domingo, febrero 03, 2013

Negro, progre, intelectual…

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 2 Febrero 2013


 En su imprescindible libro “Sonríe o muere” (Turner 2011), Bárbara Ehrenreich  estudia concienzudamente el llamado “pensamiento positivo” que, originado en movimientos religiosos norteamericanos, inunda hoy día  programas de televisión, libros de autoayuda, y consejos de administración de grandes corporaciones, promoviendo  una especie de yes we can universal que, según la autora, se refiere no tanto a un estado anímico o mental como a un elemento ideológico, pues así es como los estadounidenses interpretan el mundo, y así es como creen que se ha de funcionar en él. Si te vas al paro o sufres un cáncer, es tu responsabilidad aprovechar la oportunidad que te da Dios para renacer y remontar la situación, si el mundo actual es inseguro, ahí están las armas para defender a nuestros hijos…

          El  pensamiento positivo ha venido a reforzar a la ideología americana, imbuida del llamado “espíritu  de la frontera”: al desplazarse  hacia el Oeste, los pioneros, en pleno contacto con la naturaleza, se desvinculan de la opresión / tutela del Estado y pasan a depender únicamente de sus propias fuerzas, lo que les lleva a la aceptación acrítica de la suspensión de normas y límites cuando se trata de luchar contra los forajidos, terroristas en nuestra época. En economía, la ideología llevada al extremo (desregulación absoluta del mercado financiero) es lo que podría estar detrás, según la propia Ehrenreich, de la crisis global que nos asuela, al haber originado una economía de casino.

       He vuelto al libro de la socióloga norteamericana, aliviado por la victoria electoral de Obama de quien no espero abracadabra alguno, pero sí un poso de prudente racionalidad frente a la desmesura de esa “ideología americana” que encarnan los republicanos y los gurús del “pensamiento positivo”, y de la que tuvimos suficiente experiencia bajo el mandato de George Bush, así como la sensibilidad necesaria  para afrontar el principal problema de la sociedad norteamericana: la desigualdad galopante que hace que el 1%  de la población  posea lo que necesita el 99%, al decir del prestigioso economista Joseph Stiglitz. Más difícil será que pueda hacer frente a la industria armamentística para limitar el uso y disfrute (?) de las armas de fuego o a la petrolífera, para la necesaria lucha contra ese cambio climático que también niegan los iluminados del tea party.

          El capitalismo fundamentalista que rechaza impuestos y cualquier tipo de regulación  viene a ser el brazo armado ( por no hacer un juego de palabras con el constitucional derecho a llevar armas)  del pensamiento positivo, la nueva religión del siglo XXI con sus popes y papas, en su huida hacia adelante a base de decisiones imaginativas (sin castrantes regulaciones), o sin complejos, para adaptar el léxico a la peculiaridad española, porque a la postre, Dios nos ilumina, está de nuestra parte, y ya se sabe que con semejante primo de zumosol (un emprendedor expeditivo, al fin y al cabo), todo es posible, sobre todo si se orilla lo que nos hace humanos, la racionalidad o, para no pecar de utópicos, el sentido común.

       Y no se trata sólo de abominar de actitudes extremas  sino de ahondar en las raíces profundas de determinadas formas de pensar, el huevo de la serpiente formado por actitudes de retorno a una supuestamente idílica aldea originaria (nacionalistas/tradicionalistas/esencialistas de toda laya, incluidos los que blanden la Constitución como si fuera un adoquín), hostiles al Otro, burdas simplificaciones sobre la maldad intrínseca de determinados colectivos (inmigrantes, homosexuales, funcionarios… ¡Catalanes!), apelaciones a la tecnocracia y /o arbitrismos por encima de la política,  peregrinas y etéreas retóricas al estilo de  hacer lo que hay que hacer, o en el caso de los republicanos estadounidenses, su fobia a cualquier injerencia del Estado en la vida de los ciudadanos, aunque sea proporcionarles una asistencia sanitaria digna, su adoración acrítica a la iniciativa privada…

      El progreso intelectual humano es el resultado de una larga lucha por ver las cosas como son y no como les parece a nuestras intuiciones, sentimientos, o revelaciones de ultratumba, menos verificables y por tanto imposibles de universalizar. Necesitamos más que nunca gente prudente que piense y analice, no el simplismo reduccionista de gurús, clérigos o positivistas de diversos pelajes. Por eso, uno se ha dejado  llevar por la esperanza en las recientes celebraciones obámicas, en un ejercicio voluntarista y porque su renovado discurso se sale de mantras y salmodias al uso por los gobernantes europeos.

      Y, finalmente, last but nos least, porque  me parece higiénico que un negro “progre, intelectual y amigo de los gais” (el acabose para el pensamiento reaccionario global) sea el primer mandatario de la nación más poderosa de la tierra.