de su ceguera, reconoce a su benefactor, un mendigo que había pasado las de Caín para costearle la operación.
-Ah, ¿es usted?-me espetó, entre tímida y curiosa, al reconocerme por la foto de la solapa del libro.
-Síii-contesté con un mohín que quería ser humilde, como el de Charlot en la película, pero que debió de traslucir humana vanidad.
-Es que no llevo dinero, pero voy a buscarlo, su libro parece muy interesante…
-Bueno, verá, por lo menos es sincero y bienintencionado. Es una visión intimista sobre…
-Ahora vuelvo-cortó mi incipiente speach.
El librero me miró con sorna como diciendo “me parece que nanay”. Pero la mujer volvió y le dediqué algo así: “A C., a la que he observado mientras sonreía hojeando mi libro. Gracias por proporcionarme un instante de felicidad”
¿Acabará la electrónica con momentos así?, me preguntaba mientras, cansado pero exultante, abandonaba Es Carrer Nou. Leer a uno de estos bibliófilos empedernidos como Eco o Carrière reconforta: “El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se ha inventado no se puede hacer nada mejor”. Seguramente es así pero tampoco puede negarse la evidencia: si el invento de Gutemberg hizo posible nuestro mundo moderno sin que nadie pudiera preverlo en su momento, tampoco hoy podemos predecir el impacto a largo plazo de la digitalización galopante de nuestros días, aunque empiecen a verse algunos efectos perversos como el que hoy día, en internet, cualquiera pueda llamarse autor…
Se están produciendo cambios a gran velocidad en comparación con la lentitud mineral del impreso; en el siglo II los chinos experimentaban con tintas y piezas de madera, pero hasta el siglo IX no imprimen en rollo textos budistas; en el siglo XV Gutemberg inventa la imprenta, hasta el XIX no aparece la primera linotipia. Comparemos con el tiempo transcurrido desde la impresión digital, a fines del siglo XX hasta la aparición del primer kindle en 2007. No me asusta, ya he vivido una evolución frenética en mi profesión, pero en esencia sigue siendo una interacción genuinamente humana: médico y enfermo frente a frente (¿lector y libro?).
¿Persistirá el libro en su actual formato? No sé si pienso que sí o quiero que sí, pero no soy capaz de imaginar un mundo sin libros de papel que pueda llevarme bajo el ullastre o a Macarella. Bien mirado, el libro tiene muchas ventajas modernas, no se descarga, puedes anotar lo que se te antoje en sus márgenes, cabe en cualquier sitio, es manejable, puede ser un regalo personalísimo (el único que me apetece hacer, fuera de la tortura de perder una tarde buscando algo “original”). Además, para los viciosos es una mina: se deja manosear, olisquear, provoca ensoñaciones y por si fuera poco evita riesgos, ya que, como sugiere Savater, vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida y esto puede llevar a peligrosos desvaríos.
¿Qué al fin y al cabo lo importante es leer y el soporte es lo de menos? No estoy tan seguro. Intuyo que los que pretendemos buscarnos la vida lectora fuera de bestsellers y libros de autoayuda tendremos poco que hacer en el mundo kindle. Deberemos seguir hurgando en pequeñas librerías y editoriales minoritarias. Si es que logran sobrevivir, que esa es otra, como la cruda realidad de los periódicos, abducidos por el fast food del entretenimiento, el escándalo y la inmediatez cibernética. ¿Pervivirán los periódicos de calidad? ¿Podremos seguir leyendo análisis concienzudos, reportajes de calidad? ¿Somos capaces de concebir a una lectora sonriendo mientras le da a las teclas de un libro electrónico? ¿Qué quedará del hojear / ojear?

jueves, mayo 06, 2010

El largo y tortuoso invierno

No se recuerda en estos pagos un invierno semejante: largo, frío, húmedo, ventoso, incluso con nieve, tan extraña para los isleños mediterráneos como el sol para los nórdicos. Si a ello se le añade la preocupación creciente por la situación político-económica, no cabe duda que nos encontramos ante una de las primaveras más extrañas de nuestra vida. Ni siquiera la eclosión de fresas y nísperos otorga un respiro. Estamos alicaídos.
Eso, la infantería, porque en el estado mayor cunde además el desconcierto. Patética la reunión ayer de los dos políticos españoles con mando en plaza, es decir, con posibilidades de tomar el mando. El actual inquilino de la Moncloa con su habitual retórica circular, vacua, del ya escampará, y el otro, el líder de la oposición, con su desesperante indefinición de quien espera ver pasar el cadáver de su enemigo por la puerta de su casa.Fumando espero.
Y sigue lloviendo.

sábado, mayo 01, 2010

Psicoanálisis culé

Publicada en "Diario Menorca" el sábado 1 de mayo

Tenía confianza en las posibilidades del Barça, pero en ningún caso “ciega”. A estas alturas sé de sobras que el fútbol no es más que un juego y como tal azaroso, que pese a libretas y métodos científicos, las circunstancias imponen su ley y no siempre a favor de la lógica. Apunto algunas reflexiones a vuelapluma:
a) Influencia arbitral. Indudable, sobre todo en San Siro, como lo fue la temporada anterior en Stamford Bridge sólo que al revés.
b) Juego. Es legítimo el planteamiento de Mourinho. También es una desgracia para el fútbol que le salga bien. El Barça no jugó bien en San Siro y mereció la derrota y anoche no supo romper el catenaccio italo-portugués (mucha posesión pero escasas oportunidades de gol). Demérito suyo.
c) Errores de Guardiola. Ayer quedaron patentes algunos, como el trueque Ibrahimovic / Eto’o (dejemos en el congelador al pobre Chigrinsky) y algunos cambios extraños como anteponer a Jefren y Bojan a la experiencia y poder de intimidación de Tití Henry, o no sacar a Touré en San Siro cuando se perdió el centro del campo.
d) Dramatización innecesaria. No me gustan las apelaciones a heroicidades, noches mágicas y el sunsurcorda emocional. Creo que la campaña mediática jugó en contra del Barça. Los italianos ¡y Mourinho! se mueven como pez en el agua en estos ambientes y la presión atenazó a unos jugadores que necesitan la mente clara para desarrollar su habitual juego de arte y precisión.
e) Filosofía blaugrana. Como culé, estoy acostumbrado a perder (Guardiola estuvo certero y oportuno al recordarlo en la rueda de prensa) y quizás nos habíamos olvidado de ello. Aún así, esta es la mejor época de nuestra vida de aficionados y no tiene por qué dejar de serlo, ni siquiera aunque también se pierda la Liga, Belcebú no lo permita. Este equipo es un orgullo como nunca lo había sido.

Edades conflictivas

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 1 de Mayo

Hace unos años leí un libro con un título tan llamativo como misterioso, “Adultescentes”, que se refería a esa generación de “hijos de los héroes” que se niegan a crecer y reciben las acusaciones de sus padres sesantayochistas por no tener sueños, por no comprometerse y no militar en ninguna causa, etcétera. “Son esos adultos-dice Eduardo Verdú, su autor- que, en época de glorificación de la mocedad, cremas anti arrugas, liftings, ropa juvenil, que parecen jóvenes pero no son jóvenes… Ser joven haciendo vida de adolescente es una pesadilla y ser adulto haciendo vida de joven puede resultar patético…” De todas formas y, al igual que la adolescencia clásica, la adultescencia es transitoria y acaba con la primera hipoteca, pasada la frontera de los treinta, aunque no hay que engañarse: la madurez es dama esquiva y se escabulle toda la vida, uno mismo no ha logrado acariciarla jamás.
Me he acordado del libro porque acabo de descubrir que cuando se deja de estar en brazos de la mujer madura para pasar a los de la abuela (no más chistes, por favor), se convierte en un senectescente, es decir, en un adolescente de la senectud y, en este caso, mejor si no fuera un período transitorio, sic transit gloria mundi. Seguramente, el otro día, cuando me entrevistaba Rafa Ayala Jr. en Onda Cero con motivo de mi último libro (¡Qué impagable sensación de calor de hogar en la radio de Diana!), me di cuenta de la magnitud de la catástrofe al analizar mi espontánea y lúgubre respuesta al preguntarme Rafa por algún objetivo terminal : “Afrontar el deterioro con dignidad ”, respondí, más o menos. Y aún creo recordar que añadí: “Aprender a renunciar, despedir…” Y no tenía ningún pajarraco negro anidado en mi calva. Lo juro.
Y es que ahora veo que hay muchos paralelismos entre senectescencia y adolescencia: si cuando eras mozo te salían granos y te crecía la nariz (recuerdo que estuve lustros sin ponerme de perfil ante las chicas), ahora te salen matojos de pelos de las orejas y te crece la próstata (en cuanto a los extraños fenómenos que les ocurren a las senectescentes lo dejo aquí: no quiero problemas). En fin, cuando empezaste a ser un adultescente con pasta para salir de juerga, te acostumbrabas a funcionar durmiendo cuatro o cinco horas, lo mismo que ahora en que te despiertas glorificando el prodigio de dormir cinco horas seguidas sin levantamientos ( me refiero a levantamientos para ir al baño, los otros son siempre bien recibidos, a cualquier edad).
Luego viene el día sublime de tu entrada oficial en la abuelez, semejante en emoción al día de tu primera comunión o al de tu primera penetración (del voto en la urna, no vayan a creer, que antes casi todas las penetraciones eran pecado). Aquello tan pequeño y frágil es tuyo y no lo es. Te felicitan, te auguran entrañables emociones, pero no faltan los agoreros: que si tienes por delante cuatro años de duras prácticas antes de homologar el título de abuelo, que si ya verás cuando quieras leer o escribir y la niña no te deje, que se te va a hacer madridista y te amargará los partidos de la tele, que no podrás ir al cine los fines de semana porque sus papás también querrán salir…. Pero es que además revolotean tus propios recuerdos: de un avi sólo recuerdo una cojera y un bastón y del otro un bigote con las puntas hacia arriba, el temor reverencial que le rodeaba y ni media caricia. Es obvio que no quieres que te recuerden así.
Seguramente me precipité en mi respuesta a Rafa sobre objetivos a estas alturas. Me acabé de dar cuenta anoche cuando observaba fascinado su plácido sueño en plena melancolía futbolística por la derrota (de la que me curó instantáneamente). A ver: Leerle cuentos, pasear con ella de Mitjana a Trebaluger por el Camí de Cavalls, prevenirla sobre fanatismos varios, fomentar su curiosidad (más que darle respuestas, que sepa hacer preguntas), apercibirla contra el culto al cuerpo y el papanatismo tecnológico, contra el consumismo desaforado… En fin, objetivos para varias décadas ¡Un brindis por la senectescencia!

domingo, abril 25, 2010

Gracias, amigos

Gracias, amigos, por no dejarme solo en plena calle el día de Sant Jordi. Uno, que no es escritor sino médico y, en sus ratos libres, escribidor, no las tenía todas consigo a la hora de plantarse en el stand de la Llibrería Catalana, mi tercera casa después de la mía propia y el Diario Menorca; temía por la mirada desdeñosa, el abandono, el ridículo. Al fin y al cabo, mio libro no era de autoayuda ni una novela de intriga vaticana ni de templarios ni de vientos que dan sombra y no tenía nada que hacer ante tamaña competencia...Un dietario, una crónica novelada de ocho años que no cambiaron el mundo aunque lo encabronaron bastante. Un libro para reflexionar, para disentir, para sonreír, para cabrearse y alguna vez, espero, para compartir...
Bueno, pues funcionó. Fue una mañana mágica en la que no dejaron de acercarse lectores para que les firmara un ejemplar. Me quedo con una desconocida a la que vi hojear el libro y empezar a sonreír. Leía y sonreía cada vez más ¡Bingo! Levantó la mirada y me reconoció pr la foto de la solapa.
-¡Ah, es usted! No llevo dinero, pero voy a un cajero y vuelvo.
Y volvió, y le escribí que la había visto sonreír leyéndome y que me llenó de felicidad. Es la magia de Sant Jordi.

sábado, abril 17, 2010

Periodismo de trincheras… Y cloacas

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 17 Abril

Hablábamos el otro día en el Ateneo de la triple crisis del periodismo: económica (desplome de la publicidad), de modelo (la actual cultura de la gratuidad) y de credibilidad. Y nos deteníamos en esta última, como hacía el ex director de Es Diari Juan Bosco Marqués el pasado domingo en Culturàlia, reivindicando los contenidos de calidad, lo que incluye el control de fuentes (la implacable poda actual de corresponsalías en el extranjero es significativa, al caer la información en manos de grandes agencias con sus poderosos grupos de presión / manipulación). Otro de los problemas de los periódicos digitales, además del de su acceso gratuito que acreciente la crisis empresarial, y de las dificultades en separar el grano de la paja, es el del anonimato al pie de las columnas de opinión, lo que favorece la maledicencia, el insulto o directamente la calumnia y la injuria.
Pero en la actual crisis de credibilidad del mundo periodístico tiene mucho que ver la creciente guerra de trincheras entre los diferentes grupos mediático-empresariales, su apabullante previsibilidad. Nada más conocer una noticia sabemos perfectamente cómo van a tratarla en este o aquel medio. Y como además cunde la especie de que todas las opiniones son respetables ( por lo visto tiene el mismo valor la opinión de un oncólogo que la de un gurú que prescribe lavativas de café para curar el cáncer), se cae en la opinioniosis que es un proceso claramente degenerativo agravado por la destralosis ( de destral en catalán, hacha, o sea el deporte de atizar destraladas a diestro y siniestro) habitual sobre todo en los opinantes afines a quienes en determinado momento no gozan de las mieles del poder, efecto concurrente con el llamado periodismo del escándalo que describe con pelos y señales el sociólogo Manuel Castells en su imprescindible obra “Comunicación y poder” Alianza Editorial 2009).
Estos días son particularmente ilustrativos de la guerra de trincheras a la que me refiero. Basta fijarse en el caso Garzón y sus derivadas. El famoso juez fue denostado acerbamente por el socialismo imperante en tiempos de Felipe González cuando metió sus poderosas narices en las cloacas del Estado para denunciar la guerra sucia contra el terrorismo, viejo oficio de los cancerberos de todos los países que han sufrido tales lacras. Ni decir tiene que el juez fue jaleado por los medios conservadores por lo que significaba aquello de desgaste para su enemigo político, no tanto por repulgos democráticos en gentes habitualmente “sin complejos” en estas cuestiones. Curiosamente, en aquellos tiempos, el diario El País, hoy defensor a ultranza del juez, titulaba “De la política a la toga como con Franco” cuando Garzón dejaba el gobierno socialista…
Pero al indómito juez se le ocurrió luego perseguir a dictadorzuelos más o menos sanguinarios por el ancho mundo, lo cual ya empezó a parecer improcedente a las gentes de orden, para meterse después en un laberinto jurídico a propósito de la infausta ley de la Memoria Histórica, y finalmente atreverse a investigar ciertas conexiones de importantes militantes del principal partido de la oposición con un grupo de mafiosos. Y ahí se arma la marimorena en los medios afines al conservadurismo patrio (con el maestro en periodismo de escándalos y conspiraciones PJ Ramírez a la cabeza), barullo que es aprovechado astutamente por enemigos personales en la judicatura para inculpar al juez y llevarlo al banquillo por prevaricación y, más aún, por supuesto cohecho en relación a la financiación de unos cursos en Nueva York.
El caso Garzón, a lo que se ve, es un asunto harto complejo que, sin embargo, los medios despachan con un surtido de argumentos prêt a porter, prefabricados y, por tanto, perfectamente previsibles, y que han llegado a su paroxismo en el tratamiento informativo del mitin de los artistas en apoyo del juez, coronado por la desaforada intervención del ex fiscal Jiménez Villarejo : unos lo tildan de acto antidemocrático e incluso golpista( los mismos que, a su vez, descalifican un día sí y otro también a policías y jueces por investigarles a ellos) mientras los otros de simple y pura libertad de expresión y /o de salud democrática ( cuando muchos de ellos son defensores inveterados de impresentables dictaduras caribeñas). Para muestra, dos botones: “La voz del pueblo se vuelve a alzar 79 años después” (Público). “Aquelarre guerracivilista de energúmenos” (Pedro J. Ramírez en El Mundo).
En suma, un guirigay en el que nadie matiza, por ejemplo que, aunque el juez posiblemente se haya extralimitado en su procedimiento jurídico para dar salida a las justas demandas de los familiares de desaparecidos, acusarlo de prevaricación parece una exageración movida por el deseo de venganza personal de algunos y los intereses partidistas de otros. Un recurso ordinario dentro del procedimiento judicial podría haber sido suficiente y nos hubiéramos evitado el bochorno de sentar a un juez, con un sólido prestigio internacional, en el banquillo de los acusados, y de contemplar el nauseabundo espectáculo de unos medios de comunicación entregados a su causa con armas y bagajes, pisoteando el ineludible precepto periodístico no ya de buscar la objetividad, que es una entelequia, pero por lo menos, de huir del sectarismo.
El enloquecido mundo actual precisa más que nunca de un periodismo de calidad que abone el terreno a la reflexión serena y fundamentada, lo que se llamaría criterio (experiencia + estudio), más que evanescentes opiniones de tanto indocumentado sectario que con la destral enarbolada contribuyen denodadamente a la actual olla de grillos. En último término, el periodismo de trinchera y escandalera no hace más que abonar la galopante desafección política de la ciudadanía.





sábado, abril 10, 2010

Inventario de perplejidades

Ayer presentamos en el Ateneo de Mahón mi nuevo libro "Inventario de perplejidades". Es una selección de artículos pero también algo más, puesto que el género del dietario y el período que abarca ( desde el 11-S a la crisis económica) le confiere un carácter de unidad narrativa, a medio camino entre la novela y el ensayo. Su subtítulo "Crónica de ocho años que no cambiaron el mundo pero lo encabronaron bastante" habla a las claras del encallanamiento que han provocado esos años de plomo, sobre todo a raíz de la catastrófica invasión de Irán, generadora de una ruptura terrible con el mundo musulmán, la traumática división entre Europa y EEUU y la radicalización ideológica entre "progres" y "neocons".
Pero el libro contiene además unas placenteras crónicas de viajes ( Croacia, Montenegro, la Bretaña francesa, la Toscana, Londres, Argentina), y unas "píldoras antidepresivas" para aliviarnos del estrés de una crisis cuya salida no se ve cercana y para ayudarnos a buscar matices grises entre tanto brochazo blanco o negro. Espero que mis blogueros de cabecera le hagan el caso que se merece y que el día de Sant Jordi pueda firmarles un ejemplar a pesar del camuflaje.

domingo, abril 04, 2010

Menorca is not Mallorca

Publicado en "Diario Menorca" el domingo 4 Abril

A nuestros visitantes de Semana Santa, con pudor

Cuando en tiempos universitarios, a orillas del Ebro, allá en los míticos sesenta-setenta del pasado siglo, revelaba mi origen menorquín, invariablemente me espetaban un “¡Ah, mallorquín!” que hacía rodar por los suelos mi ego patriotero. Pero esta humillante confusión con la isla hermana, la mayor, la famosa, no era lo peor. Mucho más lacerante resultaba otra evocación, una vez aclarada la primera: “¡Ah, Mahón, donde la cárcel de la Mola!”( el eterno retorno: ahora vamos a tener otra penitenciaría singular, en pleno trayecto turístico, sic transit ), aunque también había lugar para la comicidad cuando conjeturaban si se trataba una isla con una palmera en el centro, como en los chistes de náufragos. Pero, en fin, lo dejábamos pasar como cuando nos llamaban polacos por hablar raro…
Lo sustancial es que, décadas después, los menorquines tenemos sobradas razones para insistir en nuestra singularidad, sobre todo cuando se dirigen a nosotros con mirada entre acusadora y conmiserativa y una demoledora exclamación, “¡Menuda la que tenéis montada!”, referida a munarquías absolutas, suburbanos inundados, comisiones enterradas en latas de cola cao, velódromos a precio de oro repletos de matojos, palacetes a precio de saldo, procesiones anilladas al juzgado y el sursuncorda. Y que nadie vea en esta exposición resabios anti centralistas (nuestro centro político-económico es Palma y eso nadie lo discute) o neo nacionalistas de ínsula barataria, porque se limita a marcar algunas distancias para evitar confusiones y algún que otro bochorno injustificado.
Dejemos claro desde el principio que poco tenemos que ver los menorquines con la tangentópolis mallorquina. Será porque nos falta valor o por un elemental sentido del pudor esculpido a través de nuestra peculiar historia, pero lo cierto es que el frenesí político mallorquín dista mucho de estar presente en la isla menor. Y es que la singularidad menorquina viene de lejos, probablemente del siglo XVIII en que la isla, codiciada especialmente por el mayestático puerto de Mahón, perteneció por tres veces a la Corona británica y una vez al Reino de Francia, con breves interregnos españoles, cambios que no impidieron que la isla viviera una época de relativo esplendor y de efectiva libertad, lejos de la severa Inquisición española, lo que redundó en una apreciable actividad comercial y en florecimiento cultural que posiblemente dejó sus posos en formas y modos de vida (un taranná, diríamos)
Esta especie de excepción cultural menorquina se ha puesto de manifiesto en la resistencia de los isleños a plegarse a los destinos del modelo turístico imperante -al contrario que los mallorquines e ibicencos-, de la mano de gobiernos conservadores… de izquierdas, que si bien han llevado a la isla a un retroceso económico, agudizado por la crisis, también la ha mantenido en un estado de preservación natural que constituye hoy su principal activo y que puede proyectar a medio plazo un futuro esperanzador a través de un modelo turístico diferenciado si los menorquines nos decidimos abiertamente por él, dado el declive de nuestras industrias tradicionales, y si lo hacemos con nuestro acreditado, (¿british?), sentido de la mesura.
Menorca no es Mallorca ni Ibiza ni, con todos los respetos, quiere serlo, pero tampoco puede permitirse el lujo de seguir con su desdén histórico por la industria turística. El calzado, la bisutería y el queso, tradicional trípode de su economía ya no son lo que eran y no parece que vuelvan a serlo en un futuro inmediato. El turismo es hoy irrenunciable y Menorca está en condiciones de configurar una experiencia piloto, innovadora y adecuada a las demandas de la nueva economía, alejada del all inclusive y de la degradación ambiental, para atraer residentes de renta media alta, conciudadanos amantes del turismo tranquilo y culturalmente enriquecedor, en armonía con la naturaleza, jubilados europeos… Objetivos inaccesibles sin la plena colaboración de las instituciones en la mejora y mantenimiento de las infraestructuras (con la adecuación de algún puerto deportivo, algún campo de golf, hasta ahora vade retro, mejora de las carreteras, etcétera) y la eliminación de corsés burocráticos y clientelismos (sin seguridad jurídica y eficiencia administrativa no puede haber inversiones).
Hoy como ayer nos vemos obligados a insistir: “No, mallorquín, no, me-nor-quín”, sin que ello signifique desdén alguno por nuestros vecinos de la isla hermana con quienes viajamos en el mismo barco. Tampoco pretendemos transmitir la imagen de un impoluto paraíso por encima del bien y del mal, pero sí afirmar algunas diferencias y sobre todo nuestra voluntad de no caer en la obscenidad política en que se mece nuestra comunidad autónoma. Por lo demás, pásenlo bien estos días tratándose de adaptar a la Menorca way of life.

PS.- Despedimos con enorme pesar a un querido amigo asturiano, colega oftalmólogo que ha dado lo mejor de sí mismo a la sanidad pública menorquina durante quince años. Echaremos muy en falta su honestidad, dedicación, solvencia y compañerismo y en nuestro quirófano de la Policlínica resonarán durante mucho tiempo sus impagables diálogos en menorquín con los pacientes y sus ágiles juegos de palabras. Mucha suerte en tu nuevo periplo, Fran Herrero (no tanta para tus colores deportivos, nadie es perfecto), te la mereces.

viernes, abril 02, 2010

Equidistancias ( part two )

Publicado en "Diario Menorca" el jueves 1 abril

Volviendo al asunto de mi artículo de enero (“Equidistantes del mundo, uníos” Es Diari 9-1-10), con perdón por la autocita, debo insistir en ello ante la proliferación no tanto de asuntos peliagudos, con más facetas que un caleidoscopio, como por la cada vez más extendida costumbre de solventarlos (no sólo en tertulias de bar o en cibertabernas, sino en los medios) en un pispás de opiniones rotundas, contundentes, inequívocas, sin complejos…ni matices. Y son precisamente los matices, esos grises tibios y cobardes, los que no cuentan con respaldo en nuestro país y por lo que se ve en el mundo mundial (la burda y obscena campaña de los republicanos norteamericanos contra la tímida reforma sanitaria de Obama es emblemática), aunque aquí se alcancen todos los días cotas esperpénticas.
Por ejemplo, el asunto tan complejo y jurídicamente enrevesado de la imputación del juez Garzón, es despachado con satisfecha displicencia por medios de la derecha que no hace tanto le jaleaban entusiásticamente, mientras desde la izquierda se le beatifica como mártir sin atisbo de crítica (cuando menos, Garzón parece ser un instructor mediocre). Habrá algún según, pero no se ve, no se siente, el matiz no está presente. Como tampoco lo está en el asunto de la contención del gasto: las comunidades más endeudadas son gobernadas por el partido que predica una “drástica contención del gasto público”, mientras en otra, el presidente del Gobierno riega con la manguera de la “deuda histórica”…
En el propio manejo de la crisis, los socialistas han mostrado una incompetencia manifiesta, desde negarla más veces que Pedro a Jesús en el huerto de Getsemaní, a esa contumacia en el fatídico juego de improvisar-rectificar que se traen entre manos. Pero… ¿De verdad es la panacea bajar los impuestos, lo único que repiten los populares, como una jaculatoria? No parecen muy de acuerdo los más reputados analistas internacionales, aunque sí el público en general: a nadie le gusta rendir cuentas al fisco. Sin embargo, la leal (?) oposición se aferra al fundamentalismo liberal (no olvidemos a su gurú máximo cuando se quejaba de las restricciones a la ingesta de alcohol del código de circulación: “¿Quién me tiene que decir a mí las copas que puedo o no puedo tomar?”), y de alguna manera al cuanto peor, mejor.
Pero también en temas menores refulge la guerra de trincheras, como en el de la tauromaquia sí, tauromaquia, no. Vamos a ver: ¿Acaso no es legítimo y democrático que por iniciativa popular se discuta el asunto, sea por motivos compasivos o identitarios o ambos a la vez? ¿Son los promotores de la iniciativa unos liberticidas saqueadores de nuestros rasgos culturales más profundos? Y démosle la vuelta a la tortilla: ¿Acaso los defensores de la fiesta nacional son unos sádicos torturadores de animales?, ¿Unos españolazos fachas?... ¿Cómo no ser equidistante y abogar por la pervivencia de la fiesta atenuando o eliminando el castigo del animal, limitándose a torearlo artísticamente? ¿O simplemente respetar lo que decida democráticamente el parlamento de una comunidad autónoma?
Item más, la actitud ante las distintas dictaduras que en el mundo han sido o, desgraciadamente, son. La cerril negativa de la izquierda realmente existente a condenar no ya el régimen cubano que está a la vista, sino las atrocidades del estalinismo, sólo es comparable a la virulenta reacción de la derecha carpetovetónica en cuanto se intenta remover algo del incómodo franquismo o perseguir jurídicamente a algún dictadorzuelo sudamericano. Molesta mucho el histriónico (y peligroso) Chávez pero se oían pocas voces de la derecha quejándose de Pinochet, Somoza o el chivo festivo Leónidas Trujillo… ¿Y la corrupción? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra, pero quienes acusaban al partido de Felipe González de ser el epítome del saqueo a las arcas públicas, ahora callan como muertos…
En fin, lo cierto es que los equidistantes lo tenemos crudo en una sociedad tan agriamente polarizada, adscrita al blanco o al negro, que se lanza eslóganes (que no argumentos) de una a otra trinchera. No estamos bien vistos e incluso puede que nos llamen nenazas en más de un foro. O cosas peores. Lo tenemos crudo, tanto que, en fecha de hoy, presento mi dimisión irrevocable e irreversible como columnista decano de Es Diari. Se acabó, cuarenta y siete años de cobardes equidistancias son suficientes. Kaputt.
P.S El último párrafo es una inocentada propia del primero de abril, tradicional en estos lares.