martes, julio 01, 2008

Un brindis por el fútbol

Publicado en "Diario Menorca" el 30 junio 2008

Pues sí, “podíamos”. La clave estuvo en superar la barrera psicológica de los cuartos; a partir de entonces, el equipo se soltó y pudo desplegar el fútbol que lleva dentro, que es el de toque, desmarque, honestidad deportiva, belleza, todo lo contrario del fútbol que triunfó en el último europeo celebrado en Portugal, encarnado en la cicatera y ramplona selección griega. El final de la final con el equipo español atacando con criterio y determinación en lugar de defender con uñas y dientes su exigua ventaja fue toda una declaración de principios.
Este lanzador de córners está encantado de la vida por varios motivos: porque ganó España, que era mi selección, con perdón de Urkullu, Puigcercós y demás forofos sobrevenidos de Rusia, Turquía, Suecia…, etcétera, y porque lo hizo jugando al fútbol infinitamente mejor que los demás y no con la mítica “furia” o los escatológicos “cojones” tan del gusto de la caspa hispana. También me alegro por Luis a quien la despiadada “furia” de algunos comentaristas había dejado como un ecce homo por haber osado dejar fuera de la selección al “siete de España”.
¿Por qué esta vez sí ha sido posible? Entre otras cosas porque se ha dispuesto de un líder impertérrito, impermeable a las críticas, fiel a sus ideas. Gracias a ello se ha logrado un grupo humano fuerte y cohesionado, condición sine qua non para soñar con el éxito. También porque contamos con una generación de jugadores descarados, creativos, inteligentes y con espíritu ofensivo, habilísimos en el manejo del balón (Cesc, Xavi, Iniesta, Silva) y porque por fin, España dispone de un número nueve con clase, fuerza y elegancia, Fernando Torres, a quien su paso por el fútbol inglés ha curtido de forma extraordinaria. Y no digamos de su complemento ideal, el guaje Villa, un oportunista nato.
En fin, que, como futbolero empedernido, me alegro también por la capacidad taumatúrgica de mi deporte favorito, la ilusión que es capaz de generar por encima de ideologías y sentimientos de pertenencia (con las excepciones más o menos impostadas, teatralizadas, que se quieran). La magia del fútbol ha podido con todo, y hasta mi ullastre, bajo cuya copa escribo, bisbisea de pura satisfacción.