martes, marzo 30, 2010

Monjas

Cuando hace tres años compartí tertulia televisiva en IB-3 con la monja benedictina Teresa Forcades sufrí un shock: la monja, que además es médico master en salud pública y teóloga de carrera, se situó en la franja más progresista del elenco (hablábamos de la Iglesia, en general), abogando por el fin del celibato y la entrada de la mujer en el sacerdocio. De hecho susurré a mis compañeros de coalición "progre" que callaran y la dejaran hablar a ella, que ya se encargaba de minar las posiciones "retro" de sus coligados. Años más tarde se haría famosa por su atinado cuestionamiento de la vacuna de la "nueva" gripe...
Ahora, acostumbrado resignadamente a las proclamas apocalípticas de moseñor Rouco y sobre todo de su sonriente edecán ¿Martínez Somalo?, revivo como admirador de la figura humana de Jesús de Nazareth con las declaraciones que efectúa otra monja, Sor Llúcia Caram en el diario Última Hora-Menorca en las que manifiesta, por ejemplo en el asunto del aborto, que " Jo em cuidaria molt de condemnar d'una manera tant lleugera els qui ha, votat o tingut un plantejament diferent"... "Els legisladors han garantit la llibertat de conciència dels metges, que las decisions que prengui la dona de cap manera la puguin dur a la presó"... "El sexe, és potser una expressió oberta a la vida de la parella, dels dos. Una expressió legitima"...
Sobre el celibato: " Si existís l'opció lliure al celibat s'evitarien problemes com aquests, El que no sàsumeix lliurement o igual s'asumeix perqè no hi altre remei, surt en forma de patologia"...
Sobre el sacerdocio femenino: " Si al govern del Vaticà hi hagués dones que estiguessin al despatx de la diplomàcia, les coses serien diferents i molts conflictes potser, se resoldrien d'un altre manera"...
La figura de Jesús: "Jesús mai volgué formar cap doctrina, simplement un grup d'amics per viure la passió del Regne, per alliberar la gent, anunciar la bona nova al servei dels més pobres"... "A Jesús el van condemnar, me pregunto si avui el tribunal de la congregació de la doctrina per la fe al salvaria"...
No todo está perdido en la viña del Señor...

sábado, marzo 27, 2010

Madrid no arde

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 27 marzo
Confieso de entrada que este no es el titular que tenía en mente cuando tomaba el vuelo a Madrid el pasado fin de semana. Influenciado como estaba por las tertulias políticas de los medios, casi siempre flamígeras las radicadas en La Villa et Corte, con patrias desmembradas, presuntos contubernios con terroristas y familias amenazadas por pérfidos laicistas, y persuadido por la creciente (y deliciosa) amenaza de una Cibeles cubierta de banderas azulgranas y ¡Oh, cielos, catalanas!, la verdad es que pensaba encabezar la columna con un apocalíptico ¡Arde Madrid!...¿Debía permitir que la realidad me estropeara un buen titular?
Hete aquí que me encuentro la ciudad tan acogedora y amable como siempre, sin vestigios del fin del mundo que anuncian un día sí y otro también sus voceros mediáticos, empeñados en una permanente cruzada contra el sosiego que intentan contagiar de forma contumaz al resto de España. Vocingleros y desmesurados, acuden con notable frecuencia a un Santiago y cierra España que es contemplado con cierta distancia irónica desde el Mediterráneo, un poco al estilo de Obélix: “¡Están locos estos españoles!”. Y es que, aunque las cosas anden mal en nuestro país de países, hay miradas que hielan la sangre.
Madrid se ofrece al visitante como lo que es, una de las ciudades más hospitalarias del mundo, a la que como a París y Londres me gusta volver de tanto en tanto, aunque mi estómago lo resista cada vez peor. Porque claro, uno no calibra el paso del tiempo y pretender iniciar un fin de semana familiar en Madrid comiendo callos y huevos estrellados en Lucio es lo más parecido a un deliberado intento por arruinar el viaje quedándose en el hotel escuchando tertulias intereconómicas a ritmo de almax. Menos mal que todo queda en soportable pesadez y tras un prudencial reposo y un tratamiento a base de bacalao pil pil (la inmensa fortuna de tener unas cuñadas con buen gusto culinario) los ácidos vuelven a su cauce orgánico y hasta nos podemos dar un garbeo por el mercado de San Miguel, reconvertido en flamante parque temático de tapas y delicatesen varias (imprescindible).
Pero había ido a los madriles a mostrar la buena nueva de mi libro a familiares y amigos, y atar cabos con Joan Cantavella, ex director de Es Diari y catedrático de periodismo, para el acto de presentación en el Ateneo de Maó / Mahón (el próximo día 9, my friends), y también a comprobar el estado real de ese español cabreado que propagan los medios como contrapunto al catalá emprenyat que ha acuñado el brillante corresponsal de La Vanguardia en Madrid Enric Juliana. Esperaba encontrarme bares y hoteles tapizados con páginas de La Razón y La Gaceta, banderas españolas y merengues por doquier, gentes airadas por la crisis y la eliminación de la Champions y nos topamos con la ciudad alegre y confiada de siempre, encantada con el visitante aunque comprara en el quiosco La Vanguardia y El Mundo Deportivo.
La Gran Vía sigue en efervescencia día y noche, Chicote es otra cosa pero está, y la espléndida Casa del Libro continúa marcando la pauta literaria pese a la cercanía del beligerante Fnac donde además puedes hacerte con una selección de cinco compactos de Miles Davis o Ella Fitzgerald por diez euros, los teatros se llenan (discreta representación de “Brujas” en el Muñoz Seca en la Plaza del Carmen), el chocolate con churros sigue siendo el desayuno por excelencia, el Rastro, ¡ay el Rastro con sus libros de ocasión bajo el liderazgo del cicerone Cantavella! : la Causa General sobre el rojerío, la vida de San Luis Gonzaga, comics ancestrales (me llevo un recopilatorio del Cosaco Verde para futuras veladas con mi inminente nieta, mesquineta la que le espera)… ¿Y el arte? Desde que gusta a todo el mundo o todo el mundo hace como que le gusta, no hay forma de ir a una exposición salvo cola de hora y media en la calle. A las puertas de la Fundación Mapfre nos quedamos sin impresionistas. No a este precio, la carne es débil.
Pero faltaba superar la prueba definitiva para confirmar que la capital de las Españas no arde por los cuatro costados: ver el partido del Barça en un lugar público y no morir en el intento. Bar con pantalla gigante en los aledaños de la Gran Vía con esposa aragonesa y sobrino vasco, todos blaugrana, of course. Gol de Messi. Me contengo unas décimas de segundo, las justas antes de que el público realmente existente-ingleses en su mayoría, bien es cierto- prorrumpa en aplausos. Me levanto y canto el gol una, dos, tres y cuatro veces. Los ingleses, someramente cocidos berrean y los del bar (presuntos atléticos o agnósticos) sonríen, condescendientes. Definitivamente Madrid no arde aunque no sé lo que puede ocurrir si un día no lejano en La Cibeles… En fin, I love Madrid.

miércoles, marzo 24, 2010

Sanidad razonable

Me pregunta un bloguero por mi opinión sobre la recién aprobada reforma sanitaria de Obama y me parece pertinente: al fin y al cabo soy médico y tengo experiencia tanto en la sanidad pública como privada. Y empecemos con un prejuicio: el solo hecho de que la oposición republicana y toda esa carcundia del tea party se haya puesto tan borde con el asunto ya me predispone a favor de Obama y sus planes...
Dicho eso, añadamos que soy partidario de una razonable sanidad pública que no deje a nadie tirado en la cuneta por no disponer de recursos económicos y esto está pasando en el sistema americano donde primas abusivas, franquicias absurdas y exclusiones salvajes de los seguros privados podían arruinar a una familia con un problema de salud importante. Claro que en el reino del ¡allá tú! esto no sea más que pecata minuta.
He dicho sanidad pública razonable y me temo que la nuestra tampoco lo sea. La espiral del gasto por las nuevas tecnologías, el envejecimiento de la población, la atención a la población inmigrante que se trae a sus familiares para que se les opere aquí de lo que sea, configuran un escenario insostenible a medio plazo. Adaptar las prestaciones al tiempo cotizado y sobre todo el copago según renta son reformas que cuanto más se aplacen peor para el sistema que, a mi juicio, debería centrarse en mantener su espléndida red hospitalaria para enfermedades serias, las que no puede pagarse el común de los mortales y liberalizar la primera asistencia con la entrada de mutualidades privadas, etcétera.
En fin, es un asunto complejo en el que Obama, para volver al inicio, ha conseguido una victoria importante que no es semilla de comunismo alguno como dicen los fanáticos neocon sino elemental solidaridad social. Tampoco sería pérfida liberalización lo que propongo para nuestro sistema, pero en fin, ya sabemos que a los fundamentalistas les encanta la taxonomía.

jueves, marzo 18, 2010

El síndrome de la Cibeles

Resulta que el año pasado había un "estado de canguelo" en Cataluña por una hipotética remontada del Real Madrid en la Liga. Habíanse instalado unos sofisticados instrumentos para medirlo que se llamaban "cagómetros", mientras crecía y crecía la euforia blanca ante cada nueva victoria. Luego llegó lo que llegó, el famoso set 2-6 y si te visto no me acuerdo.
Esta temporada, desechado el canguelo, se hablaba del "villarato", espesa teoría conspirativa que explicaría los repetidos éxitos del equipo de Guardiola, y se montó un enorme dispendio económico para lavar la afrenta del año pasado. Se abrieron viejos baúles con el tesoro del abuelito (ADN europeo, Florentino dixit) para preparar el retorno del Realísimo a "su" competición cuya final sería un trámite para llegar a "la décima", que acabaría con su aúreo plumazo con el ofensivo espejismo azulgrana... Las cosas volverían por fin a su sitio natural.
Pero hete aquí que no. Ni habrá final blanca en el Bernabéu ni décima. Y no sólo eso sino que en el horizonte amenaza borrasca, ni más ni menos que una tormenta perfecta: la posibilidad cada día más cercana de que el Barça juegue la final del Bernabéu y aquella noche la Cibeles aparezca cubierta de banderas azulgranas y ¡horror!, catalanas.
¿Que hará la lideresa Esperanza Aguirre para paliar los efectos colaterales del canguelo cibelero que se ha instalado en los madriles? ¿ Capote torero? ¿Rebelión estilo tea party? ¿Prohibición urbi et orbi de manifestaciones de euforia deportiva? Atentos a la pantalla.

sábado, marzo 13, 2010

El cine, al rescate

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 13 marz0
Estaba uno en ese vivir sin vivir en sí propio de la situación, agravada por el frío estepario, mientras al atardecer me dirigía a Radio Es Castell para una entrevista sobre mi flamante libro. El mediodía en Cales Fonts, bajo un sol tibio, me había proporcionado un poco de sosiego, asentado luego al calor del hogar con una magnífica paella de verduras de ella regada con rioja sin la habitual mesura impuesta por el código de circulación cuando comes fuera. Instalado en la placidez me vino a la cabeza el viejo chiste de Forges, en el que “Mariano” se pone el delantal y espeta a su mujer: “Cariño, hoy hago yo la comida, ¿dónde está la cocina?”… Vamos que entre unas cosas y otras uno empezaba a olvidarse de las zozobras de la crisis y de ese invierno largo y escalofriante…
Pero hete aquí que aparcas en los aledaños de la Explanada después de meses sin pisarla y sientes un vahído desconcertante: ¿Estoy en Es Castell o en Budapest? Porque al irrumpir en la plaza uno se ve transportado a uno de esos desangelados espacios urbanos de la Europa del Este, enormidades áridamente vacías, gélidas e inhóspitas. Mientras atravesaba aquel páramo rumbo a la emisora empecé a pensar en temas para este artículo y sólo se me ocurrían asuntos más o menos sombríos y / o inextricables: la pintoresca cacería del juez Garzón, el castizo capote de Esperanza Aguirre, sus rebeliones “cívicas”, las baladronadas de Hugo Chávez, los timoratos balbuceos de Moratinos, el aumento del paro, la bajada de reservas de plazas turísticas, los sucesivos terremotos (Ay, ay, ay, ¿se estará cabreando Jehová?), el frío calentamiento del planeta, la temida soledad de mi libro en las estanterías…
Tras la entrevista radiofónica, en la que traté de hablar de mi inventario de perplejidades, decidí dejar el artículo en suspenso. No quiero ser un columnista plasta dando la tabarra con el apocalipsis que nos asuela. Lo escribe hoy mismo Elvira Lindo en El País, yo también prefiero el articulista extravagante al previsible y por tanto prescindible. Así que al llegar a casa, en lugar de escribir, exhumo el deuvedé de “Un americano en París” para revivir la melodía de Gershwin que nos regalara el otro día la orquesta de cámara Illa de Menorca en el Principal, y también para no tener que oír ditirambos a la magna victoria merengue del día anterior (el que este año se lave la afrenta blaugrana parece una cuestión de Estado), que todo hay que decirlo, y mañana será otro día.
Y vaya si lo es cuando escucho, aún entre sábanas, las noticias de la radio y me entero de que “Avatar” no ha ganado más que la consolación y “El secreto de sus ojos” se ha llevado el premio a la mejor película extranjera. Y no porque tenga nada contra el film de James Cameron, que no he visto (tuve suficiente dosis con el trailer-engrescador) sino porque entiendo que el cine es, debe seguir siendo otra cosa, más allá de la informática, sus trucos digitales, y sus muñecos de colorines. La película de Campanella sí habla de sentimientos y conflictos humanos, de tristezas y alegrías, éxitos y fracasos, trenes perdidos, amistad, amor y desamor, ternura y brutalidad, a través de una historia bien contada (detrás hay un guión digno de tal nombre) y mejor interpretada por unos actores que te llevan de paseo por los senderos de una vida que en algún momento puede ser la tuya. Cine sin pirotecnias, arte en suma.
También me alegro por ese monumental actor que es Jeff Bridges, y no menos por Sandra Bullock, capaz de ganar el mismo año el oscar a la mejor actriz y el premio Razzie a la peor. Me gusta la Bullock por lo mismo que George Clooney, porque ninguno de los dos parece tomarse en serio a sí mismo, son actores auto paródicos y creo que este mundo tan repleto de gente pagada de sí misma y por tanto, sumamente peligrosa, necesita personajes emblemáticos dispuestos a reírse de su propia sombra, que es la forma de humor más sutil e inteligente, la única que realmente merece la pena. Salud, Sandra, salud, George.
Así que empieza una nueva semana y de nuevo soy capaz de sonreír gracias a ese embeleco mágico que es el cine. Claro que aún no sabía que el jueves amanecería tan radiante y con otra extraordinaria película en cartelera, El Rey Lyon, que con exiguo presupuesto logra derrotar a la millonaria Galaxia II en el agujero negro en un certamen europeo. Cosas del cine.

jueves, marzo 11, 2010

El perro que salió volando

Estaba muerto de frío y temores sentado ante la tele con mi perra Tronya en mi regazo. El Realísimo iba ganando y todo hacía presagiar otro alud de patrioterismo deportivo en los medios. Entonces sucedió el prodigio: Tronya salió despedida y yo me encontré de pie vociferando entusiasmado ante la caja tonta. Gol del Lyon.
El porqué de tal reacción, ajena a mi acreditado talante british me tiene hoy sumido en un mar de profundas cogitaciones. A nadie puedo ocultar mi filiación culé, pero ni en las más históricas victorias suelo reaccionar con semejante aparato de rayos y truenos. ¿Por qué ayer, con ocasión de una derrota? Porque nada que ver tengo con Lyon donde sólo estado una vez en mi vida, y aunque comí muy bien en su mítico Bocusse, poco me importaban sus avatares deportivos... hasta ayer.
¿Por qué en mi fuero interno deseaba tanto la derrota merengue? No era novedad, repito, toda la vida les he deseado el mayor mal deportivo posible (y así me ha ido), pero nunca había reaccionado como anoche. ¿Será por esa creciente, sebosa e insoportable arrogancia de que hace gala gan parte del madridismo y la mayoría de medios de comunicación nacionales y que este año ha alcanzado cotas inimaginables? Será.

sábado, marzo 06, 2010

Provocaciones

Como sea que veo estas páginas un tanto aletargadas, voy a intentar activar las brasas. Primera paletada: Lo de Garzón me sigue pareciendo una cacería inmunda y, a mi juicio, que lo subyace es, venganzas aparte, el intento de acabar con la trayectoria jurídica del caso Gürtel, como se hizo con el caso Naseiro. En estos asuntos la derecha siempree es hábil...
Segunda: Se piense lo que se piense de las corridas de toros-a mí me parecen un atavismo-, el debate en el Parlament de Catalunya es un ejercicio democrático de primer orden, nacido por iniciativa popular, no gubernamental. No lo invalida el que detrás de algunas posturas anide un sentimiento antiespañol, como tampoco la españolísima irrupción de la señora Aguirre. Esencialmente es un debate moral sobre el maltrato a los animales y su conversión en espectáculo.
Hala, a debatir.

sábado, febrero 27, 2010

Delicias de la crisis

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 27 febrero
A Paqui, musa de la austeridad. Y a Vicent Lluís, correligionario.

No todo va a ser llanto y crujir de dientes a cuenta de la crisis. Quienes nos pasamos la vida apagando luces, cenando de las sobras del mediodía o llevando zapatos al remendón, más por reflejo atávico que por ahorrar, aunque también, ahora nos sentimos rehabilitados, qué quieren que les diga. Después de soportar chanzas, sarcasmos y algún que otro mote como el de “posguerrines”, alusivo a nuestra infancia de flechas y pelayos en la que la austeridad era la norma (como la castidad, la devoción, el patrioterismo, y tantas otras cosas que supuestamente nos hacían personas de profit), ahora que ha explotado la burbuja vemos que muchos de nuestros debeladores, transformando la necesidad en virtud, intentan desesperadamente hacer méritos para entrar en la secta.
Pero me temo que no es tan fácil cambiar la inercia (¿el chip?) de quienes durante la época de la xalada perpètua recién extinguida se habían apuntado con armas y bagajes al turboconsumismo de productos efímeros, innecesarios y perfectamente inútiles, extasiados ante la imagen fílmica del ejecutivo que en lugar de echar la camisa sucia a la lavadora la tira a la basura mientras desgarra displicentemente el celofán de la nueva. O adoptan la pose de quien para mitigar los efectos de un estornudo gasta una docena de kleenex en vez de usar un tradicional pañuelo de hilo y guardarse los mocos en el bolsillo como nos enseñaban a los “posguerrines” para que fuéramos adquiriendo conciencia ecológica. O de quienes abandonan la nevera en el contenedor de basuras ante la primera vibración, o la tele a la primera nevada en la pantalla, o de quienes dan la vuelta al mundo tirando de tarjeta de crédito, o de quienes vuelven de viaje con los cachivaches más absurdos… En fin
Y que la vida del “posguerrín” no es nada fácil: el otro día casi derramo unas furtivas lágrimas mientras un técnico en ordenadores, con esa sonrisa compasiva que suele dedicarse a los dinosaurios, me asestaba el golpe letal de calificar mi precioso ordenador portátil, en el que tenía puestas todas mis complacencias, de antiguo, gagá, obsoleto (por poco no lo llama colaborador necesario de la crisis), y que debía cambiarlo inmediatamente si no quería ser objeto de befa universal. Protesté e incluso pataleé presa de un ataque de nostalgia que me llevó a recordar mi vieja bicicleta (me acuerdo de su esotérica marca: “Lobo”, ahí es nada) de segunda mano que utilicé durante toda la infancia-juventud, el seiscientos de mi padre que rodó con gallardía por las carreteras de las islas durante más de treinta años (y no me extrañaría que aún siguiera haciéndolo) o mi fort sill de madera con el que jugué a indios y vaqueros hasta casi los diecisiete años, cuando empecé a achantarme ante la perspectiva que me descubriera alguna de las chicas a las que nunca decíamos que nos gustaban pero que nos gustaban de veras (éramos muy plastas para ciertas cosas).
Ahora, gracias a la crisis y mientras Zapatero teje y desteje como una Penélope majareta, y Rajoy vegeta esperando que se ahogue en sus propias lianas, los posguerrines concienciados esperamos poder cumplir algunos sueños: ver de nuevo (cuidado amigos con la feminista de guardia, a ver si lo decimos astutamente) cómo nos cosen calcetines agujereados con aquel singular huevo de madera, o vuelven a arreglarse las tostadoras de pan o los aparatos de aire acondicionado, o se alargan o acortan pantalones para pasarlos al hermano, o se da la vuelta a los cuellos de las camisas, o cómo se forran los libros de texto, cómo no se deja ni un mendrugo en la mesa, o se llevan a arreglar las varillas de los paraguas ahora que ya han dejado de regalarlos en los simposiums, o se utilizan los reversos de los folios usados para escribir esbozos de novela o pergeñar anónimos para Internet, o cómo se insulta simplemente levantando el dedo corazón, sin desperdiciar palabras, como nos ha enseñado recientemente josemari…
Ah! Y acabar de una vez por todas con los despilfarradores menús de degustación para escarbar en los menús del día como cuando de pequeños íbamos al pionero Can Sastre de Es Castell (Villa-Carlos entonses), volver a la cocina tradicional, de pobre, como las deliciosas migas aragonesas, o nuestro tradicional arròs de la terra (el sábado pasado sin ir más lejos llevé a unos posguerrines declarados y a unos animosos aspirantes al restaurante Bósforo, en el puerto, donde Lluís Orfila me había prometido una segunda exhumación -la primera es de Ca n’ Aguedet- de tan ancestral plato, que no es arroz sino trigo molturado, con botifarró incluido: estuvo soberbio, pero los hay que aún no se han recuperado). Mi siguiente objetivo -Lluís está en ello- es recuperar las deliciosas, identitarias y baratas oranes, un postre mayestático perdido en la noche de los tiempos y que merece su lugar entre el mosaico de mousses, pies, tatins y demás mariconadas globalizadas.
Todo por la causa, al fin y al cabo: trampear como podamos volviendo a destapar el tarro de nuestras esencias. Y que chinchen los despilfarradores.

domingo, febrero 21, 2010

Menorca en la encrucijada

Algunos amigos me piden que transcriba en el blog lo que expuse en el Foro Menorca celebrado el pasado viernes en el Hotel Capri de Mahón . Aunque no lo tenía escrito, trataré de recordar lo más sustancial antes y para compensar olvidos añadiré cosas que podría haber dicho y que no dije, o sí, no recuerdo En fin, vayamos a ello.
Empecé por reconocer que no suelo pensar Menorca, sino que trato de disfrutarla, por lo que el ejercicio de reflexión a que me obligaba la invitación no prometía mucho. ¿Qué somos, cómo nos vemos los menorquines? A una pregunta semejante formulada a Churchil sobre los franceses, dijo que "no los conocía a todos como para poder opinar". Algo así podría decir pero no añadiría ninguna luz así que me remonté al pasado predemocrático, cuando estudiaba en la universidad y me preguntaban por mi origen. "Menorquín", contestaba y me replicaban instantáneamente "¡Ah, mallorquín!".
Eran tiempos predemocráticos, decía, pero cargados de una enorme ilusión democrática, en los que llegamos a confundir instrumentos y fin. Porque la democracia es sólo un instrumento, no la Arcadia feliz en la que se resolverán todos los problemas. Es lo que podríamos llamar "adanismo", la vana ilusión de empezar de cero para llegar al paraíso. En Menorca, aterrados por el modelo turístico de Mallorca e Ibiza, caímos en una especie de adanismo turístico germen de la escasa querencia histórica de los menorquines por la industria turística, mirada siempre con recelo. Creíamos-yo era uno de los pecadores- que nuestro tradicional equilibrio ( bisutería, calzado, queso) era indestructible y que el turismo tenía que ser un simple ( y despreciable) complemento, el chocolate del loro, vamos.
Luego vendría el desencanto y con él, en la isla una resignada conciencia de que necesitábamos el turismo más de lo que habíamos sospechado, así que empezamos a dedicarnos a él con aires de señorita ofendida, con displicencia y escaso rigor, con mala calidad. Pero vinieron tiempos de euforia y los menorquines nos apuntamos con armas y bagajes a los tiempos de la hipoteca globalizada, empezamos a vivir por encima de nuestras posibilidades, pero eso sí, con turismo all inclusive, dejando de lado no sólo la calidad sino también la industria tradicional, olvidando la formación profesional de los jóvenes, felices con llenarse los bolsillos en la industria turística en verano y cobrando del paro en invierno...
Hasta que el modelo salta por los aires, estallando una cuádruple crisis: la financiera del mercado desregulado, la intelectual que confunde cultura y entretenimiento( pérdida de elites, líderes), la política, con la instalación en las respectivas trincheras y la sustitución del argumento por el eslógan y la del llamado turboconsumismo. Menorca la sufre más que sus islas hermanas, instaladas en una potente inercia turística, y entra en fase de estupor ante episodios que trastocan sus certidumbres más arraigadas como los asaltos violentos a domicilios privados, o evidencias de que algo se está haciendo muy mal cuando nuestra ancestral feria de turismo marcha a Palma o cuando no se facilita la instalación en la isla de proyectos tan interesantes con el de la bodega de Torralbenc Vell.
¿Y el futuro? Pienso que a corto y medio plazo es preocupante, pero a largo plazo, el grado de preservación actual de nuestra isla nos confiere un plus precioso para hacer las cosas bien si nos ponemos las pilas: un modelo singularizado basado en nuestras calas vírgenes, el camí de cavalls, nuestro acervo prehistórico, la época de las dominaciones inglesa y francesa, nuestro peculiarísimo siglo XVIII, nuestra afición operística... ¿Por qué no especializar nuestro fantástico teatro principal en ópera mozartiana durante todo el año? Intentar atraer residentes de renta media-alta, jubilados europeos, localización de empresas o de departamentos de empresas a lo largo del año...
Pero para ello, la sociedad civil, la tradicionalmente activa y brillante sociedad civil menorquina, debe despertar de su letargo, olvidarse del corrosivo pel que és Menorca n'hi ha prou y ponerse manos a la obra. Ya no nos podemos permitir una cosa que estigui bé sino que hay que hacerlo definitivamente bien. Nos va el futuro en ello.

martes, febrero 16, 2010

Asuntos peliagudos

Crisis aparte, escucho como todas las mañanas la radio-diferentes emisoras-y me preocupan especialmente dos aspectos de la actualidad porque inciden en puntos muy sensibles de la estructura del Estado democrático. La primera, la del presunto chivatazo de la policía a los terroristas para que levantaran el vuelo y no fueran pillados durante las últimas negociaciones con ETA. De confirmarse y sustanciarse jurídicamente, sería un escándalo tanto o más grave que el terrorismo de Estado de infausto recuerdo. Que la policía, ministerio del interior o quien sea del aparato estatal alerte a unos terroristas haya o no tregua, haya o no negociación, es más de lo que lo que cualquier sensibilidad democrática puede aceptar.
El otro asunto es el del procesamiento del juez Garzón a instancias de entidades de más que dudosa procedencia e intenciones por su intento de investigar algunos crímenes del franquismo y ayudar en la localización de fosas comunes. Al parecer, el juez "campeador" habría incurrido en el delito de prevaricación por cuanto no le correspondía investigar algo ya amnistiado, etcétera. Sin entrar en disquisiciones jurídicas en las que soy ignorante, los argumentos utilizados para procesarle parecen notablemente rebuscados y podría decirse que suenan a "vendetta" por parte de antiguos compañeros de carrera y, cuando menos, torticeras intenciones por parte de sectores de la derecha cavernaria.
Garzón no deja indiferente a nadie, para lo bueno y para lo peor, pero a su vez nadie puede negarle arrojo y entrega. Quienes le acusan de izquierdismo doctrinario parecen olvidar que nadie como él contribuyó a la caída del felipismo con sus investigaciones sobre el GAL y nadie puede pasar por alto su enorme contribución a la lucha antiterrosista y contra la impunidad de las dictaduras como la de Pinochet. No sería una buena noticia para la democracia su salida de la Audiencia Nacional por la puerta falsa.

sábado, febrero 13, 2010

En la carretera… ¿Hacia ninguna parte?

Publicado en Diario Menorca el sábado 13 Febrero
A la vuelta de un viaje profesional (no sé si a un congreso o a un circo, corren tiempos de confusión entre ciencia y mercadotecnia) por tierras ilicitanas y, tras comprobar con resignación que mi nuevo libro aún sigue en el limbo del “vuelva usted mañana”, repaso la prensa menorquina y me encuentro con algunas noticias que merecerían ser incluidas en el Inventario de perplejidades, después de la resaca del exilio de Sebime a Palma: el brutal asalto a la casa de unas ancianas en pleno centro de Mahón y la despavorida huida del arquitecto que planeaba una vanguardista bodega en el alicaído campo menorquín (Torralbenc Vell, Alaior) “por las continuas trabas burocrático-institucionales”.
Para olvidar penas (acrecentadas por el horrible partido de fútbol matinal en Bintaufa), nada mejor que aprovechar los tibios rayos de sol con una cañita en Cala Figuera, unas croquetas y algo de conversación. Nos encontramos con unos amigos madrileños náufragos de febrero en la reserva de la biosfera.
-¿Qué tal el fin de semana?
-¿Qué hacéis vosotros un sábado invernal por la tarde en Mahón?-nos contestan a la gallega.
-Hombre, veréis, entre la Liga inglesa, un poco de lectura y Ocimax, vamos tirando. ¿Y vosotros?-insistí con curiosidad suicida.
-¿Te refieres al cine? Quita, quita… Nos salimos de la sala a la media hora.
-No me digas que se os ocurrió ir a ver “La carretera”.
-Pues sí, la ponían muy bien…
-No es la mejor idea para un sábado de febrero en el far west menorquín. Leí el libro hace un par de años y, tras la apocalíptica aventura de padre e hijo ( ¿por el Carrer Nou un sábado de tramontanada por la tarde?), me tuve que someter a una cura antidepresiva de caballo a base de Woody Allen, Chaplin, La vida de Brian, y la colección completa de Asterix y Obelix. Mala elección, amigos, para una tarde de genuino invierno menorquín.
-No tuvimos otra: bares y restaurantes cerrados y un frío de muerte en nuestro apartamento. Después de la fallida sesión de cine acabamos durmiendo en un hotel… también desolado.
La anécdota es ilustrativa de los tiempos que corren. Y es que el paisaje social ciudadano de nuestra isla, sólo faltaba la imagen de las ancianas golpeadas, es casi tan acongojante como el que describe Corman Mc Carthy en su novela. La clase política levita en un mundo virtual, en su propio show de Truman, las tiendas cerradas, bares y restaurantes en stand by, sin capacidad de prever ni prevenir ni mucho menos solucionar (el abecé del buen político, como el del médico sería curar cuando se pueda pero aliviar, siempre), y sin reflejos suficientes para agilizar / facilitar iniciativas emprendedoras, desenredando mallas burocráticas. La sociedad civil, antaño esplendorosa, deambula en la carretera, encapsulada en su burbuja de engañoso bienestar, dando tumbos hacia no sabe dónde, acechada por peligros insospechados en un hábitat hasta ahora alcanforado y seguro como el claustro materno.
El lunes por la mañana, apenas recuperado de los efectos colaterales del Villarato, la conspiración cósmica que trata de impedir que el Real Madrid lave la afrenta de las seis copas y los seis goles, voy a la frutería a por las últimas pomas de nadal y mi lado un cliente está hablando con la vendedora:
-¿Qué le debo por esta patata?
Joder con la crisis que era sólo desaceleración acelerada…

sábado, febrero 06, 2010

Crisis

El blogero ha estado unos días fuera, de congreso profesional en Elche. Bonita ciudad, tamaño pequeño, como Palma, zonas verdes coronadas por abundantes palmerales, seña de identidad como la Dama. Pero no he ido de turismo sino por cuestiones de trabajo así que no puedo contar mucho, más allá de alguna que otra conversación con los taxistas que me han traído y lllevado de un hotel situado ¡en un polígono industrial! Según su acento me dirigía a ellos en catalán o castellano, como en los kioskos en que entré a comprar "Información", su periódico regional de referencia, y en ambos casos, la entente esra cordial, como de "colegas" mediterráneos y de idioma ( por mucho que algunos quieran diferenciarlo por cuestiones políticas espúreas, es el mismo).
Bien, los taxistas, que curiosamente no sintonizaban "Intereconomía", la sucesora de la COPE, me explicaron que allí los chinos han hundido la industria del calzado, instalándose masivamente en el poligono donde he vivido un par de días y produciendo zapatos como churros. Claro que escarbando un poco, la cosa empezó cuando los empresarios ilicitanos "deslocalizaron" sus empresas en China para abaratar costes... Y los chinos que son muy disciplinados pero no tontos entendieron que ellos lo podrían hacer en origen y ganar una pasta gansa.
En el hotel, de una conocida cadena, el recepcionista hacía de barman y me sirvió una ensalada mientras atendía el teléfono e ingresaba huéspedes. En fin, son diversos aspectos de una crisis que se ve, se siente hasta la congoja generalizada. Si será así que hasta el presidente campeón del laicismo reza...

sábado, enero 30, 2010

¡Para lo que hay que ver!

Publicado en Diario Menorca el sábado 30 enero


A Mario Delgado, quien aún tiene mucho que mirar

Mi antigua enfermera del Seguro, con la que aún comento la jugada de vez en cuando, solía apuntar las frases célebres que de vez en cuando pronunciaban los pacientes a la hora de atribuir sus dolencias a las causas más peregrinas. Y es que a todos nos gusta saber por qué nos ocurre esto o aquello y, aunque a algunos escépticos crónicos nos pueda satisfacer atribuirlo al azar o simplemente a causas hoy por hoy desconocidas, la mayoría busca certidumbres. Así, recuerdo siempre a aquella madre que había encontrado la causa irrebatible a la bizquera de su hijo: “Mi hijo tuerce la vista porque hice mucha calceta durante el embarazo”, nos dijo con irrebatible seguridad. Ni que decir tiene que no traté de refutar su argumento, lo importante era que colaborara en el tratamiento de su hijo.
Aunque en nuestro entorno el pensamiento mágico ha remitido, aunque tampoco estoy muy seguro, sustituido por las melifluas aportaciones de los Coehlo, Bucay y compañía, de la misma forma que las diversas intrigas catedralicias van ocupando el lugar de la literatura, siguen sorprendiéndome algunas explicaciones que escucho en la consulta. Últimamente me llama la atención la resistencia (en gentes de todo origen, género y extracción social) a reconocer que la visión de uno es manifiestamente mejorable.
-Pues no he notado nada, veo la mar de bien.
-¿Qué letra es aquélla?
-¡Hombre, doctor, en la vida normal no hay letras tan pequeñas!
Luego viene la graduación, artesanal (personalizada, dirían hoy), como nos gusta hacerla a los especialistas veteranos.
-Lea ahora.
-Bueno, sí, pero no necesito ver tanto.
- Hombre, si puede ver bien- trato de argumentar-, ¿por qué conformarse con menos?
Y entonces suele ocurrir el prodigio que me deja perplejo.
-¡Total, para lo que hay que ver!
Según el tipo de paciente puedo hablarle como el lobo de Caperucita de “para ver mejor” el excelso juego del Barça y /o las suculentas curvas de Megan Fox, o leer mejor el último libro de Paul Auster, o contemplar por televisión sin perder detalle el inminente rezo de Zapatero en Washington, descifrar la letra pequeña de la herencia del señor Balada o de la supersónica sentencia del caso Fundación, pero en general uno se queda cautivo y desarmado ante semejante respuesta en plena era del vivir a tope.
“¿Qué le digo ahora?” es mi dilema en estos casos y, aunque mi obligación profesional es persuadir, mi devoción es vivir y dejar vivir (por ejemplo, ¿quién obliga a un no fumador a entrar en un local donde “se permita fumar”?, o como me decía el otro día el amigo asturiano, ¿por qué no rotulan también con fotos de borrachos comatosos las botellas de gin?, o ¿por qué no pintan un pene coronado de llagas en los anuncios luminosos de los clubes de alterne?). Al final y por instinto de conservación de la especie suelo recomendar que al menos se pongan las gafas para conducir. Así que para qué va a romper uno su libérrima ensoñación visual…o su coquetería. Total, ¡para lo que hay que ver!

jueves, enero 28, 2010

Los peligros de la Red

Me llegan retazos del manifiesto de un tal Jaron Lanier, quien al parecer es un gurú de la Red que él contribuyó a articular. Atención: "Internet ya no es lo que era. Lo que empezó como un espacio de enriquecedor intercambio entre individuos se ha convertido en una especie de deidad colectiva" Item más: "Entronización de la masa, de la muchedumbre". Otro: " Los nuevos señores de la Red tienen por vasallos a incontables clientes crecidos en la convicción de que los productos culturales son gratis total y sus autores viven del aire".
Comenta Quim Monzó al respecto, que lo de verdad es arriesgado y valiente es hablar de la masa, de esa muchedumbre que antes daba sus opiniones en el bar, mientras se comía un pincho de tortilla, y nos explicaba cómo había que dirigir el país o cómo solucionaría "lo de la inmigración". Pero la masa, continúa Monzó, ya no da sus opiniones en la barra de un bar sino en los foros de internet, con seudónimo y total impunidad... Fíjense en el vapuleo, concluye, al que someten a todo aquel que se atreve a criticar el dogma según el cual la piratería-la descarga ilegal de canciones, pongamos-es uno de los derechos humanos básicos...
Que nadie se sienta aludido, pero sí todos concernidos. La Red es un maravilloso instrumento de comunicación y expansión de la cultura pero también de idiotización colectiva. Ojo al parche.

sábado, enero 23, 2010

La letra, con crisis, entra (¿O no?)

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 23 Enero

Despedimos una década escasamente prodigiosa con la sensación de haber recibido algunas lecciones con el ancestral método pedagógico, hoy políticamente incorrectísimo, de “la letra con sangre entra”, pero el derroche de hemoglobina no lo ha provocado aquí el cachete o la regla del maestro sino la crudeza de una crisis económica que, habiendo rozado el larguero de la Gran Depresión, ha metido un gol por toda la escuadra a la psicología colectiva que había llegado a creer que tenía el mundo a sus pies y se encuentra ahora a pies de los caballos.
Instalados en el nirvana de la euforia perpetua por el crecimiento sostenido de los últimos lustros, imbuidos del carpe diem de la opulencia incesante, lo quisimos todo aquí y ahora aunque fuera vendiendo nuestra alma al diablo de la hipoteca globalizada y de pronto, casi por ensalmo, nos vemos sumidos en un estado de estupor cósmico causado por una conjunción planetaria más extraordinaria que la anunciada por Leire Pajín, la que reúne la quiebra del enorme caudal de fe depositado en el dios Mercado como único garante de la armonía y riqueza terrenales, la súbita conciencia del desvarío turboconsumista, la derrota (¿irreversible?) del pensamiento ilustrado con sus efectos colaterales de idiotización generalizada y pérdida de entidad de las elites dirigentes, y la creciente guerra de trincheras en el discurso político, donde tener razón o tratar de argumentar tiene mucha menos importancia que la victoria de los nuestros.
Este estado de perplejidad cósmica es terreno abonado no sólo para todo tipo de populismos sino para la más amplia cosecha de mayestáticas falacias, como la proveniente de la galaxia liberal que, al más puro estilo de aquellos viejos comunistas que argumentaban que el comunismo no ha fracasado porque nunca se aplicó realmente, insisten en que no ha fallado el Mercado sino que el Estado, con sus torticeras injerencias, es el que lo hecho zozobrar y que con más madera (más bajadas de impuestos y más liberalización) las aguas volverán a su cauce.
El asunto es que en el comienzo de la nueva década nos vemos pobres, gobernados por mediocres (sea la insoportable levedad del zapaterismo, la desfachatez berlusconiana o el histérico hiperactivismo del marido de Carla Bruni), acosados por una internacional terrorista que no ceja en su empeño nihilista y destructivo (nos vamos a enterar de lo que vale el peine de la utópica seguridad en los aeropuertos) y en plena efervescencia del discurso xenófobo y /o demagógico que lamentablemente sustituye al debate serio y riguroso, única vía capaz de articular un planteamiento común y humanitario ( Europa nunca puede perder de vista que hablamos de seres humanos) sobre flujos migratorios e integración social.
Pero no hay que desesperar, puede que hayamos entendido de una vez que el Mercado es la mejor (única) manera de asignación de recursos, pero que tiene que estar sometido a sistemas de regulación transparentes y eficientes, que las normas están para cumplirlas y no para sortearlas con nuestra proverbial picardía, que la Educación es básica para reconvertir no sólo el modelo productivo sino el cultural y, en fin, que se puede vivir de una manera más calmada, restaurando los elementales principios del aplazamiento de la satisfacción de deseos y la sabia renuncia de los claramente irrealizables, el sentido de la responsabilidad, mesura, y prudencia, imbuirnos de la necesidad de unos comportamientos más austeros…
Los que no sabemos si han aprendido algo son nuestros políticos, cómodamente instalados en sus trincheras de eslóganes y obediencia ciega, y que en el fondo no son más que el fiel reflejo de una ciudadanía más proclive a la adhesión inquebrantable que al contraste de pareceres, más amantes del show business (¿qué puñetas pintan en el FITUR de la crisis todos nuestros políticos, además de hacerse la foto?) que de la reflexión, la duda y el trabajo riguroso. Pero esa sería otra.

viernes, enero 15, 2010

Cuando las derrotas son hermosas

Publicado en "Diario Menorca" el viernes 15 enero

En mis largos años de entrenador juvenil de fútbol me empeñé siempre en que los chicos aprendieran a relativizar las derrotas. Nunca he entendido que el objetivo primordial del deporte sea la victoria y mucho menos y como se dice ahora, “a cualquier precio” o para “pasar a la historia” con triunfos logrados a base de racanería táctica o artimañas antideportivas. No sé si mis pupilos me entendieron cabalmente, pero esa filosofía fue la que me hizo disfrutar anoche del fútbol como pocas veces lo había hecho, a pesar de que mi equipo fuera eliminado de la competición en la que defendía el título.
Mi mujer, que siempre está a mi lado en los momentos difíciles (y por tanto, también en los del Barça), no daba crédito a mi cara de felicidad al terminar el partido. “Pero… ¿No hemos perdido?”, me preguntaba. “Sí y no”, contesté sin perder un ápice de mi sonrisa. Y es que el espectáculo fue de tal magnitud, el fútbol desplegado por el equipo de Guardiola tan exquisito, que el resultado, el insuficiente triunfo, se convertía en anecdótico, completamente secundario. Como decía un Maldini (el erudito comentarista de Canal +) con expresión aún incrédula tras lo presenciado, “nunca he visto jugar así al fútbol”. Yo tampoco había visto jamás combinar un balón en los pies con tanta maestría, precisión y belleza como ha conseguido este Barça de Guardiola, un entrenador que sabe ganar sin jactancia y perder sin excesiva melancolía, tomándolo como lo que es, un puro lance del juego.
Tripletes y “sextetes” entran en la historia (seamos realistas, dejémonos ya de grandilocuentes “historias” y hablemos con más propiedad de “estadísticas deportivas”), pero lo que al aficionado de verdad – no al hooligan- le queda en la memoria son las cabriolas de Di Stéfano, las galopadas de Gento, los taconazos de Kubala, los recortes de Maradona, los cambios de ritmo de Cruyff, la excelencia táctica del Milán de Arrigo Sacci y, sobre todo, por la difusión global, esa maravilla de fútbol posicional con la guinda extraterrestre de Leo Messi que es el fútbol del Barça. Gracias por todo, incluido lo de ayer, Pep.

sábado, enero 09, 2010

Equidistantes del mundo, uníos

Publicado en "Diario Menorca" el sábado 9 enero

Los internautas que frecuentan mi blog, accesible a través de la edición digital de Es Diari, han pasado de llamarme “progre relativista” y otras lindezas, a acusarme de equidistante y, aunque ellos le dan connotaciones peyorativas (vamos que no quiero ver dónde está verdad y dónde la mentira, lo bueno y lo malo, moros y cristianos, asuntos que ellos dominan a la perfección) y yo me lo tomo como casi como un elogio. Y digo “casi” porque no sé si es una virtud o un defecto, si los dubitativos crónicos somos necesarios o perniciosos, aunque a mí lo de la equidistancia me suene bien, y para tratar de discernirlo me dispongo a reflexionar sobre ello.
La fisiología, en primer lugar (genética, serotonina, etcétera), condiciona mucho. Según mi amigo Manolo Elices y otros científicos de fuste, el concepto de libre albedrío es cada vez más cuestionable. Decía Cioran, más o menos, cito de memoria, que creía en la libertad mientras el cuerpo no le llamara al orden (¿qué libertad tiene el postrado?). Y es que cada uno tiene sus condicionantes, su circunstancia. Así, uno nunca fue alto ni bajo, guapo ni horrendo (ni siquiera ahora soy completamente calvo: basta fijarse un poco para detectar un buen número de espículas pilosas pugnando por emerger), ni buen estudiante ni una calamidad (un profesor de historia me espetó un día que “era un burro con notable”), de joven me hubiera gustado trasnochar pero a esas horas siempre tuve sueño…
Luego, de mayor, seguí oficiando de equidistante metódico. Siendo de natural apacible puedo llegar a morder si me hacen comer fuera de mi horario habitual y, aunque salgo a cenar con matrimonios amigos, me suelo retirar siempre al tercer chiste alegando la insoportable soledad de mis perros en casa (la maldita somnolencia de nuevo). En fin, me gustan horrores unos vinos en compañía pero no me encuentro a gusto en un ambiente beodo con su repetitiva y cansina cháchara. Soy fanático del fútbol pero jamás vocifero ni insulto. Contento por los seis títulos conseguidos por mi equipo, este año he pedido a los Reyes sólo uno (especial, eso sí, me gustaría ganarlo en Madrit).
En mi forma de ver el mundo-que es lo que suele picar a mis debeladores cibernéticos-, también soy un equidistante de tomo y lomo. Primero fui de derechas por imperativo familiar y luego, por reacción y por lo que pude constatar en los duros tiempos de la universidad de los sesenta del pasado siglo (¡Uff!), me hice izquierdista sin crueldad y ahora- siguiendo en eso a Savater- sólo aspiro a ser un conservador sin vileza que ama las ideas que persuaden pero detesta las creencias que imponen, que no está por el igualitarismo pero sí por la igualdad de oportunidades…
Dudo constantemente (mi primer libro, a principios de los noventa, se llamó premonitoriamente “25 años de dudas” y el último, a punto de aparecer, “Inventario de perplejidades”), y puedo decir tranquila y equidistantemente que el actual gobierno me parece de una inconsistencia y frivolidad inquietantes pero también que me alarma sobremanera el anarquismo de derechas que practica la oposición desde que perdiera el poder. Creo en el libre mercado pero no en el libérrimo, causante principal de la actual y desoladora crisis. Soy partidario de la sanidad pública pero también del copago. Estoy a favor de la neutralidad religiosa del Estado (laicidad) y, por tanto, la ausencia de símbolos religiosos en la escuela pública, pero también me parece inexcusable que los jóvenes conozcan exhaustivamente la historia de las religiones así como las raíces ilustradas de Europa.
Como menorquín, abogo decididamente por el turismo pero me aterran tanto los fervorines indiscriminados por “crear riqueza” por parte de algunos asilvestrados, con la posibilidad una isla surcada por autovías y un litoral de hormigonera y all inclusive, como las exageradas y absurdas trabas y restricciones a campos de golf, puertos deportivos, mantenimiento de playas y, en general a cualquier tipo de iniciativa empresarial. Alérgico a dioses y patrias, no logro entender ni las pulsiones nacionalistas del destino manifiesto de los vaporosos Païssos, pero tampoco las de la única e indivisible (¿sagrada?) patria española. Deploro algunas exageraciones en el fomento de nuestra lengua catalana, pero aún comprendo menos ciertas fobias anticatalanistas, omnipresentes en nuestros medios y en partidos políticos de piñón fijo.
En fin, y cosas así, ni chicha ni limonada, que me hacen ser objeto de befa y escarnio por parte de los que dudan jamás, y que hacen de uno una calamidad para taxonomistas profesionales de profundas, arraigadas e inconmovibles convicciones, a quienes les gusta encasillar sin demasiados matices. Bueno-malo, verdad-mentira, etcétera. No sé si me he aclarado. Quizá sí, quizá no. Si por ahí hay algún otro equidistante que lo diga, me siento solo en el ciberespacio. Puede ser el comienzo de una bonita amistad.

lunes, enero 04, 2010

Décadas

Dejamos atrás una década nada prodigiosa tras haber pasado de un estado de euforia que creíamos perpetua a un estupor cósmico que tardará en disiparse. Nos creímos los reyes del mambo, adoramos el becerro de oro del discurso meramente economicista, quien más quien menos se hipotecó hasta las cejas para comprarse casas o cruceros alrededor del mundo, convertimos el sexo en una permanente olimpiada de hazañas atléticas y a la cultura e ilustración en kleenex usados, para pasarnos con armas y bagajes al imperio del entretenimiento univesal.
Ahora nos vemos pobres, gobernados por mediocres, frustrados por nuestras limitaciones atléticas y encima acosados por una internacional terrorista que no ceja en su empeño nihilista y destructivo. Nos vamos a enterar en los aeropuertos de lo que vale el peine de la seguridad. Pero no desesperemos, puede que hayamos entendido que el Mercado es la mejor manera de asignación de recursos, pero que tiene que estar sometido a sistemas de regulación eficientes y transparentes, que la Educación es básica para reconvertir el modelo productivo y que se puede vivir de otra manera más calmada, restaurando el principio del aplazamiento de deseos, el sentido de la responsabilidad, la prudencia, cierta austeridad elemental... En fin, son temas para la nueva década.

sábado, diciembre 26, 2009

Dietario navideño

publicado en "Diario menorca" el sábado 26 Diciembre

17-XII-09
Hijo y nuera se van de tournée navideña familiar y esta vez me siento más intranquilo que de costumbre. ¿La carretera, la nieve? Nada nuevo en estas fechas. Lo he vivido durante décadas cuando éramos nosotros los que nos desplazábamos. ¿Cuál es la novedad que me tiene en un sin vivir? ¡Es la abuelez, estúpido!, me digo. Y es que esta vez también se va Inés, mi embrionaria nieta, y la preocupación es triple, ¡triplísima!, la primera sensación navideña del año…
O quizá fue el otro día en una comida familiar, siempre la familia en estas fechas, cuando debatíamos algo relacionado con las tareas domésticas y, mi mujer, al quite, trataba de defenderme.
-Pues P. ayuda mucho-apuntaba ella, mientras este lletraferit ponía mentalmente el verbo en cursiva.
-Pues sí-enfaticé en plan kamikaze-, me encargo de esto, de aquello y de lo de más allá-a estas alturas de mi perorata ya había cerrado los ojos sabiendo lo que se me venía encima (hablar de ayudar en casa en presencia de una mujer reivindicativa es decididamente suicida).
-Esta es la gran diferencia-intervino por fin Ella sin pestañear-, los hombres podéis enumerar lo que hacéis en casa. Nosotras, ni sabemos.
La dulce Navidad, la apoteosis de los valores familiares, ya estaba ahí.

19-XII-09
Pero Navidad es también amor, alegría, emoción, nostalgia. Para el carro, hombre, la nostalgia es un error. Porque antes siempre trasteábamos, impotentes y frustrados, tras la grupa del equipo del Régimen. Ahora no hacemos sino ganar. Hoy de nuevo el Barça me ofrece un gran regalo navideño. Y se me pasa el rigor mortis en que me tenía sumido la gripe y el gol del Estudiantes de la Plata para dar paso al calorcillo hogareño propio de estas fiestas tan entrañables, etcétera. ¡La vida es bella! (sin necesidad de James Stewart),...pero efímera: pediré a los Reyes Magos una cura de desintoxicación de triunfos futbolísticos para aceptar de buen grado lo que tenga que venir. Porque el Maligno, encarnado en un portugués chulapón que parece salido de un chotis, acecha.

20-XII-09
Ni toros ni gaitas (gallegas): la unidad es España está garantizada por la Liga de fútbol. En lugar de consultas más o menos folklóricas, que se pregunten los catalanes en qué competición jugaría el Barça en el caso de una eventual secesión. ¿Qué sería del alma culé sin la visita anual al Bernabéu?, ¿qué sería de nosotros sin la posibilidad de expiar nuestras frustraciones en el Templo del Mal?
De todas formas, y volviendo a los toros: ¿Ha pensado alguien en la posibilidad de salvar lo mejor de la fiesta nacional suprimiendo la sangre?

21-XII-09
Volvamos al epicentro, a la familia, y su consustancial carácter ambivalente que destaca Pascal Bruckner en su último ensayo (“Le paradoxe amorourex” Edit Grasset. Paris): a la vez refugio y calabozo, la alegría de sentirse querido y protegido y la desazón de presentir la amenaza de las peores abominaciones. ¡Ay ese amor familiar tan entrañable y que tantas veces termina abruptamente cuando el notario lee el testamento…! Pero no seamos agoreros y brindemos por lo mejor de todo ello.

22-XII-09
La Lotería y sus epifenómenos, otro signo inequívoco de la unidad patria: hoy no hay tertulias-excepto en Catalunya Radio, hélas-, sólo el sonsonete de san Ildefonso y luego, a llegar a casa, el consabido regadío con cava. Melancolía por el viaje planeado y ya perdido (¿New York, quizás?: a partir de determinadas edades sólo hay que releer…)

23-XII-09
Mañana es Nochebuena y debo transmitir buenas vibraciones. ¿Qué decir que no sea empalagoso tópico? ¿Qué postal escribir? Como casi siempre, acudo a los libros. Por ejemplo no encuentro mejor mensaje navideño que el que transmite Nelson Mandela, el artífice del moderno e integrador Estado sudafricano a través de su vida, novelada por el periodista John Carlin (“El factor humano” Galaxia Gutemberg): Tratar de ponerse siempre en el lugar del otro, quitarse el rencor de encima como quien limpia una huella en el espejo (la antesala ineludible del perdón), buscar la empatía de las pequeñas cosas para construir otras más grandes. Ese es el legado de Mandela y, al mismo tiempo, la postal navideña del dietarista.
Bueno si les queda un hueco en la biblioteca déjenlo para un libro de próxima aparición. Se titula “Inventario de perplejidades” y lo escribe un viejo amigo de ustedes que lleva más de cuarenta años importunándoles con sus cosas en estas páginas y que no es nadie sin su calor. De hecho es un friolero nato. Bones Festes a tothom.

domingo, diciembre 20, 2009

Cura de desintoxicación

Bueno, ya está. El Barça lo hizo de nuevo. Completamente al revés que en casi toda mi vida en que el sino era perder perder y volver a perder, y ver siempre la grupa del equipo del No-Do. Ahora gana, gana y gana incluso cuando uno ya ha arrojado la toalla y estaba ya con el paño de lágrimas en la mano. Muy bien, el año ha sido colosal, único, irrepetible, pero ¿Ahora qué?
Porque habrá que empezar a perder algo digo yo, máxime cuando vemos crecer implacablemente al Poder Blanco. ¿Y cómo se va a metabolizar eso después de tanto éxtasis victorioso? Los culés necesitamos urgentemente un centro de deshabituación al éxito. Y seguro que los hay : jamás hubiera sospechado que los hubiera para adictos al sexo (¿Cómo íbamos a pensar los hijos del franquismo que una actividad tan deseada como mitificada pudiera llegar a causar adicción?), y seguro que los hay para el éxito futbolístico. Si los madridistas hubieran recurrido a ellos ahora no sufrirían de ansiedad.