lunes, diciembre 07, 2009

¡Todo gratis!

Un anuncio televisivo lo dice alto y claro: ¿Qué tiene la palabra "gratis" que enardece al personal? Pues ni más ni menos que éste se ha creído la milonga de la extensión infinita de derechos sin cortapisas ni deber alguno. Si la Educación y la Sanidad son gratis, por qué no la Cultura, se dice la ciudadanía cibernética. ¿Acaso no tenemos derecho al acceso a sus fuentes?
Una de las expresiones más preclaras del actual estado de cosas es la exigencia de la Internacional Internauta del acceso universal a los contenidos culturales de la Red de redes. Películas, música, libros, todo está ahí, en el ciberespacio, listo para tomarlo, como la fruta del Edén. ¿No tomó Eva la manzana? ¿Por qué no podemos bajarnos la película, el disco o el libro que nos apetezca? ¡Es la libertad!, exclaman ufanos los internautas quienes aconsejan a los autores "que se adapten a los tiempos" (en román paladino, que se apañen como puedan), como los pesqueros que frecuentan la costa de Somalia.
Y luego viene el típico discurso neoanarquista de las perversas intromisiones del Estado en el libre mercado, el regreso de Orwell y su Big Brohther, el Estado policial, la pérdida de la intimidad (privacidad, dicen ahora en spanglish), y el sursumcorda, obviando arteramente que la legislación europea incluye todo tipo de sanciones, incluidas penas de prisión contra quienes atenten contra los derechos de autor en el ciberespacio (en Alemania, sin ir más lejos, la ley prevé hasta tres años de cárcel por vulnerar los derechos de autor).
Quizás un ejemplo ayude a comprenderlo mejor: ¿Qué dirían los arquitectos si empezaran a colgarse sus planos y proyectos y la gente empezara a bajarlos para hacerse sus casas por el morro? Pues eso y cuidado con los cantos indiscriminados a la Libertad, tan superventas hoy día.
Ya sabemos que escritores y artistas son gentes de la farándula, o sea, de mal vivir, pero incluso gente tan poco recomendable tiene sus necesidades, es decir, sus facturas que pagar. Pequeño detalle.